Narrado por Aurora
Estaba en la casa de Abigail. Era enorme, más de lo que había imaginado. Seguramente sus padres se la habían comprado.
Cuando llegamos al patio trasero, vi una piscina inmensa.
La casa era impresionante... pero más impresionante se veía ella.
Abigail se metió en la piscina con una naturalidad que me dejó mirando de más.
—¿Bueno, a qué viniste entonces? —preguntó, nadando tranquila.
Me aclaré la garganta y le conté todo lo que había pasado esa mañana con la chica que había estado con ella.
—¿De verdad Dana hizo eso? —me preguntó, mirándome como si no terminara de creerme.
—Ok, entonces... ¿usted dice que no fue quien tomó las fotos? —preguntó.
Asentí con la cabeza.
—Pero si apenas conozco al profesor Fernando... ¿por qué lo haría? —agregué.
Ella se quedó pensativa, confusa.
En ese momento, se acercó una mujer con un teléfono en la mano, tapando el micrófono.
—Señorita Abigail, la llaman por teléfono.
Abigail ni siquiera la miró, solo respondió con desgano:
—Diles que no estoy, no quiero seguir discutiendo con la prensa.
—No es la prensa. Es Thomas. Parece algo alterado —insistió la mujer.
En cuanto escuchó eso, Abigail salió rápido de la piscina, agarró una toalla, se secó las manos y atendió el teléfono.
¿Thomas? ¿Otro de sus amantes?
—Hola, Thomas, ¿cómo estás? ¿Qué pasó? —dijo, en un tono que me sorprendió: se notaba preocupada.
—Ok, ok, en unas horas estaré ahí —añadió, mientras ponía la llamada en altavoz y seguía secándose.
Se escuchó la voz de un chico:
—Hermana, ¿qué hago ahora? Se pelearon y me echaron de la casa, no sé a dónde ir.
¿Hermana?
¿Abigail tiene un hermano? Nunca la había escuchado mencionarlo.
—No te preocupes. Ve a casa de Sara. Dile que si te puedes quedar allí hasta que yo te pase a buscar. Cuando vengas, vivirás conmigo —dijo Abigail, mientras le pedía a la mujer que le preparara una maleta para cuatro días.
—¿Pero y la escuela? Estoy en el último año, no la puedo dejar —se escuchó decir al chico.
—La terminarás aquí. Te cambiaré de escuela —respondió Abigail con firmeza, aunque en su rostro se notaba la preocupación.
—¿Sabes cómo hacerlo? —preguntó Thomas.
—No, ni idea. Pero tranquilo, lo lograré —dijo, intentando sonar segura.
Finalmente, cortó la llamada y me miró.
—¿Tienes algo que hacer los próximos cuatro días? —preguntó de repente.
La miré confundida. ¿Quería que la acompañara? ¿Acaso no me odiaba?
—Tengo clases hoy y mañana —le respondí.
—Ven conmigo. Ayúdame con los papeles para cambiar a mi hermano de escuela. Te pagaré por día lo que cobras en un año. Piensa: en cuatro días cobrarías cuatro veces tu salario anual. Solo di que estás enferma o que murió algún familiar, no sé —dijo sin dudar.
¿Me pagaría tanto dinero?
No quería aprovecharme de su necesidad... pero ella misma lo ofrecía.
—Está bien, iré contigo —acepté.
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Se cómo eres
Romansaesta historia trata de un profesora buena y amable con todos conocida como una de las profesoras más queridas de la universidad y de una chica nueva en esa universidad es una modelo famosa y reconocida por su belleza y carisma pero tambien por su fo...
