Narrado por Aurora
La ciudad nos recibió envuelta en una calma tibia después del viaje. Thomas y yo apenas hablamos durante el trayecto, cada uno perdido en sus pensamientos.
Cuando llegué a casa, el silencio fue abrumador. Desempaqué mi ropa lentamente, como si eso pudiera alargar un poco más el eco del fin de semana. Luego me metí bajo la ducha. El agua caliente cayendo sobre mi piel me ayudó a despejar la mente, pero no logró borrar el cansancio que arrastraba desde adentro.
Decidí no resistirme más: me dejé caer en la cama, envuelta en sábanas limpias, y cerré los ojos con la esperanza de que el sueño me desconectara del torbellino de pensamientos.
Mañana sería lunes, el primer lunes real del año laboral. No podía darme el lujo de faltar. Apenas era la segunda semana de enero y ya sentía el peso de todo lo que estaba por venir.
Cuando sonó el despertador, el mundo todavía parecía borroso. Hice mi rutina matutina mecánicamente: ducha rápida, café apurado, bolso al hombro. Al llegar a la escuela, el olor a tiza, papel y café rancio me envolvió como un viejo abrigo familiar.
Pasé un buen rato revisando tareas, intentando concentrarme, bebiendo café tras café, hasta que llegó el momento inevitable: dar clases.
La clase donde estaba ella.
Abigail.
Mi corazón latía con un nerviosismo tonto mientras caminaba por el pasillo. No sabía qué esperar. ¿Me ignoraría? ¿Fingiría que nada había pasado entre nosotras? ¿O sería peor?
Cuando entré al aula, el murmullo de los alumnos se apagó por un momento. Saludé en general, sin atreverme a mirar hacia el asiento de Abigail.
Tomé la lista con manos que me temblaban apenas.
— Sofía Abigail... —pronuncié, sin pensar.
Una voz respondió:
— Profesora, Abi entrará más tarde. Está en dirección.
Me detuve.
— ¿Se metió en problemas? —pregunté, intentando sonar casual.
— No, sólo tenía que arreglar unos papeles —dijo otra voz, despreocupada.
— Ok...
Intenté sonreír, pero sentí el peso de algo que no sabía nombrar apretándome el pecho.
Continué con la clase, pero mi atención flotaba en otro lado. No verla me llenaba de un vacío extraño.
Finalmente, dejé unas actividades para los chicos y salí del aula, siguiendo un impulso que no quise cuestionar.
Caminaba hacia dirección cuando los vi.
Abigail abrazaba a un hombre.
Un hombre que no conocía.
— ¡Lo logramos! ¡Gracias, muchas gracias! —decía ella, su voz brillando de felicidad.
— Te dije que no te preocuparas, princesa —respondió él, acariciándole el cabello.
Princesa.
¿Quién era él? ¿Por qué esa ternura en sus gestos?
El corazón me dio un vuelco doloroso.
— Ahora sólo tengo que hablar con Thomas y Jana —dijo Abigail—, pero un año no es tanto.
— Para nada —rió él—. Ve a clases, princesa. Recuerda: esto es único en la vida, no lo desperdicies.
Ella lo abrazó más fuerte, como si no quisiera soltarlo nunca.
— No te preocupes. Sé que esto no pasa dos veces.
Lo besó en la mejilla, ligera y luminosa como sólo ella podía serlo, y se alejó caminando hacia el aula, dejando atrás un aroma suave, dulce, que parecía impregnado en el aire.
ESTÁS LEYENDO
Se cómo eres
Romanceesta historia trata de un profesora buena y amable con todos conocida como una de las profesoras más queridas de la universidad y de una chica nueva en esa universidad es una modelo famosa y reconocida por su belleza y carisma pero tambien por su fo...
