— Mis hermanos fueron asesinados por culpa de nuestra madre, solo quedamos Jorge (Alejandro) y yo (Ptolomeo). Fuimos cuidados por la esposa de Octavio, por un tiempo, pero nos descubrieron y debimos huir, Adolfo (Rodhon), nos llevó con él y nos convirtió en lo que hoy somos.
― ¿Yo ya había aparecido en esto?
― Sí, tú eras la hija de hermano de mi padre y estabas prometida a Jorge, aunque siempre tú y yo estuvimos enamorados. Jorge no nos permitió estar juntos. Como en todas y cada una de tus vidas te alejó de mí, si no podía hacerlo por las buenas, lo hacía por las malas… Y si tengo que hablar con toda honestidad, debo decirte que tenemos más poderes de los que te confesé en un principio.
Yo lo miré molesta, él se tardó en volver a hablar. No sé si buscaba las palabras correctas o buscaba una mentira “creíble”.
― Yo sí puedo dominar las emociones ―soltó como si le costara―, no lo he usado en ti, por supuesto.
Yo asentí con la cabeza, Jorge no me mintió en eso.
― También puedo controlar los elementos: agua, tierra, fuego y aire.
― ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué haces con esas cosas?
― Puedo moverlas… hacer lo que se me dé la gana con ellas.
― ¿Qué más? ―pregunté al ver que él no hablaba.
― Las otras cosas que puedo hacer son por la perfección que acompaña esta inmortalidad: visión perfecta, un oído privilegiado, correr a una velocidad extraordinaria, ese tipo de cosas.
― ¿Y Jorge? ―me atreví a preguntar.
― Así como yo domino las emociones, él domina los sueños, lo inconsciente.
Pensé en ello, ¿podría él estar manejando mis sueños para soñar lo que él quiere, aunque no sea verdad?
― Puede cambiar de aspecto, eso ya te lo había dicho y puede aparecer y desaparecer cuando le apetezca, tiene el poder de la tele transportación.
Miré a Adolfo, si ellos tenían esa clase de poderes, él debía tener muchos más.
― Yo los tengo todos ―contestó―, excepto la lectura de la mente, lo que pasa es que tú eres muy transparente, tu cara dice exactamente lo que piensas.
Debo decir que eso no me gustaba en lo absoluto, ahora no podría ni siquiera pensar tranquila si mi cara me delataría.
― ¿Qué se supone que vamos a hacer ahora? ―pregunté.
― No sacamos nada con huir, Jorge estará al pendiente ―dijo Adolfo―, debemos protegerlas hasta la próxima luna llena, una vez que sean inmortales, no habrá peligro.
― Yo quiero saber por qué, después de tanto tiempo no somos como ustedes ―intervino Verónica.
― Hay una sola excepción para que una mujer sea inmortal y es que ella no debe estar encinta, y tú has quedado embarazada antes de conocer la verdad acerca de nosotros y de tus numerosas vidas ―me explicó Benjamín.
― ¿Y de quién es ese hijo… o esos hijos?
― Míos.
― ¿No te podías esperar y contarme la verdad antes de embarazarme? ―le pregunté molesta.
― Carolina…
― Entonces, si yo no hubiese dicho que no, esta vez tampoco podría ser inmortal.
Benjamín bajó la cabeza.
― ¿Y esos bebés? ¿Qué ha pasado con ellos? ¿Por qué no me han hecho inmortal después de tenerlos?
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Extraño Destino
RomanceUna historia de amor, que ha sobrevivido al tiempo y a la muerte. Una novela de fantasía, de dioses antiguos y faraones, que nos muestra cómo la historia puede cambiar de un momento a otro. Esta es la primera parte de tres. Pronto viene "Extraño am...
