UN PASO HACIA LA LIBERTAD

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—Jimin abrirá un desfile de modas en París. La marca Dior nos pidió que tú seas el modelo principal... ¿qué dices?

Jimin se quedó en silencio unos segundos. Sus dedos se entrelazaron nerviosamente.

—Pero... mis padres tienen que firmar para que yo pueda ir. No creo que ellos me dejen... soy menor de edad.

Kang soltó una pequeña risa amarga.

—Eso no es problema. Dándoles un poco de dinero, ellos venden hasta su alma. Déjamelo a mí. Lo que no entiendo es por qué sigues dándoles tu plata a esos vagos de mierda.

Jimin bajó la mirada.

—Porque debo hacerlo... Kang, mejor búscate a otro modelo.

Kang negó de inmediato.

—¿Por qué, Jimin? Es una excelente oportunidad. No la puedes perder.

Jimin respiró profundo, intentando controlar el nudo que se formaba en su garganta.

—Es que... no puedo. No puedo dejar a mi hermanita con mi madre.

Kang frunció el ceño.

—Jimin, hagamos algo. Yo hablaré con esa señora... porque madre no lo creo. Haré que firme la salida tuya y de tu hermana. Allá le buscaremos una niñera para que la cuide mientras tú estás en la pasarela. ¿Qué dices?

Los ojos de Jimin se iluminaron de inmediato.

—¿En serio harías eso por mí, Kang?

Kang sonrió con ternura.

—Haría eso y más. Sabes que te tengo mucho cariño.

—Gracias... gracias...

Jimin lo abrazó con tanta emoción que Kang no dudó en corresponderle.

Kang era mayor que Jimin por casi ocho años.
Se había enamorado de él desde el primer día que lo vio entrar a la escuela de modelaje.

Por eso lo protegía.

Por eso lo cuidaba.

Y por eso estaba dispuesto a sacarlo de las garras de esa familia.

Horas después

Kang llegó a la casa de la familia de Jimin.

La puerta estaba entreabierta y el olor a alcohol salía desde dentro.

Tocó una vez.

—Señora Park... he traído un nuevo contrato que los beneficiará.

La mujer apareció en la sala, despeinada y con una copa en la mano.

—Ah, ¿sí? ¿Y de qué se trata?

Kang sacó unos documentos de su carpeta.

—Debe firmar estos papeles. Es una autorización para un evento de modelaje que se hará fuera del país. Pero no se preocupe... le pagaremos muy bien si los firma.

Los ojos de la mujer brillaron.

—¿De cuánto estamos hablando?

Kang señaló el documento.

—Mire... aquí está la cantidad.

La mujer abrió los ojos con avaricia.

—Ohhh... ¿en serio? ¿Solo por firmar?

—Sí, claro. Firme... no se va a arrepentir.

—Eso espero.

Sin pensarlo demasiado, tomó un bolígrafo y firmó,Ni siquiera leyó el documento, Kang observó cada movimiento con calma.

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