Capítulo 20

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No entendía una mierda de lo que acababa de pasar. Tom me había golpeado directo a la cara. Este no era Tom, no podía ser mi novio.

Después de atizarme tremenda hostia me tomó por el cuello de la camisa y me encaró. Respiraba pesadamente, con los ojos más inexpresivos que nunca he visto en alguien. 

- Qué... carajo... te pasa, Tom - Susurré cerca de su cara y de sus labios.

Hablé muy tranquilamente para no alterarle más. Me empezaba a dar un poco de miedo su semblante, pero quería creer que Tom no me haría más daño.

Él estaba de piedra, viéndome con la mirada perdida, temblando de enojo con la cara roja y gotas de sudor bajando por su frente.

- Lárgate, ¿no me escuchaste? - Susurró molesto mientras me soltaba del cuello y me empujaba lejos de él. Eso me destruyó el corazón por completo. 

- Tenemos que hablar, Tom. ¿Estás bien? tú no eres así... - Algo más tuvo que haber pasado para que reaccionara así, porque para mi su comportamiento no tenía sentido.

Tom nunca me había puesto una mano encima para golpearme, nunca hubo un insulto, ni una intención de lastimarme de ninguna forma, no lo podía creer, o es más, no quería creerlo.

Él no pronunciaba palabra, pero yo necesitaba saber algo.

- ¿Estás terminando conmigo? - Levantó su mirada directo a mis ojos, escrutando en mi rostro y parecía que no me reconocía. Me veía de arriba hacia abajo, como si no supiera quien soy, es más, estaba seguro de que no lo sabía, sino no me hubiera confundido con su padre. Sino no me hubiera golpeado, no me hubiera gritado. No entendía por qué, pero estaba seguro de que algo no estaba bien.

- ¿Sabes quién soy? - Pregunté.

No dijo nada, empezó a alejarse más de mí sin mucho interés por escucharme. Se sentó de nuevo en el sofá y se tomó la cabeza entre las manos.

- Soy Bill... tú novio...

Sarah's Pov

Tenía que llegar lo antes posible a casa de Tom, sabía que no estaba bien y tenía miedo de que le hiciera algo a Bill o se hiciera daño él mismo.

Él aún no sabía nada de los episodios de Tom, no sabría cómo manejar las cosas, incluso, podría agravar su estado si decía o hacía algo que no debía.

Bill era un chico alto y con pocos músculos, a diferencia de Tom, que era un poco más bajo, pero con el cuerpo más marcado. Eso solo me hacía pensar que sería fácil para Tom agredir a Bill y hacerle daño.

Aún así tenía la esperanza de que Bill pudiera calmarle y hacer algo para ayudarle a regresar a sí mismo, sino ahora me sería más difícil a mi hacerlo.

- Aquí está bien, gracias - Le di al conductor del taxi un billete de 50 euros y me bajé corriendo directamente a la entrada del edificio donde vivían.

No esperé el ascensor porque había gente delante de mí esperando el turno, y yo no tenía tiempo para esperar, no podía perder ni una milésima de segundo.

Subí las escaleras de dos en dos, impulsándome de la barandilla de madera que estaba pegada a la pared de block.

- Ya voy, Bill, espera un poco... - Repetía en voz alta para darme ánimo de seguir.

Por fin llegué al piso de los chicos y sin pensarlo me entrometí en el apartamento, empujando la puerta sin detenerme ni siquiera a golpearla.

- Bill... Tom - Dije en voz alta.

Ambos estaban ahí, pero no como yo esperaba. Mis vagas esperanzas de que Bill hubiera podido contener a Tom estaban por el suelo.

Bill lloraba en la mesa del comedor, con la mejilla roja, ardiendo por una hostia que, seguramente, Tom le había dado.

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