El anhelo de la musa

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Suzuka emerge como una musa etérea. Su presencia ilumina el entorno, transformando lo cotidiano en algo extraordinario. Cada movimiento suyo es una danza, cada palabra un verso, y cada sonrisa una melodía que resuena en el corazón.

La luna siempre era cómplice y testigo de mis idioteces y pensamientos. Su mirada me intimidaba de cierta manera, observando cada paso que daba.

Me sentía aliviada, Suzuka pedaleaba constantemente mientras su cabello negro se movía por el viento. Sus piernas llena de benditas de hello Kitty, su mochila de peluche, brazaletes hechos a mano... Yo me aferraba a su cintura con una sonrisa idiota, disfrutaba de su fragancia. Hacia frío, mi piel se erizo.

Por un momento pensé que el mundo se detuvo, me sentía tan feliz que era incluso irreal, un sueño del cual no quería despertar.

Mientras avanzábamos por la carretera solitaria, el sonido rítmico de los pedales era lo único que se escuchaba. Las estrellas brillaban en el cielo, solo para nosotras. Suzuka giró la cabeza ligeramente, y pude ver una sonrisa en su rostro, estaba serena y con las mejillas sonrojadas debido a su esfuerzo. Suzuka, siempre atenta, me preguntó si estaba bien, y yo solo pude asentir, incapaz de expresar con palabras lo feliz que me sentía en ese momento, me aferre más a su cintura sintiendo lo cálido de su existencia, suspiré profundamente, era la euforia en su maxima expresión lo que me hizo llorar silenciosamente, lágrimas de felicidad que se secaron con el viento.

Suzuka comenzó a tararear una melodía suave, y su voz, apenas audible, aceleraba mi corazón inefablemente. Cada melodía que salía de sus labios me recordaba que era afortunada de tenerla, de poder sentirla... Era cómo una caricia para mí alma. El mundo a nuestro alrededor pareció desvanecerse dejando solo el sonido de su voz y el latido desenfrenado de mi corazón.

Mi corazón, mi corazón, ella tenía mi corazón a su antojo y no lo sabía. Nunca lo supo, y nunca lo sabrá.

Conocí a Suzuka el día de su quinto cumpleaños, solo recuerdo pequeños fragmentos, mi niñez cada vez se vuelve más borrosa a medida en la que crezco.

No sabía como se llamaba solo sabía que era la hija de la amiga de mi mamá, habia mucha gente esa tarde, familiares, amigos e incluso vecinos, ella no paraba de desenvolver regalos con una risa escandalosa.

Su madre la había empujado hacia a mi, ella me sonrió de una manera tan inocente que desde ese momento supe que iba a ser mi mejor amiga.

Le decía "Suka", no sabía leer bien no me culpen.

Con timidez le di una muñeca que mi mamá me había entregado, ese era su regalo. Fue bastante lindo ver su sonrisa y ojos brillantes en toda la tarde. No paraba de sonreír, era raro al principio pero luego me acostumbré a sus muecas.

Y a todo de ella en general.

Desde pequeña, Suzuka había demostrado ser una artista, había nacido para ello. Le encantaba el baile, la música y sobretodo la pintura. Se había unido a varios grupos de danza en su niñez, estuve en una y cada una de sus presentaciones, aplaudiendo desde un banco.

Ella tenía todo lo que yo quería: Era lista, animada, divertida, bonita y amable, además que siempre tenía un nuevo talento que demostrar.

Todo cambio cuando empezamos la secundaria, la pubertad empezó y nuestras discusiones también, era muy idiota por lo tanto siempre terminabamos en una pelea constante, aún así, siempre nos reconciliamos a la semana, incluso días después, nada muy grave.

Park llegó meses después, a Suzuka no le agradaba al principio pero después de ver sus poemas quedó eternamente fascinada (aún) por el talento del muchacho. Era raro igual que ella, y eso le fascinó aún más.

𝐋𝐢𝐭𝐭𝐥𝐞 𝐰𝐨𝐦𝐚𝐧 | 𝐒𝐮𝐳𝐮𝐤𝐚.𝐊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora