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04 de noviembre, 2022
São Paulo, Brazil

El teléfono de Alex no dejaba de sonar, así que de mal humor lo contestó, quería dormir su siesta de la tarde a falta de poder salir en la calle.

—¿Si diga?

Hola Irai, una pregunta, ¿donde es que vives en São Paulo? Es que me piden una dirección para el taxi.

—¿Qué?

Que en donde...

—Eso ya lo escuché, espérame en el aeropuerto, busca un local de Starbucks que esta cerca de la entrada y quédate ahí, no te muevas a ningún lado y no hables con nadie.

¿Si? O puedo irme en un taxi, no creo que sea tan complicado si me das la dirección..

—Em te cobrarán cientos de dólares y tardarán una cuando menos una hora, yo hago menos de quince minutos, espérate ahí amor.

Se puso una sudadera y sus sandalias y bajo corriendo.

—¿A donde vas? —preguntó su padre al mirarla buscar las llaves de su carro. —No me digas que a una carrera.

—No, hoy voy a ir por Max al aeropuerto. —contestó. —¿Dónde están mis llaves?

—Mamá las confiscó porqué no quiere que vayas a las carreras, dice que ya es suficiente con la F1. —dijo Michal riendo al verla desesperada. Para él de 1.90 era divertido ver a alguien de 1.60 corriendo de un lado a otro, considerando que eso media Benja a sus trece años.

—¡Mamacita! —la mujer rubia salió de la cocina. —Necesito mis llaves urgentemente.

—Oh no señorita, no vas a ir a las carreras.

—No iría a una carrera en sandalias y sudadera, Max me llamó y necesito ir por él al aeropuerto.

—¿Max? ¿Mi querido yerno?

—Si ese Max, ¿me das mis llaves? Ya está esperándome en el aeropuerto.

—Están en el llavero. —la mujer le dio unas llaves y sonrió. —Les prepararé de cenar para cuando llegue.

—¡Pediré pizza! —gritó Michal desde la sala.

—Si, de pepperoni pides dos y tres de queso, pagas con mi tarjeta que esta en mi cartera a un lado de mi cama, ¡ahorita regreso!

Salió corriendo y subió al 350z que era del que su madre le había dado las llaves, con un botón abrió el portón y arrancó quemando llanta mientras Ritmo de BlackEyedPeas y JBalvin sonaba en el estéreo.

Su teléfono volvió a sonar y contestó.

—¿Qué pasa baby?

¿Te falta mucho? —preguntó. —Es que hay mucha gente aquí.

—Según maps estoy a media hora, pero según yo y mi tanque de gasolina estoy a diez minutos.

De acuerdo, aquí te espero en el Starbucks preciosa. —colgó la llamada.

—Dios mío, justo se les ocurre querer jugar conmigo cuando estoy a punto de convertirme en Toretto. —suspiró al ver como el McLaren se le ponía a la par. —Creo que llegaré mucho más rápido.

Entraron a la autopista y cambió de manual a automático haciendo que el carro bajara de la suspensión y comenzara a subir la velocidad, el motor comenzó a revolucionar y sonrió ante la velocidad.

Apretó el botón rojo del nitrógeno y sonrío cuando dejo al McLaren detrás suyo, pitó el claxon y el McLaren también lo hizo despidiéndose de la carrera, así que avanzó con más calma y entró al estacionamiento tomando su boleto metiéndolo en su bolsillo trasero y se estacionó donde encontró lugar, para después bajar e ir corriendo a donde encontraría a Max.

Madonna | M.1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora