UNA NOCHE QUE LES PERTENECIA

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La noche había sido intensa... cargada de deseo, sí, pero sobre todo de amor.

Un amor que sobrevivió más de diez años.

A la distancia.

Al silencio.

A la espera.

Ambos se habían guardado el uno para el otro.

Incluso Jungkook.

Nunca quiso tocar a nadie más... porque, en el fondo, siempre supo que solo sería Jimin.

El frío de la madrugada se colaba por la ventana, haciendo que Jungkook despertara lentamente.

Pero no fue eso lo que realmente lo hizo abrir los ojos.

Fue la sensación.

El calor.

El pequeño y suave cuerpo de Jimin aferrado al suyo.

Sus brazos rodeándolo con confianza... como si nunca quisiera soltarlo.

Jungkook lo miró en silencio.

Una lágrima escapó sin que pudiera evitarlo.

Lo abrazó con más fuerza... y comenzó a llenarlo de besos suaves.

—Mmm... —Jimin se removió ligeramente—. Qué lindo despertar así... buenos días, Kookie.

La sonrisa de Jungkook fue inmediata.

—Buenos días, mi pequeño... ¿cómo estás? ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?

Jimin negó suavemente, aún con los ojos medio cerrados.

—Me siento muy feliz... Kookie... por fin pude ser tuyo. No sabes cuántas veces soñé esto... me haces muy feliz.

Jungkook lo observó con una ternura profunda.

—Yo también lo soñé... muchas veces.

Jimin entreabrió los ojos.

—¿Sí?

Jungkook soltó una pequeña risa traviesa.

—Sí... incluso soñaba contigo de formas que te harían sonrojar.

—¡Kookie! —protestó Jimin, escondiendo el rostro en la almohada.

Jungkook se acomodó sobre él con cuidado, sin lastimarlo, sosteniéndose con los brazos a cada lado de su cuerpo.

Luego comenzó a besarlo.

Lento.

Suave.

Como si aún quisiera memorizar cada parte de él.

—Soñaba que venías a mí... en las mañanas —susurró cerca de sus labios—. Que te metías en mi cama... justo así.

Jimin dejó escapar un suspiro tembloroso.

—K-Kookie...

—Y que te quedabas aquí... conmigo... —continuó, rozando su mejilla con los labios—. Que no tenía que imaginarte más... porque por fin eras real.

Jimin cerró los ojos, dejándose envolver por su voz.

—Siempre fuiste tú... —murmuró Jungkook—. En cada sueño... en cada deseo... siempre eras tú.

Jimin abrió los ojos y lo miró directamente.

No había vergüenza esta vez.

Solo emoción.

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