Capítulo 9

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Abrí los ojos, estaba acostada en el sillón y Benjamín estaba a mi lado mirándome, preocupado y culpable.

— ¿Qué pasó? —pregunté confundida.

— No debí preguntar acerca de ese tipo.

— Oh —ahora recordaba.

— Lo siento.

— ¿Cómo sabes de él?

— El viernes, cuando  estabas…rara… estabas medio dormida y dijiste que yo era él —me dijo en tono suave.

Cerré los ojos, ¿habré dicho algo más?

— Te lastimó —no sonó a pregunta.

— No —contesté con la garganta seca y me senté.

Benjamín se apartó y se sentó en el sillón frente a mí, mirándome fijamente. Me refregué la cara, ¿cómo explicarle que Damián Lexington pertenecía a un sueño?, ¿que era el tormento de mis noches?

— ¿Por qué no confías en mí? —me preguntó dolido al rato.

— No es eso.

— Vamos, Carolina, no confías en mí, no confías en que lo que siento por ti es sincero; no confías en contarme tus cosas, me enteré por casualidad de lo de tu mamá…

— ¡¿Y eso qué tiene que ver?!

— ¿Te das cuenta que si yo hubiese sabido que tu mamá no estaba bien… te hubiera entendido?

— ¿Entendido? ¿En qué?

Me estaba enojando  y, seguramente, él también, volvíamos a lo mismo. Me levanté y caminé hacia el otro extremo de la sala, él me siguió sin acercarse a mí.

— Entendido tu mal humor, tu carácter explosivo, tus lágrimas.

— ¿Y no hubiera servido para que me humillaras y te burlaras más todavía de mí? Te recuerdo que fuiste bastante humillante…

— ¿Yo? Te expliqué cómo vi yo las cosas ese primer día, si así lo sentiste, lo siento, pero no me acuses de algo que no he hecho.

— ¡Me gritaste! —Lo miré de frente.

— ¡Te vi parada en medio de la oficina como un…! —bajó la voz— Como un fantasma…

— Por favor, ¡me tuviste ahí casi media hora!

— No quiero pelear, Carolina —se notaba cansado— no quiero volver a lo mismo.

— Yo tampoco, pero eres tú el que no me cree.

— No cambies las cosas, eres tú la que no confía en mí.

— ¡No puedo confiar en un hombre que cree que todo se compra, incluso las personas!

— ¿¡He tratado de comprarte!?

— ¡Vamos, Benjamín! El viaje, el auto, el súper…

Dio un paso hacia atrás, dolido.

— ¿Eso piensas?

— ¿Y qué otra razón puede haber? Debo ser la mujer más cara con la que has salido y pretendido…

— ¡Cállate! Cállate —intentaba controlarse.

— ¿¡Por qué?!  ¿Te molesta la verdad?

— Me hubiera salido mucho más fácil y cómodo haberme acostado contigo el viernes, ¿no te parece? Por lo menos el gustito me hubiera salido gratis

Extraño DestinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora