Carolina, una niña de 16 años que entra en un internado junto a su pequeña sobrina, la hija de su prima mayor, por varios temas fue que se tuvieron que ir a el internado Torres para estar mas seguros, pero al parecer no todo fue como creían, en el i...
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Carol:
Hoy fue nuestro quinto día en el internado. Todavía estamos adaptándonos a la rutina y conociendo a las otras personas aquí. Después de las clases, como cada miércoles, planeé pasar la tarde con mi pequeña sobrina Anna en el pabellón de juegos del internado. Anna se emociona cada vez que le digo que iremos allí, y yo también, porque adoro verla feliz.
Llegamos al pabellón bajo el cálido sol de la tarde. Anna corría por todas partes mientras yo la seguía con una sonrisa en el rostro. Estábamos en medio de un juego de cuerda cuando de repente, como si estuvieran esperando, aparecieron Apolo, Ángel, Ares y Zeus. Desde el primer día, esos chicos han encontrado maneras de molestar y hoy no fue la excepción.
Apolo, con su sonrisa burlona, se acercó y dijo.
- Qué hacen dos niñitas aquí solas? Deberían estar jugando con muñecas.
Anna, asustada, se agarró fuerte a mi brazo.
- No es asunto tuyo lo que hacemos- le contesté, intentando mantener mi voz firme aunque me sentía molesta.
Ángel, el más presumido del grupo, rió y dijo.
-Oh, miren, parece que las niñitas tienen coraje.
Antes de que pudieran seguir molestándonos, apareció mi mejor amiga Vicky. Vicky y yo somos inseparables desde que tenemos memoria, y siempre ha estado ahí para defenderme cuando lo necesito. Hoy no fue la excepción. Se acercó con paso decidido y lanzó una mirada desafiante a los chicos.
- ¿Qué creen que están haciendo?- dijo Vicky con su tono seguro.- Déjenlas en paz y vayan a molestar a otro lado.
Apolo intentó mantener su postura, pero Vicky no se dejó intimidar.
- Por cierto Ángel, ¿no te enseñaron a subirte los pantalones? Pareces un payaso desfilando los calzoncillos, aunque claro si es tu estilo ir desfilandolos por los pasillos es un punto a nuestro favor, un punto mas para hacerte ver que no sois mas que unos niñatos mal criados con falta de atencion de papi y mami, que lo solucionan todo de la misma manera- dijo con una sonrisa irónica.
Los chicos, avergonzados, rieron nerviosamente y comenzaron a alejarse, murmurando entre ellos. Vicky se quedó con nosotras y la tensión en el aire se disipó inmediatamente. Nos sentamos en el césped y Vicky, siempre buena para contar historias, nos hizo reír con sus anécdotas divertidas.
- Gracias por aparecer justo a tiempo, Vicky- le dije cuando los chicos ya se habían ido- No sé qué habría hecho sin ti.
- Para eso están las mejores amigas- respondió con una sonrisa cálida- Siempre estaré aquí para ti, Carol.
La tarde pasó rápidamente entre risas y juegos. Anna estaba feliz de tener a Vicky con nosotras, y yo me sentía agradecida por tener una amiga tan increíble. Cuando el sol empezó a ponerse, decidimos que era hora de regresar al internado. Caminamos juntas, Anna tomada de mi mano y Vicky a nuestro lado, charlando sobre cualquier cosa que se nos ocurriera.Al llegar al internado, fuimos al comedor para cenar. Las cenas aquí son bastante decentes, aunque echo de menos la comida casera. Después de la cena, fui a arropar a Anna en su cama antes de que se durmiera.