XXI

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Como tú, nadie.

Estos días... hay un vacío. Un abismo en mi propio interior que no me deja pensar de forma concreta, donde cada pequeña acción simplemente... me irrita, me enoja. Hace nacer un fuego potente en mi que ilumina el abismo de mi corazón. No me siento igual a siempre, y nuevamente ese sentimiento de lejanía se siente. Pero en vez de provocarlo alguien más, como solía pasar eventualmente con anterioridad, lo estoy provocando yo. Pero tengo mis razones para hacerlo...

No puedo verte con los mismos ojos que antes, con la misma sonrisa..., tu presencia se siente humillante, molesta. No entiendo cómo, o por qué, me irrita tanto últimamente que estés al lado mío; que me hables o el simple hecho de que tengamos incluso el más mínimo contacto físico. Y te lo expreso, cada día te digo que basta, que pares, que dejes de molestarme un rato.

Pero seguís.

Y no sabes, en serio, cuanto me incomoda y molesta eso. Jamás pareces darte cuenta de que verdaderamente estoy enfadado, pues tantas veces me escuchaste gritarte que pares que solo... no haces caso. No haces nada más que estar y molestar; y la realidad es que ya llega un punto en que comienza a ser exhaustivo, escucharte solo parlotear de ti mismo como si fueses el centro del mundo o incomodar a los demás para obtener su atención, sintiéndote por eso importante. Me siento impotente al no poder hacer nada, al solo poder desear que me trague la tierra y esperar a que pase la jornada escolar para poder estar mínimamente tranquilo.

No entiendes, o no pareces entender, cuando te ruego con un grito que me dejes un rato, que te salgas de mi asiento, que dejes de molestar por UN SEGUNDO. No lo comprendes. Y lo único que haces con eso es querer que me aleje, no querer verte más al rededor mío, tener un rato a solas con mi propio subconsciente, hablando conmigo mismo..., momentos de tranquilidad como los que solía tener antes de que te pusieras tan intenso, tan insoportable... tan pesado al punto en que ni siquiera te das cuenta de que molestas a los demás; solo piensas que eres chistoso y que agradas, pero lo único que haces es desagradar.

Va a llegar un día en que verdaderamente no te voy a soportar, y que toda la rabia que tengo en mi interior va a salir de mis labios como si de una llama, el fuego arrasando todo a su paso y con lo único que te va a dejar va a ser con la ceniza del sobre pensar; quedarte reflexionando por cuánto tiempo verdaderamente me estabas molestando como para sufrir como consecuencia tal irritación por mi parte, tales palabras. Y te las vas a tragar. Te las voy a hacer tragar, por más que arda en el fondo de tu garganta; te voy a obligar a que lo hagas para que sientas exactamente lo mismo que yo, para que una laguna salada de pena y arrepentimiento te inunde y que, mientras caes al abismo desesperanzador, las heridas que deje con mis llamas ardan sin compasión.

Pero ambos sabemos, que eso no pasará temprano. Que por más que desee en lo más profundo de mi alma arruinarte, sacarte toda pizca de esperanza que tengas en tu interior y destruirte por tanto que me andas molestando, y no pareces darte cuenta; no voy a destriparte con palabras. No te voy a sacar ni la más mínima pizca de sangre... o tal vez lo haga, pero no al punto en que te desangres. No dejaré que las dagas de mis palabras se claven profundamente en ti, dejaré que vayan yendo de a poco, y que a un paso seguro logren dejar heridas. Será, tal vez, una idea retorcida... pero ¿qué mejor que lastimarte poco a poco, hacerte sufrir lentamente como lo tengo que hacer yo? Devolverte todo con palabras, tapadas de ese tono humorístico que tanto te gusta utilizar...

Ah... si. Tu tono "humorístico".

¿No te das cuenta que no todo es humor, que hay veces que molestas a pesar de que todo sea para la gracia, para la risa? Abre los ojos, por favor, y comienza a madurar antes de que yo mismo te haga salir de tu burbuja de fantasía por explotarla sin compasión con la aguja filosa de mis propias palabras. Sabes lo que puede hacer mi ira, lo que puedo hacer con mi tempestad, y sabes muy bien lo fácil que es provocarla. Sin embargo, tu ignorancia (como fruto de tu vagancia) es mayor, y no te importa ni en lo más mínimo que me enoje, o las consecuencias que puedan tener tus actos.

Pero después, apenas te digo algo, te frustras y te encierras. ¿Dónde queda ese espíritu tan humorístico, tan estúpido? ¿O es que ahora se desvaneció por completo? Porque justamente eso parece hacer... tiemblas con pavor en tu lugar, por solo escuchar mis palabras que nacieron gracias a tus bromas. ¿Por qué no lo aguantas, o es que ya no es todo color de rosas; como en tu burbuja? Incluso me llega a enfadar el hecho de que ahora estés tan mal, me haces sentir culpable de lo que hice; a pesar de que todo nació de ti, de que todo lo que digo es consecuencia de todo lo que me vengo aguantando, por estar contigo.

... por eso me estoy alejando. No te quiero tener cerca porque no te quiero lastimar, y a su vez, porque no quiero oírte. No quiero tener que aguantar lo intenso que eres; tu intensidad es demasiado para mi, y llega un punto en que es insoportable.

Espero te des cuenta, pronto, de lo que provocas. Y que eventualmente puedas arreglarlo. Pero, por como eres... se que no lo harás. Por ello, me atrevo a decir: como tú, nadie.

Las cosas que pasan...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora