Epílogo

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Ha pasado un año desde aquel acontecimiento, aquella misma noche, mientras yo estaba inconsciente, Adolfo me hizo inmortal.

 Los hombres que acompañaban a Jorge esa noche, eran antiguos faraones: Keops, Kefrén y Micerino, quienes siguen vivos en algún lugar del planeta, por esa razón no se han encontrado sus restos…ni lo harán.

En una ocasión le pregunté qué me había arrollado, porque el sonido era extraño, no era un vehículo, eso era claro, un animal, tal vez.

— Fue tu madre Astarté, que envió su león para hacerte perder ese niño.

— ¿Astarté?

— Después de tantos intentos y de haber revertido el hechizo que te impedía volver —me contó—, y yo mismo preso en una de sus hechicerías, no tuve más opción que acudir a los dioses y  pedir su ayuda para acabar de una vez por todas con todo esto. Tu madre, cansada también de ver tu sufrimiento, invocó a los más antiguos y poderosos faraones para terminar con Benjamín.

— Pero la profecía…

— La profecía puede y debe esperar, cuando sea el momento, llegará un buen rey que domine la tierra conocida y la gobierne con sabiduría, mientras tanto, debemos vivir para disfrutar lo que tenemos y nos tenemos el uno al otro —me besó con esa ternura infinita que, a pesar del tiempo, no disminuía.

 — Tienes razón —sonreí en su boca, me gustaba estar con él, no había dobleces ni nada que me hiciera dudar.

Las empresas Roldán fueron a dar a manos de Adolfo, que junto a Verónica se hizo cargo de ellas, nadie se cuestionó la presencia de Benjamín ya  que, cada cierto tiempo, “aparecía” para ver cómo marchaban sus asuntos. Jorge lo imitaba bastante bien.

Yo, junto con la inmortalidad, recibí los poderes de mi madre, además de tele transportarme, por lo que junto a mi amado esposo, podemos viajar a donde queramos, en el momento que lo deseamos.

Mis padres se vinieron a vivir conmigo y, aunque les extrañó que Benjamín se hubiese marchado tan repentinamente, mi padre cree que, al yo enamorarme de Jorge, nos dejó el camino libre. Supiera la verdad…

Con Jorge vivimos allí, en mi departamento; pero nuestro verdadero hogar es su casa, un fiel reflejo de nuestro natal y querido pueblo egipcio. Finalmente, Jorge amaba y respetaba mucho más nuestro país que Benjamín.

Una noche de luna llena, aparecieron en mi casa los tres faraones que nos ayudaron. Mis padres se fueron a su cuarto, para dejarnos solos.

— ¿Cómo les ha ido? —preguntó uno de ellos, yo no distinguía quién era quién.

— Bien —contestó un poco aturdido Jorge.

— Tenemos un regalo y una petición —comunicó otro de los hombres.

Nosotros no supimos qué decir.

— Tus padres podrán optar a la inmortalidad —me dijo el primero que habló.

¿Mis padres? ¿Inmortales? Eso sería raro… pero muy bueno.

— ¿A cambio de qué? —preguntó Jorge interrumpiendo la línea de mis pensamientos.

Los hombres lo miraron con una pequeña sonrisa en sus labios.

— A cambio de nada, es un regalo —habló el primer hombre, Keops, seguramente.

— ¿Entonces?

— Después de tantas vidas arrebatadas a tan temprana edad y de forma tan cruel, hemos decidido compensar a “Carolina” de alguna forma y creemos que esta es la manera.

— No lo sé, tendríamos que decirles…

— ¿Y tú crees que no lo saben? —Preguntó el segundo— No son tontos, Carolina, tal vez no se imaginen todo, pero algo no les cuadra… eso es seguro.

— Llámalos —ordenó el tercer hombre, los otros dos lo miraron con censura.

— Por favor, tal vez sean ellos quienes deban tomar la decisión —pidió Keops.

Mis padres llegaron con desconcierto, asustados. Yo también lo estaba.

— Hay algo que ustedes deben saber —dijo Keops y enseguida relató los hechos más importantes en torno a mis numerosas vidas y la oportunidad de ellos para ser inmortales.

— Siempre supimos que ella era especial —dijo mi papá—, lo supimos desde antes de tenerla, debíamos protegerla hasta que su propósito fuese cumplido. Ahora está cumplido.

— Eso qué significa —pregunté, pero, para variar, no sonó a pregunta.

— Que ya no debemos cuidarte.

— Yo los necesito.

— Deben tomar la decisión, la luna está por salir y será la única ocasión para hacerlo.

— Por favor —supliqué a mis padres.

— No te dejaremos sola —dijo mi madre.

En un extraño rito mis padres se convirtieron en inmortales, entendiendo todo lo que sucedía y ya no tendríamos que esconder nada.

— Ahora les toca decir la petición.

— Benjamín creó unos inmortales, Tamara y Miguel, al principio no dieron problemas, pero ahora están haciendo mucho daño, deben ser destruidos. —dijo Keops.

— Pero nosotros… —dijo Jorge pensando que, como inmortales, no podríamos eliminarlos.

— No son almas egipcias, será fácil para ustedes destruirlos.

Yo miré a Jorge, él sonrió.

— Él fue quien te drogó aquella noche —me aclaró Jorge.

— Habrá que destruirlos —sonreí encogiéndome de hombros.

— Dígannos que hay que hacer…

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**Espero que les haya gustado, ahora viene Extraño Amor, que es la historia de Benjamín y luego Extraño Final, que es Jorge quien cuenta todo... <3 <3 Gracias por leer **

Extraño DestinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora