XII

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Carol:

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Carol:

El domingo comenzó mucho antes de lo que habría deseado. El despertador, con su insistente y agudo sonido, me sacó de un sueño intranquilo a las seis de la mañana. Sabía que, aunque fuera un día de descanso, no nos permitían quedarnos en cama. Los profesores querían asegurarse de que llegáramos temprano al centro comercial para evitar las multitudes y el caos habitual de los fines de semana. Era un día importante: íbamos a recoger nuestras equipaciones de baloncesto y las chaquetas del equipo, además de comprar los disfraces de Halloween para la gran fiesta comunitaria que se celebraba cada año. A pesar de que intentaba enfocarme en lo emocionante del día, una parte de mí seguía atrapada en los pensamientos oscuros sobre Elías y sus recientes comportamientos extraños.

Me levanté con pesadez, me vestí con ropa cómoda y me dirigí al comedor, donde el ambiente ya estaba algo más animado. Todos estaban listos para partir y había una mezcla de emoción y cansancio en el aire. Mientras recogíamos nuestras bandejas y nos sentábamos en las largas mesas del comedor, observé a mis amigos. Vicky, como siempre, llevaba su cuaderno de dibujo en la mano, lista para distraerse en el autobús. Mike y Mar, inseparables, charlaban en susurros, mientras que Emma y José, que estaban en su propia burbuja, parecían compartir un secreto. Paul, Mateo e Isaac, en contraste, se mostraban más relajados y despreocupados, bromeando entre ellos. Julia se sentó junto a Isaac, riéndose de algo que él le mostró en su teléfono.

En otro grupo más pequeño, vi a Anna, acompañada de sus inseparables amigos Aitor y Martina. Estaban algo apartados, ya que irían en el autobús de los pequeños. A pesar de la tranquilidad aparente, no pude evitar sentir una punzada de preocupación al verla. Algo en mí seguía alertándome de que Elías no había desaparecido del todo de la ecuación. A pesar de no haberlo visto desde aquella extraña noche, su sombra seguía sobrevolando mis pensamientos.

Con los estómagos llenos y el humor más relajado, nos subimos a los autobuses. Cada uno de ellos estaba supervisado por un maestro, y en nuestro autobús, Héctor, el profesor de educación física, se encargaba de mantener el orden. Me senté junto a Vicky, que ya había sacado su cuaderno y comenzaba a dibujar algo mientras los demás se acomodaban. Detrás de nosotras, Mike y Mar se sentaron juntos, compartiendo un espacio de complicidad silenciosa. Emma y José, por supuesto, también estaban juntos, susurrando algo entre risas. Mientras tanto, Paul y Mateo, sentados más adelante, discutían sobre la mejor manera de combinar sus disfraces. Julia, que siempre se unía a las conversaciones con facilidad, estaba sentada junto a Isaac, intercambiando bromas y risas que parecían disipar cualquier resto de tensión.

El viaje fue relativamente corto, pero lo suficientemente largo para que algunos se quedaran dormidos o simplemente miraran por la ventana en silencio. Aproveché esos minutos para relajarme y dejar que mis pensamientos vagaran. Sabía que teníamos un día lleno de actividades por delante, y aunque mis preocupaciones no se iban del todo, me permití disfrutar del ambiente más relajado. Vicky, siempre concentrada en sus dibujos, no levantaba la mirada del cuaderno, mientras que los demás comenzaban a charlar entre ellos, planeando qué comprarían primero: si las equipaciones o los disfraces.

The Torres Boarding SchoolDonde viven las historias. Descúbrelo ahora