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24 de octubre, 2022
El Rosario, Sinaloa.

—Extrañaba esto, venir aquí y pasar el tiempo, mañana te llevare a Maviri, te va a encantar estar allí.

—¿En serio?

—Claro. —Alex sonrió y se sentó en las piernas de Max, quedando frente a frente. —Esta habitación, ha sido mía desde toda la vida, quería mostrártela, además, amo el espejó detrás de mi.

—Tiene muchas estampas de cientos de cosas, como esa de Vans o la de Thrasher.

—Si, era adolescente cuando se las puse y eran de mis cosas favoritas, aquí pase cada uno de mis veranos, sin falta.

—¿Te gustaba mucho venir?

—Si, hasta que falleció mi abuela, te abría encantado conocerla, serías su nueva adoración. —sonrió peinando el cabello de Max. —Quisiera que me acompañaras a llevarle flores, casi siempre voy el primer día que vengo.

—Vamos, tu abuela merece flores.

—Muchas gracias.

Max tomo de la mano a Alex, iban caminando en el panteón, aunque él quedo sorprendido, los panteones de Mexico eran muy alegres, las tumbas tenían estatuas, eran grandes y coloridas, simplemente en Mexico se celebraba la muerte de manera diferente

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Max tomo de la mano a Alex, iban caminando en el panteón, aunque él quedo sorprendido, los panteones de Mexico eran muy alegres, las tumbas tenían estatuas, eran grandes y coloridas, simplemente en Mexico se celebraba la muerte de manera diferente.

—Mira, es esta de aquí. —dijo Alex y le ayudo a pasar hasta donde ella estaba. —Deja primero la limpio un poco.

Max miro con atención a Alex, quito la tierra que había sobre la tumba y acomodo las flores que ya la adornaban.

—Toma.

Max le paso las nuevas rosas que habían llevado y Alex las acomodó, ella se sentó en la tumba y sonrió acariciando el nombre tallado de su abuela.

Maria Eugenia Hurtado de Rivera

1-08-1934 al 1-05-2017

Recuerdo de tus hijos y nietos

"Es solo por la conciencia de la muerte que nos apresuramos a construir quien debemos ser"

Se puso de pie y se paro al lado de Max, entrelazando sus manos.

—A pasado un tiempo desde la ultima vez que vine abuela. —Alex sonrió ligeramente. —Una vez te presente a Paulo, pero ahora quiero presentarte a Emilian, creo que él si es el indicado. —suspiró y apretó la mano de Max ligeramente. —Él es como me dijiste, ¿recuerdas? El habla mi idioma y yo el suyo, ninguno tiene que traducir nuestra alma, quizá es lo que yo ambos necesitamos, te abría encantado conocerlo abuela. —sorbió su nariz. —Abuela, creo que ambos somos como tu y el abuelo, te gustaría vernos juntos, incluso corremos juntos y ambos hacemos lo que nos gusta juntos, nos inclinamos más a hacer cosas juntos aún que no sea necesario, también finalmente llegué a Mónaco y gane ya todo lo que una vez te lo prometí, me acabo de coronar como la reina del automovilismo y soy la mejor como siempre te lo prometí. —soltó la mano de Max y se arrodilló, frotando la tumba con cariño. —Ya cumplí todas las promesas que te hice, lo único que me falta es formar una familia pero, Emilian ahora es mí familia y somos increíbles juntos abuela lo digo en serio, ya me voy, ¿si? intentaré venir más seguido. —Se puso de pie y miro a Max, quien tenía una sonrisa en su rostro mientras había rastros de lágrimas secas. —¿Qué pasa?

Madonna | M.1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora