La Paz con el Pasado

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El sol apenas había comenzado a asomarse por la ventana cuando desperté, los primeros rayos de luz filtrándose a través de las cortinas, pintando la habitación con un brillo cálido y suave. Abrí los ojos lentamente, sintiendo el peso de los últimos días sobre mis hombros, pero también algo más. Algo más ligero, algo que no había sentido en mucho tiempo.

Había pasado días tratando de mantenerme fuerte, de no dejar que el odio me afectara. Pero hoy, al abrir los ojos, sentí una claridad diferente. No era solo una resolución pasajera; era una sensación que venía desde lo más profundo de mí misma, algo que había estado buscando durante mucho tiempo.

Me senté en la cama, dejando que la luz del sol me envolviera, y me permití unos momentos de paz. Nari y sus amenazas, los mensajes de odio, los momentos de miedo... habían sido constantes sombras que me seguían. Pero hoy, algo dentro de mí decidió que ya no les daría ese poder. Decidí que ya no dejaría que esos pensamientos controlaran mi vida.

-Ya no más, Soo-Yun -me susurré, como si necesitara escuchar esas palabras en voz alta para que se hicieran realidad-. Ya no más.

Había pasado tanto tiempo viviendo en el miedo y en la inseguridad, sintiéndome como una intrusa en mi propia vida, que me olvidé de lo que significaba vivir con confianza. De lo que significaba creer en mí misma. Hoy, quería cambiar eso.

Me levanté de la cama y caminé hacia la ventana, abriéndola de par en par. El aire fresco de la mañana llenó la habitación, y respiré hondo, dejando que ese aire nuevo llenara mis pulmones, mi mente y mi alma. Sentí cómo mis pensamientos comenzaban a despejarse, cómo el miedo se desvanecía poco a poco, como si el viento se llevara cada fragmento de incertidumbre.

Miré a mi alrededor, tomando conciencia del lugar que había llegado a ser mi refugio. Mi pequeño apartamento era mi espacio seguro, pero también había sido el escenario de algunos de mis momentos más oscuros. Ahora, quería que fuera un lugar donde pudiera sentirme en paz, donde pudiera reconciliarme con todo lo que había pasado y, finalmente, avanzar.

Mis ojos se detuvieron en mi rincón de música, donde mi guitarra descansaba apoyada contra la pared. Desde niña, la música había sido mi forma de expresión, mi manera de conectar con lo que realmente sentía. Y en los últimos meses, había sido mi única constante. Caminar hacia ella, tocarla, me hacía sentir como si pudiera conectarme con esa parte de mí misma que era fuerte, que sabía lo que quería.

Tomé la guitarra y me senté en el suelo, sintiendo la madera suave contra mis dedos. Cerré los ojos y toqué un acorde suave, dejando que el sonido llenara el espacio a mi alrededor. Fue como si un peso se levantara de mis hombros, como si cada nota fuera una liberación de todo el miedo y la ira que había estado acumulando.

Mis dedos comenzaron a moverse, buscando una melodía. Algo suave, algo que reflejara mi estado de ánimo. Empecé a cantar suavemente, dejando que las palabras fluyeran de mí.

A medida que cantaba, las lágrimas comenzaron a caer. Pero esta vez no eran lágrimas de tristeza, ni de miedo. Eran lágrimas de liberación. Me di cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, estaba cantando para mí. No para nadie más, no para ser escuchada, sino para sanar.

Era como si algo en mi interior se hubiera roto, pero no de una manera negativa. Era una ruptura que dejaba espacio para el crecimiento, para la reconstrucción. Una sensación de que estaba empezando a aceptar cada parte de mi historia, cada cicatriz, cada momento de dolor, como parte de quien era, pero no como algo que definía mi valor.

Me permití quedarme allí un rato, tocando la guitarra y cantando, sintiendo cómo cada nota, cada palabra, me acercaba más a la paz que había estado buscando. Estaba lista para dejar ir el miedo, para dejar ir las dudas que me habían perseguido durante tanto tiempo.

Waiting For YouHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora