Nunca te lo dije, pero contigo todo fue tan simple como inocente.
No hubo besos, ni abrazos, ni ese contacto que la gente suele usar para definir una historia.
Lo nuestro ni siquiera alcanzó a ser historia.
Y aun así, fuiste el primero en tanto.
El primer chico con el que quedé en persona.
El primero que me tomó la mano sin pedir permiso, como si fuera algo natural,
como si yo no hubiera pasado años evitando que alguien se acercara así.
Recuerdo lo nerviosa que estaba, cómo me alejaba un poco cada vez que intentabas acercarte, no porque no quisiera, sino porque no sabía cómo manejar algo tan nuevo.
Yo quería que todo fuera despacio, que nos diéramos tiempo, que lo hiciéramos bien.
Fui la única que pensó eso.
Para ti fue un momento más.
Para mí fue la primera vez que sentí que alguien podía verme de verdad.
Una ilusión pequeña, frágil, que nunca llegó a nada pero que aún así logró marcarme más de lo que debió.
