Capitulo 2

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Al día siguiente, Severus y Regulus se despertaron con la luz del sol filtrándose suavemente a través de las cortinas. El sonido de los pájaros cantando afuera les daba una sensación de tranquilidad. Se tomaron su tiempo para levantarse, disfrutando de la calidez de la cama y de la compañía mutua.

—Buenos días, amor —dijo Regulus, acariciando el rostro de Severus con ternura.

—Buenos días, Reg —respondió Severus, sonriendo—. ¿Qué te gustaría hacer hoy?

—Podríamos ir a dar un paseo por el parque —sugirió Regulus—. Hace buen tiempo y no tenemos nada urgente que hacer. Será agradable salir un poco.

—Me parece una excelente idea —asintió Severus—. Necesitamos un poco de aire fresco y relajarnos.

Después de desayunar con calma y vestirse, salieron de la casa, disfrutando del aire fresco de la mañana. Caminaron de la mano por las calles del barrio muggle, sintiéndose libres y despreocupados.

Llegaron al parque y comenzaron a pasear por los senderos rodeados de árboles y flores. Regulus observaba a los niños jugar y a las parejas pasear, sonriendo ante la escena de paz y normalidad que los rodeaba.

—Este lugar es realmente bonito —comentó Regulus, respirando profundamente el aire fresco—. Me recuerda que a veces las cosas simples son las más valiosas.

—Tienes razón —asintió Severus, disfrutando también del entorno—. Es bueno tomarse un tiempo para apreciar estas cosas.

Mientras caminaban, se encontraron con un perro negro que corría libremente por el parque. El perro se acercó a ellos, moviendo la cola y mirando a Regulus con ojos brillantes.

—Mira, Severus —dijo Regulus, agachándose para acariciar al perro—. Los perros negros siempre me recuerdan a Sirius. Me hace pensar en él y en cómo estará.

Severus observó la expresión nostálgica de Regulus y colocó una mano en su hombro. —Sé que extrañas a tu hermano, Reg. Es natural. Pero estoy seguro de que él también piensa en ti y te desea lo mejor.

Regulus asintió, acariciando al perro con cariño. —Sí, lo sé. A pesar de nuestras diferencias, siempre será mi hermano. Me gustaría que algún día pudiéramos reconciliarnos y volver a ser una familia.

—Eso sería maravilloso —dijo Severus, sonriendo—. Y quién sabe, quizás algún día suceda. Mientras tanto, tenemos que enfocarnos en nuestro presente y en las personas que nos rodean.

Regulus asintió, agradecido por las palabras de Severus. —Tienes razón. Y estoy muy feliz con nuestra vida juntos, Sev. Eres todo lo que necesito.

El perro, después de recibir muchas caricias, se alejó corriendo, dejándolos a solas nuevamente. Continuaron su paseo por el parque, hablando de sus sueños y planes para el futuro.

—He estado pensando en buscar un trabajo más estable —dijo Regulus, mirando a Severus—. No me malinterpretes, me gusta trabajar en la cafetería, pero creo que podríamos buscar algo que nos permita tener un poco más de estabilidad.

—Es una buena idea —respondió Severus—. Podemos buscar algo que nos guste a ambos y que nos permita estar juntos. Tal vez algo relacionado con la educación o con la naturaleza.

—Me gusta cómo piensas —dijo Regulus, sonriendo—. Vamos a investigar nuestras opciones y ver qué podemos encontrar.

Pasaron el resto del día disfrutando del parque, hablando y haciendo planes. La conexión entre ellos era evidente, y ambos estaban decididos a construir un futuro juntos, lleno de amor y felicidad.

Al regresar a casa, Severus y Regulus disfrutaron del calor y la comodidad de su hogar después de un día tranquilo en el parque. Severus, sintiéndose un poco frío, subió las escaleras para buscar una chaqueta adicional mientras Regulus se ocupaba de preparar café para ambos en la cocina. Encendió la televisión para tener un fondo de ruido suave mientras esperaba a Severus.

Mientras el café se preparaba, Regulus escuchó un débil maullido proveniente del patio trasero. Intrigado, dejó la cafetera por un momento y se acercó a la ventana para investigar. Lo que vio lo sorprendió: un gato negro y blanco estaba acurrucado bajo un arbusto, claramente herido y temblando ligeramente.

Sin dudarlo, Regulus abrió la puerta trasera con cuidado y se arrodilló junto al gato, observándolo con preocupación. El animal lo miró con ojos grandes y asustados, pero no intentó huir, lo que indicaba que quizás estaba demasiado herido para moverse.

—Severus, ven rápido —llamó Regulus con urgencia, sin apartar la vista del gato—. Hay un gato herido aquí.

Severus bajó las escaleras rápidamente, con la chaqueta en la mano, y se acercó a Regulus y al gato. Al ver la condición del animal, su expresión se volvió igualmente preocupada.

—Pobre criatura —murmuró Severus, evaluando rápidamente la herida en la pata del gato—. Necesitamos llevarlo al veterinario.

Regulus asintió con determinación y cuidó al gato mientras Severus buscaba una caja adecuada para transportarlo. Con cuidado, lo colocaron dentro y cubrieron la caja con una manta para mantenerlo caliente.

—Voy a buscar las llaves del coche. Vamos a llevarlo al veterinario más cercano —dijo Severus, mirando a Regulus con seriedad.

—De acuerdo. Yo lo sostendré mientras tú conduces —respondió Regulus, acariciando suavemente al gato para tranquilizarlo.

En cuestión de minutos, estaban en el coche camino a la clínica veterinaria. El viaje fue tranquilo pero tenso, con Severus manejando con cuidado mientras Regulus sostenía la caja con el gato en el regazo. El animal maullaba débilmente de vez en cuando, lo que preocupaba aún más a ambos.

Al llegar, fueron recibidos por un veterinario atento que evaluó inmediatamente al gato. Explicaron cómo lo habían encontrado y observaron con alivio cómo el veterinario comenzaba a tratar las heridas del animal.

—Parece que va a estar bien —dijo el veterinario finalmente, sonriendo mientras continuaba con el tratamiento—. Ha tenido suerte de que lo encontraran a tiempo. Con algo de cuidado y medicación, debería recuperarse completamente.

Severus y Regulus se miraron, sintiendo un peso levantarse de sus hombros. Estaban aliviados de que el gato tuviera una oportunidad de recuperarse.

—¿Podemos dejarlo aquí para que lo cuiden? —preguntó Regulus, mirando al veterinario con esperanza.

—Por supuesto. Nos aseguraremos de que reciba el mejor cuidado posible —respondió el veterinario, guiándolos hacia el área de admisión.

Después de dejar al gato bajo el cuidado profesional, Severus y Regulus salieron de la clínica veterinaria, sintiéndose aliviados y satisfechos de haber podido ayudar. Volvieron a casa en silencio, procesando lo que acababan de experimentar.

—Creo que hicimos lo correcto al llevarlo al veterinario —dijo Severus finalmente, rompiendo el silencio.

—Sí, definitivamente. Estoy contento de haber estado aquí para ayudarlo —respondió Regulus, apretando la mano de Severus con gratitud—. Gracias por apoyarme en esto, Severus.

—Siempre estaré aquí para ti, Reg. Somos una familia, ¿recuerdas? —dijo Severus suavemente, sonriendo mientras abría la puerta de casa.

Regulus asintió, sintiéndose reconfortado por las palabras de Severus. Sabía que, con él a su lado, podrían enfrentar cualquier desafío que el futuro les trajera.

Entraron a casa y se abrazaron, sabiendo que, aunque el día había traído sorpresas inesperadas, también había fortalecido su vínculo y su compromiso mutuo. Juntos, enfrentarían el futuro con valentía y amor, listos para cualquier aventura que les esperara.

Papi Sev! (Pausada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora