Cuando despertó todo estaba en movimiento.
¿Donde estaba?
Estaba en otra parte que le costaba reconocer.
—Abre la puerta, Leryda, acabemos con esto.
Encarnación C.R
(5 Meses después de la República)
—Esto hubiese terminado hace mucho, pero ustedes quisieron seguir.
Era..., Marcano y Erlín.
Y esas eran la celdas del cuartel.
Era el día que entregaron a Milla.
Pero eso no era un recuerdo, todo estaba pasando frente a ella.
Erlín tenía mejor aspecto, habían pasado días del primer encuentro con la Federal, pero todavía estaba llena de rencor por lo que había pasado.
Milla al verla se apretujó en una esquina, viendo con terror a la Piel de Hierro.
Benett abrió la puerta, igual que aquel día.
—Vamos, Milla —dijo Esien, desganado.
La mujer salió escoltada por un soldado republicano, dejándolos a los tres en la cueva sofocante.
—Esto salda nuestra deuda —dijo Erlín de manera hostil—. Se nota la decepción en tu cara, tener que defender a una mujer de esa calidad solo porque la quieres.
—Y porque la quiero es que estoy haciendo esto. Pérdida tras pérdida, solo me puedo preguntar si todo esto valió la pena...
El Marcano de aquel entonces lucia igual de mal que el actual. Leryda podía leer la desgracia y la tristeza en su rostro, sus mentores estaban muertos.
Leryda lo tomó por los hombros, sin importarle la mirada o el reproche de su amada.
—Dejemos esto por lo sano, Esien. Tú no eres como Felicia y Milla, tú puedes llevar tu gobierno a mejor puerto..., no matemos a más personas.
Esien no podía sostenerle la mirada.
Erlín intentó apartarla de su ex compañero, pero Leryda no se lo permitió.
—Es muy tarde, Leryda. Ambas partes llegaron a un punto de no retorno. Las pruebas que nos dieron fueron inútiles y... mi comandante no está dispuesta a alargar el plazo —dijo el Federal, a punto de llorar.
—Ustedes mismos asesinaron a sus comandantes, los envenenaron por meses. Y cuando Felicia se quedó sin paciencia, corrompieron a mis hermanos para que terminaran el trabajo. Y todo porque se dieron cuenta de que yo los podía ayudar —increpó Erlín, soltando toda su frustración.
»Anda, ve y dile todo esto a tu gente ¡Toma el control! Llévate por delante a quien haga falta y limpia tu Federación.
—¡Ya basta, Erlín! —exclamó Leryda. Ya había soportado demasiado a la Piel de Hierro.
Erlín prosiguió, intensa, intentando sacar de sus casillas al Federal:
»No tienes agallas para hacerlo, a ti no te escogieron para tomar decisiones, solo para escribir discursos y obedecer como borrego ¿No ves que esa mujer a la que llamas pareja, ve más por Felicia que por sus propios intereses? ¿De verdad crees todo lo que sale de su boca?
El rostro de Esien se tensó, estaba furioso, pero en esa época era mucho mejor disimulándolo:
—Ustedes lo hicieron, ustedes montaron esta farsa de República para acabar con los caudillos..., y estuvieron a punto de matar de Milla en el proceso ¿hubiese sido excelente, cierto?
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Olvidada: La Nación Sin Nombre
Science FictionLa Teniente, una heroína que se debate entre la cordura y el abismo de sus pensamientos, rememorará sus vivencias durante la gran Guerra Civil, un conflicto que acabó con el mandato solido y despiadado de los Caudillos y su Federación forjada en san...
