Kimura Kanon y sus ojos marrones

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| Diario de Yuri

𝐻𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑐𝑖𝑏𝑖𝑑𝑜 𝑎 𝐾𝑎𝑛𝑜𝑛 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑢𝑗𝑒𝑟 𝑛𝑜𝑠𝑡𝑎𝑙𝑔𝑖𝑐𝑎, 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑦 𝑝𝑒𝑟𝑐𝑒𝑏𝑒𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒, 𝑐𝑜𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑛𝑖𝑛̃𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑢𝑛 𝑣𝑖𝑣𝑒 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑓𝑒𝑙𝑖𝑧. 𝐸𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑎𝑠 𝑏𝑎𝑟𝑏𝑖𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 ℎ𝑒 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑠𝑑𝑒 𝑛𝑖𝑛̃𝑎, 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑣𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑏𝑖𝑒𝑛, 𝑐𝑜𝑛 𝑢𝑛 𝑐𝑎𝑏𝑒𝑙𝑙𝑜 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑜𝑠𝑜 𝑦 𝑙𝑎 𝑣𝑜𝑧 𝑚𝑎́𝑠 𝑑𝑢𝑙𝑐𝑒.

En una esquina tranquila del café Flugen Tokyo, Yuri y Kanon compartían una charla "motivacional", un intento de consuelo frente al peso que les había dejado la semana de ensayos. Kimura la miraba desde el otro lado de la mesa, sus grandes ojos oscuros empañados por el cansancio y las pesadillas que últimamente lo despertaban en mitad de la noche.

Kanon apenas respondía; sus dedos inquietos se enredaban en aquellas pulseras viejas que llevaba desde los primeros días del grupo, pulseras deshilachadas por el tiempo y el sudor de los conciertos, pero demasiado cargadas de recuerdos como para deshacerse de ellas. Las acariciaba como quien palpa una cicatriz que aún duele, aunque no sangra. Por mucho que lo había intentado, no podía quitárselas, eran un ancla a una versión de sí misma que ya no sabía si todavía existía pero que tampoco quería averiguarlo.

—¿Me estás escuchando, Kira? —preguntó Yuri, agitando las manos frente a ella en un intento por sacarla de su ensimismamiento.

—¿Eh?... Claro —respondió Kanon alzando la vista de pronto, sus ojos todavía perdidos—. La canción… continúa.

—Estuve probando la letra con la voz de Su —dijo Yuri, acomodándose en la silla—. Tal vez en algunas semanas ya podamos repartirnos las líneas… aún falta, pero vamos bien.

Al decirlo, el recuerdo de aquellas noches componiendo junto a su amiga la hicieron sonreír inconscientemente.

—Son bastante rápidas en eso —comentó Kanon, y una media sonrisa curvó sus labios. Sus dedos seguían aferrados a las viejas pulseras de tela.

Yuri la observó por un momento en silencio, intentando leerla, intentando comprender que querían decir sus palabras en sus ojos claros. Yuri mordió sus labios, debía hablar, odiaba ese tipo de silencio, más cuando la otra persona parecía inconforme.

—Te noto distinta —dijo al fin, con suavidad —. ¿Estás bien?

Kanon no respondió de inmediato. Sus dedos seguían rozando las pulseras, una por una, como si contara los años con ellas.

—No lo sé —murmuró al cabo de un rato—. A veces siento que sigo cantando para seguir viva, para no desaparecer.

Yuri entrecerró los ojos, confundida, pero no presionó. Sabía que las respuestas más profundas no siempre salían a la primera, ni siquiera a la segunda. Soltó una risa apenas audible, intentando disipar el aire denso que las envolvía.

—Bueno, si alguna vez decides desaparecer, avísame antes así yo desaparezco contigo.

Kanon sonrió, esta vez más genuina, aunque la tristeza aún se presentaba en sus ojos.

—Te lo prometo —susurró.

El aroma a café y chocolate aún flotaba en el aire cuando Benjamin Aoki dejó con delicadeza los pedidos sobre la mesa. Sonrió, cordial como siempre, pero con esa mirada suya que buscaba expresar confianza.

𝐋𝐢𝐭𝐭𝐥𝐞 𝐰𝐨𝐦𝐚𝐧 | 𝐒𝐮𝐳𝐮𝐤𝐚.𝐊Donde viven las historias. Descúbrelo ahora