XIX

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Hace tiempo pienso.
Te veo tan feliz con ellos, quienes creí que eran mis amigos. Y lo son, sólo que no me acostumbro... ¿tanto quiero ser el centro de atención, o que estén conmigo? No tengo por qué quejarme, honestamente... ellos la están pasando bien contigo y yo no me uno sólo porque no entiendo de lo que hablan. No se, me siento tal vez excluido, pero no le veo problema... pronto estaré leyendo como hacía antes cuando estaba solo. Por el momento, me concentro en mi teléfono; mi pantalla que me distrae de la conversación que tienes con ellos, en la cual yo me siento excluido.

No se qué pensar...

¿Verdaderamente estoy fuera del grupo o es temprano para anunciarlo? Probablemente sea muy temprano, me dirán que estoy exagerando, que me encierro a mi mismo en un sitio sin salida alguna y me alejo de la gente de esa manera, pero llega a un punto en que... no lo hago queriendo. No opino en la conversación si es que escucho algo de mi interés para no dañar el sentimiento de nadie si estás tú, me pongo a mi mismo un broche en la boca para no hablar, para no opinar. Pienso que mi voz no tiene valor en tu conversación, así que no la utilizo, no gasto oxígeno en palabras las cuales podrían ser dañinas o inútiles para la situación.

... me siento raro últimamente. No se qué sentir, no se si estoy mal. Muchas cosas nuevamente están pasando y me guían a pocos pensamientos de salida en la habitación oscura en la que estoy. Trato de liberarme, de zafarme de las cadenas que me retienen, de pedir ayuda... pero mi voz está seca. No siento mi garganta, como si me faltase agua... y una vez tengo el agua, siento que me ahogo en la misma, pierdo el poco oxígeno que me queda y termino por no pedir ayuda, no hablar. Las cadenas siempre me retienen de intentar irme de aquel lugar, de intentar escapar. Cuando las cadenas no me retienen, me encuentro con otra habitación la cual está muy oscura, fría... siento como mi piel se pone de gallina al sentir la misma, al entrar a esta habitación. Es como si un viento frío, fuerte golpease tu rostro, secándolo de cualquier obstáculo anterior y abriéndote paso a uno nuevo; el mismo viento se transforma en una venda para tus ojos, que por más que tanto intentes sacarla, es aquello que te retiene en la habitación tan húmeda, fría, desolada y oscura en la que estás, siendo esta la mismísima habitación de la gran soledad.

Exactamente así me siento cuando estás tú, tantas cosas de las que hablas y yo me encierro en una habitación con llave, donde cada que quiero cambiar de tema; siento que tu sales con otro y cierro mi boca por completo. Tal vez lo que estoy sintiendo son celos... jamás quise sentir celos, verte tan feliz con esa persona... poco a poco le estoy comenzando a agarrar odio en cierto modo, y pensar que fue la misma persona que yo conocí primero, antes que tú, pero que ahora me esta jugando una mala pasada... me siento como alguien que actualmente odio, me siento en la posición de otra persona, excluido de mi grupo... si hay algo de lo que siento, es una mínima empatía a esa persona a quien tanto odio actualmente, un entendimiento de la posición en la que aquella vez esa persona estaba. Sin embargo, no dejó de odiarla, como no dejó de comenzar a querer alejarme de ti, te considero una especie de rara amenaza... no sabría como decirlo, pero cada vez que te acercas mi cuerpo dice que me aleje, por más que no lo haga porque soy amable.

Tantas ideas para expresar, sin embargo sólo es una pizca de inspiración con la que cuento... nos vemos en el próximo capítulo 🥀

Las cosas que pasan...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora