―... dentro de poco, quería Leryda. Falta poco para que este show político termine y nosotros podamos mostrar la verdad. La realidad de esta actualidad torcida en la que la Junta de Gobierno nos metió, solo probando lo equivocados que estaban. Ya ni siquiera les importa meterse de lleno en el barro con tal de salvar su pellejo...―Marcano hizo una pausa mientras, tembloroso, bebía de una taza. Todo su cuerpo se estremecía de fiebre, como si estuviera en medio de un terremoto―... Leryda, la retribución no es suficiente para quienes traicionan los colores de la bandera, tu lealtad es clave para evitar el mal mayor en nuestra amada tierra, cuando ellos te vean de nuestro lado no lo podrán soportar, todas sus creencias se esfumarán y caerán de rodillas delante de un país que no tendrá temor de juzgarlos, el pueblo será su verdugo.
Para la teniente, acostumbrada ya a los discursos del cada vez más enfermo Marcano, se le hacía fácil obviar las palabras del ex federal, convirtiéndolas en ruido blanco que hacía eco en un lugar profundo de su conciencia. Le era imposible mostrar algún grado de interés en las palabras que salían del descompuesto líder, así que simplemente observaba fijamente cosas que estuvieran en frente de ella como la cámara de la laptop o el relieve de la pared detrás de esta, dejando que su lento y medicado cerebro hiciese el tiempo volar.
―...¿Que piensas de lo que dije, Leryda?―Agradeció a los medicamentos por ayudarla a no sobresaltarse por la repentina pregunta, se había concentrado demasiado en el relieve de la pared, tenía la forma de un conejo.
―Si... está bien, Esien ―Leryda contestó con voz baja. Llevaba hora y media escuchándolo con audífonos, para que nadie que pasará por el pasillo del hotel tuviera oportunidad de escucharlo hablar; por ese entonces, dentro del círculo donde se manejaba, cualquiera reconocía esa voz.
Ya ni siquiera intentaba debatirle o contradecirlo, sin importar lo que hiciera, Marcano siempre pensaría que ella estaba comprometida con las Brujas en un 100%. Quizás era su forma de darle sentido a tener a la Teniente entre sus filas, la esperanza ciega en una lealtad que no existía o eso era lo que Leryda pensaba.
―Llevamos mucho tiempo hablando, no quisiera que la delegación... sospechara, ya sabes― Una forma poco disimulada para pedirle que la dejara en paz.
―Nunca pensaran nada malo de ti, amiga― Leryda miraba con asco como las gotas de sudor corrían hacia abajo por la frente sebosa de Esien iluminadas por la pantalla, rodeando los ojos enrojecidos y desapareciendo en su barba desaliñada―. Conocen lo que pasa en tu mente y tus episodios escapismo.
Tres golpes rápidos en la puerta la hicieron sobresaltarse, incluso creyó ver que Marcano también se asustaba del otro lado de la pantalla.
―Abre la puerta ―le ordenó. Miró hacia él con rostro confundido, pero él miraba hacia el suelo mientras temblaba, parecía decir algo entre dientes.
La persona detrás siguió tocando una y otra vez sin parar. Clara era la intensidad personificada, siempre la describiría de esa forma, entre muchos otros adjetivos.
Entró sin pedir permiso, tapándose la nariz con las manos, y se sentó con cara de pocos amigos sobre la cama, haciéndole señas a la teniente para que cerrara la puerta de una vez. Leryda se dio su tiempo para cerrarla, inhalando todo el aroma del pasillo que sus pulmones le permitieron.
―¡Por fin! No sé cómo dejan prender esa basura dentro de un hotel como este.
En la habitación de enfrente se hospedaba el ministro Augmere, quien, no queriendo dejar pasar por alto sus costumbres, había encendido velas aromáticas del mismo olor dulce del incienso cerca de su puerta, incluso le había ofrecido algunas a Leryda, creyendo firmemente que esta creía en las deidades del cañón. Al no poder quitárselo de encima los aceptó, diciéndole que los encendería luego, sin embargo, no tenía planes de hacerlo.
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Olvidada: La Nación Sin Nombre
Science FictionLa Teniente, una heroína que se debate entre la cordura y el abismo de sus pensamientos, rememorará sus vivencias durante la gran Guerra Civil, un conflicto que acabó con el mandato solido y despiadado de los Caudillos y su Federación forjada en san...
