Berserk.

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Las puestas de Sol ya no son lo que solían ser...

He pasado por mucho ya. Nací con dificultad y portento para ser grande, pero la tierra no alimentó esas aspiraciones. Crecí fuerte, alimentado y nutrido del néctar que buscaba para aumentar mi saber, lleno de elogios y maravillas, solo...

Sin más, un día fui arrancado del lugar que me hizo ser quien soy, el lugar dónde a mi mismo me enseñé a sonreír, a llorar, a compartir, a extrañar, a sentir, a amar...

Llegué a una nueva tierra, solo, aunque eso ya no me afectaba. Cargaba con el pesar de ser removido sin permiso ni perdón de mi hogar, y luego fui arrojado en una tierra repleta de serpientes viperinas disfrazadas de personas; todos individualistas, tontos ególatras, todos llenos de seguridad en si mismos sin margen para la prueba y error... Todos estúpidos.

Me acostumbré, pero hasta la fecha, no me adapto a este lugar.

Familia? Son vínculos sanguíneos, hechos en escala del 10% apoyar, 75% cobrar su apoyo, 5% preocuparse, 10% reprochar.

Seguí viviendo, seguí creciendo, me seguí acostumbrando, y justo cuando casi me adapto *Bum* Nos movemos de nuevo. Y es que ¿Por qué no?

Esta vez el salto no fue muy largo. El lugar fue cercano al anterior sin embargo las personas fueron peores, comparables con halcones, arpías y aves de rapiña se juntaron a mi alrededor... No estaba listo, seguía solo.

En todo esto, hubo un punto de inflexión, quise hacerme de compañía por mi asfixiante soledad. Los métodos no fueron los mejores y en cuanto a los resultados... Creo que peores no pudo haber.

Quedé destruido emocionalmente, cortesía de la hermosa sociedad en que vivo, y justo entonces me hundí en mí.

Decidí conversar con el perro rabioso que se había formado desde mis entrañas y amenazaba con apoderarse de mi conciencia si me descuidaba.

Él y yo concordamos en algo: Quedamos en que la vida nos había dado la espalda desde hacía mucho tiempo, entonces la única opción que quedaba era luchar contra todos los obstáculos que enviara, juntos, mi odio y yo.

Y así, emprendí un viaje nuevamente, una nueva etapa de mi vida, un nuevo terreno. Éramos yo y mi odio, y a pesar de que no estaba solo con mi odio susurrándome al oído... Jamás en mi vida había sido tan juzgado, rechazado, marginado y asolado como en esa saga de mi vida.

Cada tarde era la premisa de una noche de lucha interna. Combatía contra los demonios de la molestia, el sueño, la ira, la frustración y todos ellos juntos, además de por supuesto, el odio que más que a tu favor, siempre va a jugarte en contra.

Terminé dejándome llevar a ciegas por mi odio... Y perdí la lucha más importante de mi vida hasta ahora.

Fracasé. Me hundí. Perdí la fuerza para volver a alzar mi arma en contra de las adversidades que me enviaba la vida.

Cedí.

Esperé una luz que iluminara mi nuevo camino.

Nunca llegó.

Nuevamente estaba solo.

Y luego, una parte de mi que no conocía se me acercó. Se quitó un cigarro de la boca, limpió la rabia que se alojó en mi pecho como si me sacudiera el polvo, apagó su cigarro en la pared y me dijo:

X- Las caídas ocurren, te endurecen, te moldean, te preparan y te enseñan, pero además de eso, no cuentan tanto como las veces en las que te levantas, en esas veces que decides volver a mostrar tu rostro sin miedo a ser lastimado.

-Se tomó una pausa-

X- Eres una persona excelente, no dejas que cambie tu raíz por más agua o viento que haya en tu vida. Eso es lo que te define. Así que ponte de pie, esta vez con más experiencia que la anterior y la próxima en la que caigas volverás a levantarte con aún más experiencia que esta.

Luego de darme aliento de vida, se fundió con mi odio y juntos se unieron a mí. Estaba solo, pero esta vez fue cálido, fue renovador.

Seguí mi vida apuntando alto, confiando, cayendo, pero levantándome mejor que antes, más rápido. Construí la mejor versión de mí desde los trozos y ecos de una vida llena de fallos dejada atrás. Me dí alas para volar hacia un lugar donde encontrara la paz, llegando a lugares y personas que me ofrecieron un albergue momentáneo.

Me convertí gracias a mí y a mis encuentros con el mal social, en una persona sabia que no se deja llevar por instigaciones ni faltas, sino que busca la felicidad, la paz y la vida por sobre todo. No perdí mi rabia, solo la dejé de usar, no me volví un Dios, todos tenemos errores y faltas, no somos perfectos.

Pero en cada atardecer estoy más que preparado para la lucha interna que me espera...

Y como ya hace muchas noches...

Sé que voy a ganar.

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