Narrado por Aurora
El motor del auto ronroneaba en la noche mientras mis manos firmes sujetaban el volante. A mi lado, Abigail luchaba contra los estragos de una noche demasiado larga, demasiado llena de todo lo que no debería haberse permitido.
Ella no podía manejar; su mirada perdida y su voz pastosa me lo habían dejado claro. Y aunque mis dedos temblaban de rabia contenida, no iba a dejarla sola.
—No me estás escuchando... —murmura con un hilo de voz.
—No sabes lo que dices —le contesto, manteniendo la vista en el camino.
—Claro que sé —se empecina—. Sé que te amo.
La declaración se estrella contra mi pecho como un relámpago. En otro momento habría sentido que el alma se me salía de pura felicidad. Ahora, solo siento una tristeza densa que me llena el cuerpo.
—¿Sabes qué? —dice de repente.
—¿Qué? —respondo, sin atreverme a mirarla.
—Te mentí.
—¿En qué?
—Cuando te dije que lo nuestro solo fue sexo... —hace una pausa, sus labios tiemblan—. Para mí también fue más que eso.
No sé qué decirle. Solo la miro, con el corazón hecho trizas.
—Aurora, eres muy especial para mí. Nunca me había sentido así antes.
—Abi, basta —le pido, rogando por dentro—. Basta de decir cosas que mañana vas a olvidar, que vas a negar.
Ella ríe sin alegría.
—No importa... Me voy en dos días. Haré lo que sea para sacarte de mi cabeza.
—No quiero que me olvides —digo, casi en un susurro que no sé si es para ella o para mí misma.
—No tengo elección. No puedo amarte como lo hago. No quiero volver a caer.
Ya casi estamos llegando a su casa. El silencio entre nosotras pesa toneladas.
—No, no, no... ¡Por favor, no! —se queja cuando ve que estaciono frente a su puerta.
—¿Por qué?
—No quiero que Thomas me vea así... Estoy drogada, sí, pero no soy estúpida.
—¿Entonces qué hacemos?
Ella saca su teléfono, torpe, y marca.
—¿Félix? ¿Estás en la ciudad?
—Sí, princesa. ¿Qué necesitas?
—¿Puedo quedarme en tu departamento esta noche?
—Abi, no estoy solo. Pero tienes mi otro departamento si quieres. Está algo lejos...
—¿Quién es el afortunado?
—No importa... ¿Quieres o no?
—No, gracias igual.
Corta la llamada y suspira.
—Supongo que tendré que ir a casa.
Conduzco hasta la puerta. Ella baja, tambaleándose como si sus piernas no fueran suyas. Corro a su lado antes de que se derrumbe.
—Vamos, te ayudo.
—Pero en silencio —me recuerda, poniendo un dedo tembloroso en sus labios.
La sostengo mientras subimos a su habitación. Cuando la acuesto en su cama, ya me dispongo a irme.
—Espera... ¿Me pasas las pastillas del cajón?
—¿Qué pastillas?
—Las de la caja azul.
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Se cómo eres
Romanceesta historia trata de un profesora buena y amable con todos conocida como una de las profesoras más queridas de la universidad y de una chica nueva en esa universidad es una modelo famosa y reconocida por su belleza y carisma pero tambien por su fo...
