A la mañana siguiente, con lo poco que pudo dormir, Dazai se encontraba cansado. Además, su claro nerviosismo y lo pensativo que se encontraba, no pasaban desapercibidos por su novio.
Fyodor estaba feliz. Había aceptado que jamás comprendería a Dazai del todo. Sintió que su novio se esforzaba a pesar de no ser el más romántico o el más expresivo. Le demostró aquello en la noche, cuando se acercó a darle la sorpresa de que irían a pintarse el cuadro que tanto deseaba.
No sabía qué fue lo que lo hizo cambiar de opinión, pero le restaba importancia. Fue a abrazarlo por la cintura, dándole un beso en la mejilla.
— Te amo. — Soltó, volviendo a lo que estaba haciendo anteriormente. Dazai, quien prendiéndose la camisa, frunció su ceño con culpa, no sabía qué tipo de emociones se mezclaban en su interior.
Pero todo se desvaneció al llegar al restaurante. En la puerta, barriendo con una sonrisa y tarareando la misma melodía de la noche anterior, se encontraba Chuuya.
Sus ojos se iluminaron ante la vista que éste le ofrecía, quedándose quieto unos instantes pero siendo estirado por Fyodor para ingresar al lugar. Volviendo a la realidad, todo era un caos.
— ¡Buenos días!— Saludó con emoción el chico ruso, logrando que Chuuya levantara la vista.
Era extremadamente alto, casi de la estatura de Dazai. Pálido, pelo lacio y con un leve tinte azulado, ojos violáceos y mirada profunda.
Hermoso en todo el sentido de la palabra. Podría ser modelo si quisiera.
Su estómago se revolvió pesadamente. Aquel chico era una musa increíble. Dazai era afortunado.
— Buenos días, bienvenidos— Sonrió— Adelante, mi hermana los atenderá con gusto.
— De hecho, más que por el desayuno, vinimos por tí.
—¿Por mí?— Chuuya preguntó, confundido.
— Tus cuadros son hermosos, queremos que nos pintes uno a mi novio y a mí. — La emoción en el rostro de Fyodor lastimaba a Chuuya, lo hacía sentir inferior de una forma ilegal. Recordó que fue él el de la idea, después de todo— Vinimos aquí por nuestro cumplemes.
— Ya veo... — Quería correr. Giró su mirada a Dazai y éste se veía terrible, no le ayudó en nada. Tal vez aquel impulso de la noche anterior, no salió como esperaba. Fue entonces que sacó sus mejores dotes de actor— Claro que sí, estaría encantado de pintarles— Su sonrisa se percibía genuina, solo Dazai notaba la forma en la que le costaba hacerla. — Pueden entrar, yo termino aquí y les aviso.
Fyodor, con el rostro iluminado, asintió. Una vez sentados y habiendo ordenado, bajo la severa mirada de la pelirroja que tomaba la orden, pudieron conversar entre ellos.
— Soy yo o la camarera se ve menos amable hoy. Ayer casi que nos sacaba fotos. ¿Por qué será?
— No lo sé— Respondió el castaño, sirviéndose un vaso de agua.
Ambos jóvenes ignoraban la batalla que se lidiaba en la cocina.
—Chuuya, ¿tú tuviste algo que ver en esto? — Habló Tachihara.
— ¿De qué hablas? ¿Cómo podría siquiera?
— Te conozco.
— Hermano— La severidad en la voz, le hizo tragar saliva— Ni siquiera lo pienses.
— Son clientes. — Suspiró, realmente agotado de aquel comportamiento en ambos— Más allá de todo, siguen siendo clientes. Desconocidos.
— Espero que así sea. — Lo tomó del hombro, acercándolo— Él siguió con su vida, Chuuya.
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Petit Muse
FanfictionDónde Chuuya Nakahara es la inspiración de un diseñador. O dónde Osamu Dazai participa de un concurso de diseñadores y encuentra inspiración en un modelo de 1,60cm. • Historia Soukoku • Los personajes y fotos no me pertenecen, son del manga/anime b...
