TERCERA NOCHE
Era mediodía... pero el cielo no lo parecía.
El sol apenas se asomaba cuando, a lo lejos, la luna comenzó a cubrirlo. No era una luna cualquiera. Era roja... intensa... como si estuviera hecha de sangre.
La leyenda era real.
Quienes alzaban la mirada sentían el miedo clavarse en el pecho. Sabían que algo grande estaba ocurriendo... algo antiguo... algo que no debía despertar.
El heredero de la luna.
En el bosque, una luz apareció.
No era suave. Era cegadora.
Una energía blanca, pura, envolvió la cabaña, obligando a todo ser vivo a retroceder. Nadie podía mirarla directamente sin sentir que los ojos le ardían.
Dentro, Jimin flotaba.
Su cuerpo fue envuelto por esa luz dorada brillante... pero a medida que la luna roja avanzaba sobre el sol, algo cambió.
La luz... se tornó roja.
Sus ojos se abrieron.
De ellos brotaba un fuego tenue, mezclado con destellos que no parecían de este mundo. Su cuerpo se tensaba, se arqueaba, como si algo inmenso lo estuviera atravesando.
El tigre que lo custodiaba se acercó y, con una fuerza delicada, lo arrastró hacia la salida.
Kang, desde la ventana, observaba sin poder respirar.
Y entonces la vio.
Una silueta.-Una mujer.
Su cabello era largo,dorado , brillante como la misma luna. No se distinguía su rostro, pero su presencia era imponente... divina.
Era ella.
La Madre Luna.
Sus brazos rodearon a Jimin, envolviéndolo con una suavidad que contrastaba con el caos del mundo.
Y en ese instante...
La luna cubrió por completo al sol.
El eclipse de sangre comenzó.
La luz explotó. Y luego... silencio.
Jimin descendió lentamente, como si el aire mismo lo sostuviera. Su cuerpo fue depositado sobre la hierba, inconsciente... pero diferente.
Kang no pudo esperar más.
Salió corriendo de la cabaña.
Los tigres estaban ahí, uno a cada lado, vigilantes, protectores, como guardianes de algo sagrado.
Kang se acercó con cuidado y lo levantó.
Y se quedó sin aliento.
Jimin era... otro.
Su cuerpo se sentía ligero, casi etéreo. Su piel, más blanca que antes, brillaba bajo la luz roja de la luna. Su cabello... ahora rojo, intenso, como el cielo sobre ellos. Sus labios... luminosos.
Era hermoso.
Pero también... peligroso.
Kang lo vistió con cuidado, como si temiera romperlo.
Lo sostuvo un momento más entre sus brazos, sintiendo su respiración débil... pero viva.
—Bebé... despierta —susurró, con la voz cargada de emoción—. Es hora de que vuelvas... te están esperando.
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TE ENCONTRARE
RandomEn un orfanato fue dejado un pequeño de 5 años , simplemete porque era una omega, su familia lo rechazo madre superiora dejaron un pequeño Dios y no tenemos espacio, pero tiene cinco años , no podemos dejarlo afuera esta bien nos ar...
