Carolina, una niña de 16 años que entra en un internado junto a su pequeña sobrina, la hija de su prima mayor, por varios temas fue que se tuvieron que ir a el internado Torres para estar mas seguros, pero al parecer no todo fue como creían, en el i...
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Carol:
Me desperté recordando aquella pesadilla, esperando que no pasara, al parecer fui la primera de mi cuarto en despertar, asique me dirigí a la ducha, me duche y me puse el uniforme por primera vez, era una falda de cuadros, no era muy larga ni muy corta, estaba bien, una blusa blanca, era simple, no tenia nada, una corbata con el mismo estampado que la falda, y un jersey con el símbolo del internado en la parte de pecho izquierdo, y luego tendríamos otra chaqueta, pero para mas invierno, usábamos unos calcetines largos hasta las rodillas y unos zapatos negros, ya estaba lista y me dirigí a la habitación de Anna, a vestirla, pero al llegar me lleve la sorpresa de que ya estaba vestida, Yolanda, la encargada de los pedidos de comidas y eso, es como la delegada, al parecer ella ya la había vestido junto a su amiga Martina.
-Es muy buena niña- me dijo Yolanda, reaccione al poco tiempo.
- Gracias- le dije algo apenada por haber estado embobada unos segundos. -Venga niñas id yendo al comedor, allí estarán los cocineros y os servirán la comida- le dijo Yolanda a las niñas.
Ellas sin mucha complicación le hizo caso, yo estaba alucinada, Anna no era de las niñas que hacían caso a la primera, Anna es una niña bastante difícil debido al ambiente familiar vivido.
- Tu también deberías ir al comedor o te quedaras sin comida- me dijo Yolanda sacándome de mis pensamientos.
-Ahh, sisi gracias- le dije mientras corría dirección al comedor agitando la mano a modo de despedida.
No tenia ganas de ir al comedor ahora, mentiria si dijera que no me comian los nervios, asique opte por esperar a vicky fuera, ya que hoy mi primera clase era junto a ella, los demas iban a otras.
El primer día de clase en el internado fue una mezcla de emociones intensas, un cóctel de nervios, curiosidad y una pizca de miedo. El edificio era imponente, con su arquitectura antigua y su aire solemne que parecía susurrar historias de generaciones pasadas. Mis pasos resonaban en el pasillo, eco que parecía amplificar mis inseguridades. Aún no había encontrado mi aula y me sentía como un pez fuera del agua, intentando recordar la última vez que había sentido algo remotamente parecido a la familiaridad.
Mientras avanzaba, los murmullos y risas de los estudiantes me llegaban en oleadas. Cada rincón del internado parecía estar lleno de vida, pero también de secretos. Fue entonces cuando los vi, y el tiempo pareció detenerse por un instante. El grupo de los populares. Todos hablaban de ellos como si fueran una leyenda viva: Apolo, Zeus, Ángel y Ares.
Apolo destacaba de inmediato. Era el líder indiscutible del grupo, y se notaba en la forma en que caminaba, con una seguridad y gracia que capturaban todas las miradas. Su porte atlético y su sonrisa radiante lo hacían parecer inalcanzable, como si fuera una estrella de cine en lugar de un simple estudiante. Los rumores decían que era el capitán del equipo de fútbol, y su reputación lo precedía. A pesar de los murmullos sobre sus travesuras y problemas, había algo en él que lo hacía irresistible, como si estuviera esculpido por los mismos dioses. Su rostro, con líneas perfectas y ojos azules intensos, era la definición misma de la perfección.