Narrado por Abigail
Volver a casa después de una semana en la cabaña fue como despertar de un sueño raro y cálido. Jana conducía mientras yo miraba por la ventana, absorta en mis pensamientos. El aire era distinto, más denso, más real. A pesar de que disfruté cada momento con mis amigas, había algo en el fondo de mi pecho que me tironeaba con fuerza hacia otro lugar, hacia otra persona. Sabía que volver significaba enfrentarme con todo lo que había dejado pausado: mi trabajo, mi rutina, y sobre todo... Aurora.
La pensé durante días pensé en como me siento trate de descifrar como se siente ella pero no llegue a nada lo único que sabía era que todo lo que acumule durante mucho tiempo quería salir.
Cuando llegamos, lo primero que hice fue ir a buscar a Lia. Su risa me llenó el alma. Se tiró a mis brazos como si me hubiese extrañado igual que yo a ella. La abracé fuerte, respirando su olor, grabando en mi piel cada segundo. Noa estaba ahí también. Me saludó con una sonrisa que era parte rutina, Nunca fuimos pareja más bien dos personas con el mismo sueño,tener un bebé ,pero Charlamos un rato. Ella me contó cómo se comporto portó Lia, yo le hablé un poco del viaje y de todo lo que hicimos. Fue tranquilo.
Volver al restaurante que más visito fue raro. Mis empleados me abrazaron, me llenaron de preguntas, de bromas, de anécdotas. Me sentí querida. Y sin embargo, había algo que me inquietaba. Sabía que al día siguiente tenía que volver al colegio. Y eso significaba ver a Aurora.
No dormí bien esa noche. Me revolvía entre las sábanas pensando en su rostro, en su voz, en lo que siento cada vez que la veo ,Todo en ella me dolía, como una herida mal cerrada. Y al mismo tiempo... la extrañaba. Maldita sea, la extrañaba.
El lunes, cuando crucé la puerta de la escuela, mi corazón latía tan fuerte que me dolía el pecho. Saludé a algunos colegas, a los chicos de siempre. Y entonces, la vi.
Aurora estaba en la entrada del edificio administrativo, hablando con la sub directora. Estaba distinta. Más flaca, o quizás más pálida. Pero sus ojos... esos ojos seguían siendo los mismos. Cuando me vio, se congeló. Literalmente. Su rostro se tensó y algo dentro mío se quebró. No podía seguir evitándolo.
Me acerqué despacio. Ella dijo mi nombre apenas en un susurro. Yo la miré fijo, intentando no caer, no gritar, no besarla. No sabía qué hacer. Nos quedamos ahí paradas, frente a frente, en medio del murmullo de los estudiantes que entraban. Nadie más importaba.
—Abi —dijo, con la voz rota.
—Hola, Aurora.
Silencio. De esos que se clavan entre los huesos.
—¿Podemos hablar? —preguntó. Y por un segundo, vi en sus ojos todo el dolor del mundo.
Asentí. La seguí a su oficina. Cerró la puerta. Respiró hondo. Su cuerpo temblaba un poco.
—No sé cómo empezar —dijo, bajando la mirada.
—Entonces no empieces desde el principio —le contesté—. Empezá desde lo que te quema.
Y ella lloró. No como se llora de forma controlada, no como se llora en privado. Lloró como se llora cuando se lleva demasiado tiempo sosteniendo un muro. Me habló de la culpa, de los vacíos, de las pesadillas. Me dijo que no recordaba lo que había pasado aquella noche con Megan, que se había despertado desnuda, mareada, con marcas en el cuerpo que no podía explicarse. Que el asco y la confusión la habían carcomido durante años. Que el reencuentro con Megan fue un golpe, una herida que reabrió todo.
—Me citó —dijo—. Megan me citó. Me dijo que me había drogado. Que lo hizo porque me amaba, porque sabía que era la única manera de tenerme. Que nunca habría podido estar conmigo si no era así. —Su voz se rompía mientras hablaba—. Me pidió perdón llorando, diciendo que fue una idiota, una enferma. Yo... no supe qué hacer.
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Se cómo eres
Romansaesta historia trata de un profesora buena y amable con todos conocida como una de las profesoras más queridas de la universidad y de una chica nueva en esa universidad es una modelo famosa y reconocida por su belleza y carisma pero tambien por su fo...
