cap 2

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Narrado por aurora

Me despierto a las 07:30 a.m., como todos los días, hago mi rutina matutina y me voy a tomar un café con mi prima, como habíamos quedado.

-Hola Aurora, ¿cómo estás? -dice ella con una sonrisa.

-Hola Emily, muy bien, ¿y tú? -pregunto, sabiendo que quiere decirme algo; la conozco demasiado.

-Me alegro, yo también muy bien -solo dice eso antes de que se le forme una sonrisa de oreja a oreja.

-Necesito pedirte un favor, y te juro que si me ayudas será lo último que te pediré por un año.

La miro, y tenía sus ojos llenos de alegría y esperanza, pero sé que su promesa no durará ni un mes.

-Mmm, ¿qué quieres?

No sé qué será, pero su cara ya me está dando miedo.

-¿Recuerdas que yo siempre quise ser modelo, verdad? -asiento con la cabeza-. Bueno, una modelo súper famosa acaba de abrir una escuela de modelaje y quiero ir, pero no me animo a ir sola. Porque no es solo una modelo, ¡es la mejor!

Toma un poco de café.

-Sale en revistas, televisión, radio... y soy su fan desde siempre. Mira si lo arruino todo, si me pongo nerviosa y le digo alguna estupidez, mira si su hermosura me distrae y me tropiezo, y si piensa que soy una tonta y pierdo mi única oportunidad en la vida de brillar.

Respira profundo.

-Por favor, acompáñame, ¡anotémonos las dos, síiiiiiii? -su voz me desesperaba; es muy chillona.

-No lo sé... yo no sirvo para esas cosas.

La cara le cambió totalmente; parecía que estaba picando cebollas y que iba a llorar.

-Por favor, es una oportunidad única en la vida...

Lo considero.

-Bueno, a menos que tengas miedo de romperte la cadera -dice mientras se ríe.

-Ey, ey, ey, que así no voy. Yo no soy ninguna anciana para romperme la cadera por modelar, ¿okey? -ella asiente.

-Pero por favor, acompáñame, ¿sí? -suspiro, sé que si no acepto ella no me lo perdonaría nunca.

-Okey, pero con una condición -ella me mira atenta.

-¿Cuál?

-Que las clases no se interpongan con mis horarios de trabajo en la universidad.

Ella asiente.

-Por eso no te preocupes, ella también estudia; aparte de hermosa y codiciada, es lista. ¡Lo tiene todo! Lástima que es hetero y tiene novio...

Lo dice con una cara muy seria, y no puedo evitar reírme de ella.

Por la tarde llego a la universidad y veo algo que me sorprende.

-¡Maldita estúpida! No vuelvas a querer pasarte de lista conmigo o será mucho peor, ¿okey?

La chica asiente con la cabeza.

-Sí, sí, por favor, déjame ir.

Corro rápido para separar a Abigail de encima de esa pobre chica que estaba siendo sometida; Abigail le estaba haciendo una llave para que no pudiera soltarse. Al lado de Abigail había un cúter; lo pateé para que no lo agarrara y la levanté, agarrándola de la cintura.

-¡A la dirección, ya! -fue lo único que salió de mi boca.

-Pero...

-¡Pero nada! A dirección, dije -y obedecieron.

Al llegar a dirección, le digo a Abigail que espere afuera y la otra chica me sigue.
Le explico a la directora lo sucedido y le pregunto a la chica qué fue lo que pasó, a lo que ella, llorando, dice:

-Es que yo, sin querer, me tropecé con Abigail y tiré lo que ella tenía en las manos, y ella se enojó. Me disculpé, pero ella me empezó a gritar y a hablarme mal. No sabía qué hacer; ya me había disculpado y no funcionó. Intenté irme y dejar la situación atrás, pero me agarró del brazo y me dijo que adónde creía que iba. Me dijo que ella es superior a mí y que no tenía derecho ni a mirarla, y mucho menos a dejarla con la palabra en la boca. Luego me tiró al piso y me decía que no me pasara de lista, y ahí fue cuando llegó la profesora y me salvó.

La chica seguía llorando. Luego la directora le dijo que podía irse, y era el turno de Abigail.
Cuando ella pasa, sigue muy enojada, se le notaba demasiado. Se sienta.

-Mire, señorita Sofía -la miro raro, pensando que se había equivocado de chica.

-Prefiero que me llame Abigail. Solo las personas cercanas a mí me llaman así -ah, ok, debe ser su segundo nombre.

-Bueno, como sea, señorita Laurent, la situación es que no me hace falta su lado de la historia, porque en su expediente dice que ya tuvo muchos problemas, y en todos los colegios a los que fue la tachan como una chica problemática, lo cual acabamos de comprobar. Así que usted queda suspendida por dos semanas. Estará en contacto con sus profesores para que le pasen las actividades hasta que se reincorpore.

Yo estoy completamente de acuerdo, ya que es una chica problemática, egocéntrica, muy conflictiva, y encima maltrata a los demás. Esto no puede ser. Al parecer, lo que tiene de linda, lo tiene de mala persona.

-¿Entendido? -dice la directora. Abigail se levanta de su asiento y golpea el escritorio.

-¡Pero esto es injusto! Ella me provocó y el cúter que vio la profesora era de la estúpida esa.

Esa actitud me sorprende; ¿cómo puede faltarle el respeto así a la directora?

-No importa lo que usted crea justo o no, Abigail. Aquí no manda usted, así que cállese y obedezca -le digo ya enojada.

Ella se da la vuelta y se va, dando un portazo.

-Gracias por informarme, ya se puede ir.

Asiento y me voy a seguir con mis clases.

Cuando llega la hora de irme, recibo una llamada de Emily.

-Hola Emily, ¿qué pasa?

-¡A que no sabes lo que me acabo de dar cuenta!

-¿Qué?

-¡La modelo y profesora de la que te hablé se mudó enfrente de tu casa! Ahora la podré ver todos los días cuando vaya, ¡y te juro que en persona es aún más hermosa!

-Me alegro mucho por ti, pero no vas a ir todos los días a mi casa solo para verla. Pero bueno, Emily, espero que puedas enamorarla pronto -digo entre risas.

-¿Tú crees que tenga oportunidad de que mínimo note mi existencia?

-Emily, no seas tonta. Nadie es inalcanzable. Bueno, me tengo que ir, después hablamos, ¿sí?

-Sí, pero no olvides que mañana es la primera clase. Nos vemos a las 8 en tu casa para ir, ¿okey?

-Sí -digo, y cuelgo.

Cuando estoy yendo a mi casa, veo un perro blanco corriendo hacia mí. Me asusté, creí que me iba a morder, pero solo me salta encima y me tira al suelo. No me muerde, sino que empieza a lamerme la cara y a pedir mimos.

-¡Oliver! -se escucha una y otra vez, son las voces de unos cinco hombres.
Un hombre se acerca a mí y me quita el perro de encima.

-Gracias a Dios que estás aquí, Oliver. Tu dueña nos mataría a todos si no te encontráramos. Sabes que puede ser muy dura cuando se enoja.

El hombre me mira y me ayuda a levantarme.

-Disculpa por lo del perro.

-No te preocupes. Bueno, ve a llevar al perro con la dueña o se enojará -le digo riendo.

-Ella es muy buena en realidad, solo que, bueno, cuando se enoja mucho, nadie la frena. Agradezco que hoy no esté taaaan enojada. Bueno, me tengo que ir.

El hombre se da la vuelta y el perro se vuelve a escapar.
Empieza a correr hasta una chica y le salta encima. Cuando veo a esa chica... ¡es Abigail!

-Jefa, discúlpeme, se nos escapó, pero no volverá a suceder.

Se cómo eres Donde viven las historias. Descúbrelo ahora