Carolina, una niña de 16 años que entra en un internado junto a su pequeña sobrina, la hija de su prima mayor, por varios temas fue que se tuvieron que ir a el internado Torres para estar mas seguros, pero al parecer no todo fue como creían, en el i...
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Carol:
El día de la fiesta llegó cargado de expectativas. Todos habíamos estado hablando de ella durante la última semana, compartiendo susurros y planes entre clases y en los pasillos del internado. Sabíamos que sería una de esas noches memorables, y el hecho de que los profesores no tuvieran ni idea de lo que estaba por suceder añadía un nivel extra de adrenalina. El sábado 12 de octubre, la fiesta de pretemporada comenzaría a las 23:00 en el salón de actos del internado, pero la emoción ya se sentía en el aire desde temprano.
A lo largo del día, intentamos mantenernos ocupados para no levantar sospechas. Pasamos la tarde en la biblioteca, fingiendo que estudiábamos para los exámenes que se aproximaban, pero en realidad, nuestras mentes estaban muy lejos de los libros. A cada rato, nos intercambiábamos miradas cómplices, hablando en susurros sobre la noche que nos esperaba. Mar y Julia compartían detalles sobre sus atuendos mientras que Mike y Paul hablaban sobre la música que probablemente sonarían. Yo, por mi parte, estaba más centrada en el tema de la chaqueta.
El código no oficial de la fiesta era que los jugadores de baloncesto y fútbol llevaríamos las chaquetas del equipo. Los únicos del grupo que las llevábamos éramos Paul, Mateo y yo por el baloncesto, y José por el fútbol. Era algo simbólico, una especie de declaración de que, aunque estábamos allí para divertirnos, seguíamos siendo deportistas, con un sentido de pertenencia hacia nuestros equipos.
—No puedo creer que tengamos que llevar las chaquetas en una fiesta —se quejó José mientras ajustaba la suya—. ¿Quién fue el genio que decidió esto?
—Vamos, no te quejes —le respondió Paul con una sonrisa—. Nos hace ver bien. Y además, no te queda mal.
—Habla por ti —respondió José con una risa—. A mí me hace parecer que estoy a punto de salir a un entrenamiento en lugar de a una fiesta.
—Es parte de la imagen —intervine—. Además, mejor esto que llevar los uniformes completos, ¿no?
José no pudo evitar reírse, y la conversación se desvió hacia otros temas mientras seguíamos preparándonos.
Después de la cena, todos nos retiramos a nuestras habitaciones para cambiarnos y dar los toques finales. En mi cuarto, me aseguré de que la chaqueta del equipo de baloncesto estuviera impecable. Era de un verde esmeralda con letras blancas, y aunque no era lo más cómodo para una fiesta, sentía que era parte de la identidad del equipo y no me importaba llevarla. Me puse algo sencillo debajo, sabiendo que la fiesta no era para impresionar a nadie con ropa elegante, sino para relajarnos y disfrutar.
Marta, que siempre era puntual, ya estaba lista cuando la encontré cerca de la puerta del salón de actos. Ella no llevaba la chaqueta, pero iba con un atuendo que claramente reflejaba su estilo: cómodo pero con clase. Los demás fueron llegando poco a poco, pero decidí esperar a Vicky y el resto del grupo, queriendo entrar todos juntos.