Capítulo 4

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— ¿Qué está haciendo aquí? —pregunté molesta.

— Te fuiste —contestó igual de molesto.

— A las seis y media, no iba a seguir esperándolo toda la noche.

— Me retrasé.

— No es mi culpa.

— ¿Me vas a dejar pasar?

— Este no es un lugar de trabajo.

Él asintió levemente, estaba frustrado, lo sentí amenazante.

— ¿Cómo entró aquí?---pregunté rudamente, no quería parecer vulnerable ante él.

— Puedo entrar a mi edificio cuando a mí se me plazca —fue su dura respuesta.

— Por supuesto —debí imaginarlo, esto era parte de sus “terrenos”.

— Quitaré el reloj control.

— No —contesté con celeridad—, no lo haga, no mientras no confíe en mí.

— Carolina... —me miró intensamente.

— No, lo prefiero así, es más... formal —se suponía que no debería atraerme.

— Ninguna muestra de confianza o acercamiento, ¿verdad?

Asentí, así lo prefería.

— ¿Eso significa que irás mañana?, ¿que seguirás trabajando?

Bajé la vista, no quería hacerlo, pero necesitaba el trabajo.

En ese momento, vi sus botas: negras, gruesas, con adornos plateados, muy similares a las del Benjamín de mis sueños. Volví a recrear todo en mi mente: el miedo, los gritos, el calabozo, el arma...

Cuando sentí que Benjamín me tomó del brazo, lo aparté bruscamente, dando un gritito de espanto. Él arrugó la frente. Yo esquivé su mirada.

— ¿Te sientes bien?

— Sí, no se preocupe —la voz me salió demasiado seca.

— Te pregunté si vas a ir mañana, si siempre... si seguirás trabajando conmigo.

— Por supuesto, mientras usted no me eche.

— Jamás he despedido a nadie.

— No necesita hacerlo —murmuré, pero creo que él escuchó perfectamente por el gesto que hizo.

— Te espero mañana, entonces.

Iba a dar la vuelta, pero se arrepintió y volvió a mirarme.

— Srta. Vargas, ¿estaba llorando por mi culpa?

Yo lo miré furiosa, cuando me decía "Srta. Vargas" lo hacía con tal sarcasmo que  llegaba a odiar mi apellido.

— Jamás he llorado por un hombre, Señor Roldán y créame, que usted no será el primero.

Asintió y se marchó rápidamente. Yo me dejé caer en el sofá. Este fue el peor día de mi vida, ¿cómo sería mi noche?, ¿se repetiría mi sueño?, ¿habría más detalles? La verdad es que no quería seguir soñando, no quería ver a Benjamín Roldán gritarme así, maltratarme, aterrarme, ya no. Sí no fuera por estas malditas pesadillas, trabajar con Benjamín no sería tan malo, por lo menos, no sería lo terrible que es para mí en estos momentos.

Pensé en el "esfuerzo" que estaba haciendo, si era verdad, ¿cómo sería cuando no se controlaba?

 ¡Morirás!

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