Capitulo 37 / FINAL prt2

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Miel Vogrincic

Desperté por la alarma del celular, la apagué y dudé en levantarme de la cama. Pipe tenía sus brazos al rededor de mi y sentía el calorcito que emanaba su cuerpo. No me quería ir, menos levantarme.

—¡Buenos días!— Matías abrió la puerta de la nada haciendo que ésta se azote con la pared y haga un ruido fuertísimo.

—¡AAAAAAAH!— Juani venía con él y se tapó rápidamente los ojos.

Pipe se encargó de taparnos rápidamente bien a ambos, después del susto.

—Cerra el orto, Juani— Matías negó con la cabeza.

—¡Están desnudos!— Juani salió rápidamente de la habitación.

—Bien...— Matías miró para todos lados —¿Dónde está la ropa?— comenzó a caminar recolectando prendas y las dejó sobre la cama —Dense una ducha de agua helada y bajen rápido, tengo un desayuno para vos muy especial—

—¿Para mi?— Pipe sonrió

—No, para Miel— le hizo un fuck You y salió del cuarto cerrando la puerta.

Bajamos a tomar desayuno después de un rato:

Matías tenía la mesa puesta, con comida hecha por Malena obviamente y juani se encontraba sentada en esta misma expectante a mi.

—Me siento como en la última cena— sonreí intentando hacerlos reír.

Pero la nostalgia abundaba en esa mesa, en la casa mejor dicho.

Hablamos un par de temas, cerramos otros y recordamos anécdotas y así se me fue el día.

—Peti, ¿y si te venís a vivir con nosotros?—

—Tendrán una familia, no tengo nada que hacer ahí— reí

—Entonces hagamos una nosotros—

Negué con la cabeza, Pipe pidiéndome una familia me revolvió el corazón.

—Iré por mis cosas...—

Me levanté de la mesa y con ayuda de Juani bajé todo, Pipe sería quien me llevaría de vuelta al aeropuerto.

—Chao peti, te voy a extrañar mucho y... ay que asco, no sé— me dio un empujón -mátate si queres, me da igual-

Negué con la cabeza, lloraba.

—Chau Mielcita, éxito en todo y siempre pero siempre podes volver— Malena me abrazaba con fuerza. Yo no la quería soltar.

—Yo...— juani negó con la cabeza sin poder hablar y me abrazó también —nos vemos—

Agarré la caja de transporte de mi perro y salí sin mirar atrás, lo más rápido que podía, me dolía en el alma irme de forma tan repentina.

El viaje al aeropuerto fue silencioso... bah, más o menos:

Yo sollozaba tomada de la mano de Felipe mientras él dejaba mimitos ahí mismo.

Podía sentirlo, sin que me dijera, que se estaba aguantando las ganas de llorar.

—Llegamos— me miró con su carita de gato con botas.

—No te quiero dejar...— negué con la cabeza, llorando.

—Iré a verte, te lo prometo—

—¿Cuando?—

—Pronto...—

Elegí cree.

Entramos al aeropuerto tomados de la mano, nuevamente dejaría una historia atrás y una relación pendiendo de un hilo.

Vení conmigo || Felipe Otaño Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora