Vacío.

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-Hm?

La luz del Sol interrumpió mi torturante sueño... No sabía si agradecer o maldecir.

- Aquí vamos otra vez.

Murmuré para mi mismo. Era otro estúpido día en la estúpida vida de un estúpido adolescente.

- Nunca lo habría pensado mejor.

Me volvía dirigir a mí mientras me levantaba del lecho al que llamaba cama y me dirigía al baño, con ese monstruo con el que despierta cada hombre a diario.

Luego de resolver mis dilemas en el baño, en lo que a higiene personal se refiere, me dirigí a la cocina.

- "¿Y que vas a querer para desayunar cielo?" Lo mismo de siempre, mamá.

Solté esas palabras compuestas por sarcasmo e ironía al aire. Mamá trabajaba como siempre desde temprano y la abuela dormía.

Saqué mi pan tostado de la sartén, me lo comí y luego me puse mi uniforme a toda prisa, eran ya las 8:16 am y llegaba súper tarde a la escuela.

- Sip, otro día normal.

Asistir a la escuela era para mi uno de los métodos de tortura más grandes y dolorosos. 8 horas del día oyendo a los profesores contarse chismes y quejarse del salario en lugar de dar contenidos, los cuales aunque se impartieran, eran demasiado desactualizados para la enseñanza de jóvenes a los cuales muy poco les importaba saber cómo surgió la vida en el planeta o como diantres se hallaba el volúmen de un círculo.

Una vez fuera de ahí solo iba a mi "hogar" Con el confort de las risas que me sacaban algunas personas en la escuela. Y con todas las ganas del mundo de estar en casa, solamente llegaba, agarraba lo necesario para comprar el pan nuestro de cada día y lo unía con los útiles del gimnasio, entonces no sabía más de casa hasta las 8 pm. Solo me esfumaba en el gimnasio, ahogándome en mis pensamientos de que pude haber hecho y que no para evitar tantas cosas estúpidas en mi vida, que fueron producidas por mi inmadurez y tonterías, y de las cuales me arrepiento cada vez que el aire entra o sale de mis pulmones.

Pues así, dejando que esos pensamientos nublaran mi mente y sentidos, incluyendo el dolor, llevaba mi cuerpo al límite hasta que por naturaleza mis músculos no reaccionaban llegados a un punto en el que el esfuerzo era demasiado.

Salía del gimnasio a las 7 pm, pero, mi casa era mi infierno, así que no existían las ganas de volver, hasta que después de una hora deambulando por la ciudad, entre sus calles frías y solitarias y sus oscuros callejones, llegaba la hora de encarar al monstruo.

Una vez en casa, nos recibe el mismo escenario, mamá en casa, molesta y preocupada conmigo, además de estar estresada con mi hermana menor.

Mi abuela simplemente tomándose un descanso de luchar contra la bestia salvaje que mi hermana menor representaba.

(No es sarcasmo, mi hermana era insoportable y un mal que incluso el ser más oscuro temería, cuidarla por más de 8 horas era un trabajo de gladiador, justo lo que mimaw era.)

Luego de mi llegada triunfal, me esperaba un baño. Más tiempo para deliberar sobre mis malas acciones llevadas a cabo y torturarme a mi mismo con pensamientos hirientes dirigidos a mi, los cuales no detengo, por qué se que los merezco, tal como un criminal que camina cabizbajo a la horca sin resistencia pues sabe que lo merece.

Tras ese trance de agua fría, me esperaba mi calida cena, hecha por las sagradas manos de mi abuela, y como si viviera en un círculo vicioso, entraba mi padrastro tropezando debido a la pérdida de sentidos que le causaba el alcohol. ¡Bingo! Otra raya al tigre, más estrés para mamá.

Después de terminar la comida y lavar todo lo sucio en el lavadero, me disponía a ver algo de tele con mi abuela, pero por una razón u otra terminaba en mi celular... Ah si, la programación era una basura, pero a la abuela la entretenía.

Como si fuera un capítulo en repetición, lo típico de la hora, nos cortaban el fluido eléctrico. Y luego de salir para tomar algo de aire de la noche, mamá comenzaba a destilar su ira por los poros y yo, su creación favorita, era el blanco de sus descargas de estrés, a lo que yo solo respondía con calma y silencio, ya estaba acostumbrado.

Más adelante en la noche, aún sin fluido, todos dormían y yo, robaba los cigarrillos de mi padrastro y subía a la azotea con ellos y un mechero.

Encendía uno y era como abrir la puerta nuevamente a esas malditas agujas del pensamiento que se clavaban en mi cerebro sin anestesia recalcando la culpa que me había auto impuesto por caer del cielo al 9no infierno en solo 4 días.

Al segundo pensaba en que ahora era una carga para la casa nuevamente al haber vuelto y que por menos que me relacionara estaría bien. Nunca había sido muy cercano a mi familia, pero el hecho de no tenerlos me hizo acostumbrarme a la soledad y que mi mente dijera que no son necesarios, ya nadie lo era.

Al tercero solo sentía ganas de terminar con todos los pensamientos que tenía y levantarme, caminar hacia el borde de la azotea e inclinarme un poco. En el cielo en el que antes estaba ese no era un pensamiento que desapareciera de mi cabeza y más que un pensamiento, la soledad lo convertía en ganas de cumplirse.

Ya sin cigarrillos, bajaba a la casa y me acostaba... Ni siquiera en sueños podía estar tranquilo. Escenarios de recuerdo, personas que no debían conocerse y situaciones agobiantes constituían mis sueños... Hasta que, una molestia en los ojos me sacaba de mi mente. Otra vez el Sol. Supongo que inicia de nuevo el calvario.

Nuevamente en la cocina, me invaden las ganas de fumarme un cigarrillo luego del café matutino, sin embargo me sentí frente a un espejo al ver a unos escasos metros de mí, la oscuridad del Fondo de la caja de cigarrillos vacía, recordándome justo el color y la cantidad de emociones que habían estado visitándome anteriormente, osea, solamente y sin compañías, ese vacío oscuro y negro que creí sería permanente... Y aún lo creo.

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