cap5

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Narrado por Aurora

Sigo a Abigail adentro de su casa. Todavía estoy empapada del agua de la piscina que le gotea desde el cabello hasta la espalda. Cada paso suyo deja un pequeño charco en el piso de madera, pero a ella no parece importarle. A mí tampoco. Tengo la cabeza hirviendo.

Cuando llegamos a la sala, ella se da la vuelta de golpe.

—Habla —dice cortante, cruzándose de brazos.

Me la quedo mirando. Se ve increíble: el cabello mojado pegado a su piel, el traje de baño oscuro resaltando su figura. Y esa mirada de odio contenida, esa furia a punto de explotar.

Trago saliva.
No vine para quedarme callada.

—Primero —digo, acercándome un paso—, ¿qué carajos hace tu novia viniendo a amenazarme a la puerta de mi casa? ¿Qué se cree? ¿Una matona de barrio?

Abigail entrecierra los ojos.

—¿Dana fue a tu casa? —pregunta, pero sé que no lo duda. Lo sabe.

—Sí. Fue. —Me cruzo de brazos también, imitando su postura—. Me gritó que me aleje de ti. Que "Sofi" es suya.

El nombre la golpea. Lo veo en sus ojos.
Sofi. Su segundo nombre.
Su lado más vulnerable.
Ese que no deja que nadie toque.

—¿Qué esperabas? —suelta ella, dando un paso hacia mí—. ¿Después de lo que hiciste? ¿Después de filtrar esas fotos?

Supe que se filtraron fotos suyas  o esa chica pero no fui yo además que esa chica nos vio en el baño evidentemente muy cerca pero no puedo escuchar lo que hablamos por qué si no sería inutil reclamarme que me aleje y estaba celosa,está loca
La rabia me sube como un golpe de calor.

—¡¿Perdón?! —exclamo—. ¡Yo no filtré nada! ¡No tengo nada que ver!

—¡Mentira! —grita ella. Sus mejillas están rojas, de enojo, de vergüenza, de algo que no alcanzo a entender—. ¡Fuiste tú! ¡Tú nos viste! ¡Tú sacaste las fotos o mandaste a alguien! ¡Todo el mundo habla de mí ahora!

—¡Te estás equivocando! —le grito de vuelta—. ¡Yo no tengo que arruinar tu vida, Abigail, ya lo haces sola!

Estamos tan cerca que puedo sentir su respiración agitada.
Me mira como si quisiera matarme.
Yo la miro como si quisiera...
No sé. No sé qué quiero.

Sus ojos bajan a mis labios un segundo.
Mi corazón late como loco.
Ella también se da cuenta.
Ambas lo sentimos.
Ese instante cargado de rabia, dolor... y algo más.

Su mano sube apenas, como si fuera a tocarme.
Yo no me muevo. No puedo.
Una parte de mí quiere besarla.
Otra quiere gritarle más cosas horribles.

Pero Abigail baja la mano antes de tocarme.
Da un paso atrás.

—Lárgate —dice con la voz quebrada. No es una orden fuerte. Es casi un ruego.

Me quedo quieta, mirando sus ojos llenos de dolor.

—No te quiero hacer daño —murmuro, tan bajo que no sé si me escucha.—vete—

Pero ya no importa.
Doy media vuelta y salgo de su casa, cerrando la puerta de un portazo que retumba en todo el barrio.

Mientras camino a mi casa, siento el nudo en el estómago crecer.
Y sé, muy en el fondo, que esto...
Apenas está empezando.

Narrado por Abigail

Cuando la puerta se cierra de un portazo, me quedo ahí parada.
Mojada, temblando.
Sola.

Camino despacio hasta el sillón y me dejo caer.
Miro mis manos... están cerradas en puños tan fuertes que las uñas casi me cortan la piel.
No entiendo por qué.
No entiendo por qué siento que me acaban de arrancar algo del pecho.

Me paso las manos por el cabello mojado y me obligo a respirar hondo.

No vas a llorar, Abigail.
No otra vez.
No frente a nadie.
Nunca.

Lloro sola o no lloro.
Así debe ser.
Así aprendí.

Miro hacia el techo, parpadeando rápido para no dejar que las lágrimas salgan, pero el nudo en la garganta es demasiado grande.
Siento que todo me pesa.
La entrevista.
Las fotos.
Dana.
Aurora.
Todo.

Me cubro la cara con las manos y dejo que un sollozo se me escape.
Uno solo.
Pequeño.
Rápido.

Después me obligo a parar.
Me limpio el rostro con rabia, como si pudiera borrar todo lo que siento.
No soy débil.
No soy débil.
No soy débil.

Eso es lo que repito en mi cabeza mientras me levanto.
Mientras subo las escaleras a mi habitación.
Mientras me encierro, como hago siempre que el mundo pesa demasiado.

Me tiro en la cama y me abrazo a mí misma.
Y aunque no quiera admitirlo, la única imagen que tengo en mi mente...
es a Aurora.
Mirándome.
Con esos ojos que parecían ver más allá de todo lo que finjo ser.

Y eso me asusta.
Más que cualquier otra cosa.

Narrado por Aurora

Cuando cerré la puerta, me apoyé en ella, respirando hondo.
¿Qué mierda acaba de pasar?
¿Por qué me sentí así al verla?
¿Por qué tartamudeé?
¿Por qué me quedé mirándola como una estúpida?

Me aparto de la puerta, caminando rápido hacia la cocina.
Necesito agua.
O alcohol.
O un golpe en la cabeza que me haga olvidar lo que vi.

La imagen de Abigail en bikini, con gotas de agua bajándole por la piel, vuelve a mi mente.
Sacudo la cabeza, molesta.
No, no, no.
Ella es Abigail.
La misma Abigail que me hizo la vida imposible en clases.
La misma que es una egocéntrica insoportable.

Sirvo agua temblando un poco y me obligo a tomar un trago.
No entiendo por qué me siento así.
No entiendo esta necesidad ridícula de querer consolarla cuando la vi tan... frágil.

Frágil.
Nunca pensé que usaría esa palabra para describirla.
Pero ahí estaba.
La imagen de ella, sola, sus ojos rojos, su expresión quebrada.
Esa máscara de perfección, resquebrajándose frente a mí.

Y yo...
Yo solo quise abrazarla.

¿Qué me pasa?

Respiro hondo.
No, Aurora.
No vas a caer en esa trampa.
Abigail no es tu responsabilidad.
Ella tiene su vida, su novia, sus mentiras.
Que se arregle sola.

Aún así, por más que lo repito en mi cabeza...
por más que intento convencerme de que no me importa...
hay una parte de mí que sigue pensando en sus lágrimas.
En lo sola que se veía.

Miro mi celular.
Tengo un montón de mensajes de Emily preguntando si voy a llegar al café.
Contesto rápido que sí, que ya voy.

Pero antes de salir, me detengo un segundo frente al espejo.
Me miro.
Y veo algo que no me gusta:
esa maldita preocupación en mis propios ojos.

Por ella.

Por Abigail.

Suspiro.
Me pongo la chaqueta.
Y salgo, esperando que un café y la charla con Emily me ayuden a olvidar a la única persona que no debería importarme.



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