Capítulo 38: Todos somos Iguales, Solo Nos Diferencian Nuestros Pecados

40 8 24
                                        

Las gotas de lluvia golpeaban con fuerza el techo del camión, ruido que le traía recuerdos de su antigua morada, ahora abandonada. El transporte, más bien, la celda portátil donde la llevaban dejaba entrar el aire fresco por una pequeña reja rectangular en la parte superior, sin embargo, la humedad dentro era comparable con estar en una sauna.

El calor sofocante le indicaba que se encontraban cerca de la tierra del hierro. Sin embargo, no pasarían por las calles angostas y concurridas de las ciudades gemelas, sino que seguirían atravesando el territorio por caminos irregulares hechos clandestinamente por sus ahora camaradas, las Brujas.

Leryda se hallaba recostada contra la esquina de la celda, el movimiento constante le mecía la cabeza de un lado al otro, algo que sería cómico para cualquier espectador, pero esa madrugada nadie estaba para risas e ironías, faltaban horas para que el plan -ese todo o nada organizado por el ex federal con la finalidad barrer todo cuanto fuese república- se colocara en marcha en toda su magnitud.

Desesperación, ese sentimiento que deja a sus enfermos escuálidos y débiles, había mutado en la ahora Capitana, si es que aún podía llevar ese prefijo. Lo que su alma sentía ahora era todo lo contrario al sentir, pues donde antes reinó la preocupación por intentar hacer algo en contra de Marcano, ahora era un vacío extenso, una profunda indiferencia que incluso le permitía dormitar con el rostro lleno de sudor y los cabellos empapados contra el metal frío de aquel transporte.

Era un sueño interrumpido, incómodo y 0% reparador, pero que ella no veía con malos ojos, pues necesitaba energía para lo que vendría, fuese bueno o malo, lo primero que cayese en su plato.

Inclusive había abandonado la tristeza, atribuyéndolo a que, quizás, seguir la corriente a sus captores hubiese sido más tranquilo para su mente. Como ella sabía, si no se tiene escapatoria, nada mejor que alzar los brazos en honorable rendición.

¡Bam!, su cabeza golpeó con fuerza el metal humedecido, una risa y un reproche sonaron lejos en su subconsciente. Tantos golpes en la cabeza le pasarían factura algún día, sino es que ya estaba pagando las consecuencias.

Pese al dolor, no quiso abrir los ojos, quiso poder soñar y marcharse a un lugar mejor, otro donde esa nación no existiera, ni ningún continente, quizás en otro planeta, aunque resultara fantasioso.

...

—¿Deberíamos despertarla?, me preocupa que...

—Catlyn, no le pasará nada.

—Pobrecita, no sé cómo puede estar tan calmada, qué envidia, ojalá ser un poquito como ella. —Clara reprochó con la mirada a la ministra, incapaz de entenderla.

Armstrong se separó de la ministra, quien no dejaba de temblar de pánico. Desde hace un buen rato trataba de ignorar las cosas que salían por su boca, la mayoría impulsadas por el miedo.

Estaba cansada, todo su cuerpo parecía gritar, sobre todo sus piernas que habían hecho la mayoría del trabajo.

8 kilómetros de caminata bajo la lluvia a través de senderos oscuros, con cada centímetro de ropa humedecida y la noción de que la policía los seguía.

Todos resbalaron, cayeron y golpearon al menos una vez, atravesando la penumbra del interminable Valle Capitalino.

Sin más empezar el trayecto, se deshicieron de cualquier elemento electrónico, obligándolos a orientarse únicamente con el camino improvisado que aparecía y se perdía entre las hierbas altas y las rocas con musgo, otro de esos cálculos milimétricos de la mente de Esien Marcano.

Él mismo encabezaba el escape como una suerte de pastor, guiadolos entre los pinos altos como si tuviese un mapa. Conocía muy bien los puntos de referencia: una pequeña cabaña con un corral para ovejas, una roca alta posada sobre el camino lleno de musgo, símbolos pintados a través de la cordillera sobre viejos carteles, eran cosas comunes, pero que convenientemente encajaban en ese camino sin llamar mucho la atención.

Olvidada: La Nación Sin NombreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora