Narrado por Abigail
Después de buscar a Oliver por todos lados, mi guardaespaldas lo encontró y, finalmente, Oliver me encontró a mí. Pero al ver a mi profesora con toda la ropa manchada por las patitas de Oliver, me dio mucha vergüenza.
"Disculpe, por qué mi perro manchó su ropa Déjeme ayudarla", eso era lo que quería decir. Pero al mirarla, recordar lo que había pasado y sentir la vergüenza del momento, solo logré decir:
—Ash, parece una recogedora de basura. —Le di dinero a mi guardaespaldas—. Acompáñala a comprarse algo decente.
Abrí la puerta, dejé pasar a Oliver, y cuando estaba por subirme a la camioneta, escuché:
—¿Quién te crees para tratarme así? ¡No quiero tu dinero!
—¿Tratarte cómo? —la miré y levanté una ceja, sin entender de qué se quejaba.
—¡Pues así! Como si fuera una cualquiera.
La miré y me reí. Se veía muy bien enojada.
—¿Y qué tienes tú que te haga dejar de ser una cualquiera? Eres solo una profesora, sin nada interesante, sin nada especial, nada que me importe. —La miré de arriba a abajo con desprecio.
—Bueno, tengo cosas más importantes que hacer que estar aquí con usted, señora —le dije mientras me subía a la camioneta y me iba.
Al llegar a casa, preparé la clase que iba a dar al día siguiente, luego comí algo y me fui a acostar.
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A la mañana siguiente, me desperté, hice mi rutina matutina, fui al gimnasio, y al salir de allí corrí dos cuadras. Fue entonces cuando me tropecé con una chica.
—Discúlpame, no te vi. ¿Estás bien? —le pregunté.
Ella solo me miró.
—¡Ay no! —exclamé al ver su rodilla, que estaba sangrando—. No es grave, pero igual me preocupé.
—Tu rodilla está sangrando, ¡mierda! Perdón, de verdad, no fue mi intención. Déjame curarte. —Ella miró su herida y casi se desmaya.
—Hey, hey, linda, por favor no te desmayes, ¿sí? Solo mírame a mí, ¿okey?
—¿Tú eres Abigail, la modelo, o estoy alucinando por el golpe? —preguntó ella.
—Sí, soy yo, pero eso no es importante ahora. Déjame llevarte a mi casa para curarte la herida —ella asintió.
Llamé a uno de mis guardaespaldas:
—Hola, ven a buscarme con mi auto. Estoy a dos cuadras del gimnasio. Ven rápido.
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—Vamos, siéntate en esa silla —le dije al llegar.
Fui a buscar el botiquín de emergencias, agarré alcohol, gasas, algodón y cinta médica. Mojé el algodón con alcohol y se lo pasé por la herida.
—¡Ay! —se quejó.
—¡Perdón, perdón! —me puse nerviosa.
—No pasa nada, no te disculpes —me dijo.
—Pero mira tu rodilla, ¿cómo no disculparme si fue mi culpa?
—No fue tu culpa, yo también iba distraída.
—Gracias por intentar hacerme sentir menos culpable, pero sé que fue mi culpa —le dije.—Cuéntame sobre ti, así te distraes un poco mientras continúo, ¿okey?
—Okey —respondió sonríendo.
—¿Cómo te llamas? —pregunté mientras le curaba la herida.
—Me llamo Emily —dijo mientras se quejaba y tapaba su cara para no ver la sangre.
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Se cómo eres
Romansaesta historia trata de un profesora buena y amable con todos conocida como una de las profesoras más queridas de la universidad y de una chica nueva en esa universidad es una modelo famosa y reconocida por su belleza y carisma pero tambien por su fo...
