Capítulo 19

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Me estremecí. Me aparté un poco y vi que Adolfo me miraba por el espejo retrovisor con gesto culpable.

— ¿Qué significa eso? —me atreví a preguntar.

— Significa que estaremos unidos por la eternidad.

— Pero…

— Tú y yo estaremos juntos, mi amor.

Mi interior decía que no, pero algo en mí, impedía rebelarme.

— No controles mis emociones, haré lo que me pidas —le pedí.

— Yo no estoy haciendo nada.

— ¡Mentiroso! —gruñí.

El bebé me golpeó muy fuerte y grité. Benjamín me apartó y me miró sorprendido.

— No debes enojarte, a él no le gusta.

— Por favor…

Volvió a golpearme.

— ¿Lo ves?

— ¡Es como tú! ¡Es él quien está dominando mis emociones!

— Salió a su papá, eso es bueno.

— ¡No es bueno! ¿Te imaginas lo que podrá hacernos?

— No nos lastimará. No mientras estemos bien tú y yo.

¿Me obligarían tanto el padre como el hijo a ser parte de esto? No, esto no era verdad. Quería despertar de una vez de esta pesadilla horrorosa. Un bebé con poder no era cualquier cosa, no podríamos jamás decirle que no a nada, un berrinche de su parte sería una declaración de guerra, su adolescencia… Estaría criando un monstruo. Y si tenía la misma ansia de poder que su padre… No quería ni siquiera pensar en eso. No, este bebé no podría nacer, sería una amenaza para el mundo. Benjamín ya lo era.

 ¡Cómo quisiera que Jorge me hubiese advertido de todo esto antes! Pero no podía, Benjamín manejaba los hechizos como cualquier cosa, seguramente, Verónica también estaba embrujada, incluso, hasta Adolfo debe estarlo. Si no, ¿cómo se explica que ayude a Benjamín en todo esto aún a costa de Verónica, el amor de su vida?

Llegamos al aeródromo y partimos rumbo a Antofagasta, el viaje fue un poco dificultoso al principio por el viento, pero pronto mejoró. En cuanto llegamos a la ciudad, fuimos  a un hotel a descansar unas horas y comer, a las  tres salimos hacia San Pedro de Atacama, para hacer un breve descanso y seguir ruta hacia el Valle de la Luna.

A las nueve de la noche, mientras estábamos cenando en un pequeño restaurant del lugar, pensaba en cómo escapar de todo esto, pero sería difícil, sabiendo que no tenía opción contra Benjamín. Además, estábamos en medio de la nada, por la época del año y por ser día de semana, tampoco había mucha gente, aunque, en realidad, ¿qué podrían hacer simples mortales, en contra de dos inmortales con todo el poder del mundo? Si tan sólo tuviera esa maldita daga…

Mi bebé me golpeó, sabía mis pensamientos y no le gustaba.

— Tranquila, ya va a pasar todo esto.

— Esto está recién comenzando —mascullé.

— Después de esta noche, verás que todo irá de bien en mejor.

— Eso es lo que tú dices.

— Y así será.

De nuevo volví a sentir una pequeña patada en mi vientre y luego una calma inexplicable, el aroma de Benjamín me atrapó y su mirada. Esto lo hacía definitivamente ese bebé que llevaba en mis entrañas. Por más que quisiera amarlo, no podía, con sólo imaginar de lo que podría llegar a hacer una vez fuera…, él no se detendría ante nada, sería, incluso, peor que su padre, no mediría las consecuencias de sus actos.

Extraño DestinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora