Éxito constante, o el simple hecho de la perfección.
Siempre quise ser esa luz al final del túnel.
La última esperanza de la gente; a aquel que van a tener que recurrir cuando solo les queda la soledad desalmada que es capaz de petrificar incluso los corazones más radiantes y entusiasmados. Pero hace tiempo aprendí que no voy a ser esa luz nunca. Y por eso cambié de objetivo.
Mi objetivo no es fácil, pues nunca fue fácil subir mil y un escalones de éxitos y desafíos que tienes que superar para lograr los mismos. Llegar a la cima y poder ver los pájaros volar en lo alto siempre fue mi sueño, pero... nunca pensé que estas escaleras me cansarían tanto.
No hay un elevador para que el viaje al éxito constante sea algo agradable; y las escaleras cada que subes más, comienzan a ser más sofocantes, más pequeñas... no tienes margen de error allí arriba.
Y sin embargo, cuando llegas y tienes todo el espacio que quieras; todo el oxígeno que desees, toda la libertad que alguna vez quisiste junto al éxito...
... te sientes vacío.
No hay nadie allí para acompañarte, para motivarte a seguir; la gente que estaba en las escaleras la ignoraste al estar centrado en seguir subiendo, y subiendo. Tu propia avaricia fueron los tapones de oídos que no te dejaron escuchar las advertencias de lo que habría arriba, y ahora estas aquí.
Ya es tarde para volver atrás, la puerta de las escaleras está bloqueada por completo; y lo único que queda por desear es que alguien haga compañía a esa profunda soledad...
... pero no hay nadie.
La nada es lo único que hay, un vacío interminable que se extiende por el horizonte celeste que tanto anhelabas ver cuando estuviste en el inicio de las escaleras. El cantar de los pájaros no es como te lo imaginabas, los mismos solo suenan muy cada tanto; y si es época de invierno, olvídate de ellos; lo más probable es que hayan migrado.
Y esa soledad devastadora es tu única compañía, pero en la misma te preguntas si alguna vez podrás salir de allí. Es entonces cuando el foco que tantas veces fue encendido en las escaleras de éxito se alumbra, pero con su luz deteriorada; y señala con su bajo resplandor el borde del edificio.
... Nada que perder, es lo que más te lleva a dar un paso al frente en el mismo. Tu corazón se acelera en la adrenalina de querer seguir, pero ahora tus ojos tienen otra venda más esperanzadora: la libertad. El deseo de poder romper las cadenas que te retienen en el "paraíso"; o en lo que pensaste que sería el lugar de gloria, pues más bien resultó como un espacio vacío. Y resulta que el simple hecho de saltar, de volver a donde estabas antes, es tu única luz al final del túnel oscuro que te rodea.
Tu cuerpo se abalanza hacia el vacío desconocido que te espera de brazos abiertos, el cual finalmente te guiará al mismo lugar del inicio; pero donde estabas en paz.
La gente de las escaleras resuenan en el fondo de la caída libre; los "te lo dije" son evidentes, y entre ellos muy pocos demuestran una preocupación genuina, o el hecho de querer salvarte. Todos quieren tener la razón, y a pesar de saber bien que la tienen; ni siquiera se esfuerzan por extenderte una mano con tal de sacarte del abismo que te rodea.
... así vuelves abajo del todo.
La cima ahora esta en las alturas, es lejana a tu alcance; y no pudiste evitar sentirte aliviado, reconfortado... jamás pensaste que verdaderamente podrías llegar de nuevo abajo, pero acá estás.
Lágrimas esperanzadoras son las que caen por tus mejillas, y sólo ahí abajo pudiste sentir el comfort de un abrazo de un ser querido; que a pesar de que te hayas ido tan lejos, a pesar de que estuvieras cegado en tus ambiciones,...
Te sigue queriendo.
No existe tal hecho como ser perfecto o el éxito constante... y si lo hubiera, ¿qué sentido tendría? Aprender es una parte de todo camino largo, algo fundamental que siempre está presente, por más que no lo parezca.
