El autobús ya estaba en marcha cuando me di cuenta de que algo no cuadraba. Durante toda la excursión, apenas había visto a Aiko, a pesar de que sabía perfectamente que ella también había venido. No es que me hubiera importado mucho, después de todo, la presencia de Aiko siempre parecía envolver el aire a su alrededor en una especie de tensión invisible, una que prefería evitar. Pero el hecho de que no la hubiera visto, más que durante las comidas, comenzaba a parecerme extraño.
Me acomodé en mi asiento, mirando a Mei, que aún dormía a mi lado, y luego dirigí mi vista hacia la parte delantera del autobús. Yamaguchi estaba allí, conversando con Hinata. A pesar de lo bien que la había pasado durante la excursión, esa inquietud comenzó a crecer dentro de mí.
"¿Dónde estaba Aiko?", pensé.
Finalmente, la curiosidad fue más fuerte que el sentido común. Me levanté de mi asiento, caminando entre los pasillos hasta llegar a donde estaban Yamaguchi y Hinata.
— Yamaguchi, ¿puedo preguntarte algo? — dije, tratando de sonar casual.
Yamaguchi me miró con su típica sonrisa tímida y asintió.
— Claro, Aizawa, ¿qué sucede?
Respiré hondo. No quería parecer demasiado entrometida, pero algo me decía que había más detrás de la ausencia de Aiko durante la excursión.
— Es solo que... durante todo el viaje apenas vi a Aiko. Ella estuvo en la excursión, ¿verdad?
Yamaguchi parpadeó, sorprendido por mi pregunta, y de inmediato noté cómo su expresión cambiaba, como si tratara de encontrar las palabras correctas para responder. Hinata, ajeno a la tensión, estaba demasiado ocupado viendo algo por la ventana.
— Ah, sí... Aiko estuvo aquí — respondió Yamaguchi, rascándose la nuca, un gesto que hacía cuando se ponía nervioso— Supongo que estaba ocupada con otras cosas. Ya sabes, es una persona bastante reservada...
Sabía que Yamaguchi estaba inventando una excusa. Aiko no era exactamente reservada; siempre había sido una figura imponente, de esas que no puedes ignorar ni aunque quieras. Pero decidí no presionarlo más.
— Entiendo, gracias — murmuré, dándome cuenta de que no iba a obtener más respuestas de él en ese momento.
Volví a mi asiento, intentando distraerme con la vista del paisaje que pasaba rápidamente por la ventana. Pero no podía sacudirme la sensación de que algo andaba mal. ¿Por qué Aiko se había mantenido tan apartada? Y lo más importante, ¿por qué nadie más parecía haber notado su ausencia?
El resto del viaje transcurrió en silencio. Mei se despertó justo cuando llegábamos al instituto, y el bullicio típico de los estudiantes volviendo a casa después de una excursión llenó el ambiente. Mientras nos despedíamos, vi de reojo a Tsukishima, quien parecía tan imperturbable como siempre. Y allí, junto a él, estaba Aiko. Sonreía con esa perfección que siempre me hacía sentir insignificante, como si todo lo que yo era quedara reducido a nada frente a su presencia.
Observé la manera en que Tsukishima hablaba con ella, su rostro inexpresivo como siempre, pero con un aire de... conformidad, quizás. Como si estuviera siguiendo una rutina, algo que ya conocía bien. A pesar de que había compartido momentos con él durante la excursión, la sensación de que Aiko era un obstáculo impenetrable volvió a mí con más fuerza que nunca.
— ¿Qué pasa? — preguntó Mei, notando mi distracción.
— Nada... — mentí, apartando la mirada.
Esa tarde, de camino a casa, no pude dejar de pensar en ellos. Algo no encajaba. Las pequeñas sonrisas que intercambiamos durante la excursión, las conversaciones que parecían fluir con tanta naturalidad... ¿eran solo ilusiones mías? ¿Había algo más, algo que yo no podía ver?
El día siguiente en la escuela fue como cualquier otro. Las clases transcurrieron entre charlas aburridas y apuntes desordenados, pero mi mente estaba en otra parte. Después de la última clase, mientras recogía mis cosas, vi a Yamaguchi en el pasillo. Algo dentro de mí me impulsó a volver a intentar obtener respuestas.
— Yamaguchi —lo llamé antes de que pudiera salir— ¿puedo preguntarte algo más?
Él se detuvo, girándose hacia mí con una sonrisa, aunque sus ojos revelaban que sabía lo que iba a preguntarle.
— Claro, Aizawa-san. ¿Sobre qué?
— Es sobre Aiko y Tsukishima. ¿Hay algo que no sé? — Lo dije directamente, sabiendo que quizás sonaría atrevida, pero necesitaba respuestas.
Yamaguchi vaciló un momento, su expresión suavizándose en algo que parecía compasión. Parecía querer decirme algo, pero las palabras no salían.
—Lo siento, no puedo decirte nada —murmuró finalmente, con la mirada baja—. Es algo que... que debes descubrir por ti misma.
Esa respuesta solo me dejó con más preguntas. Pero antes de que pudiera seguir interrogándolo, se marchó rápidamente, dejándome allí, en medio del pasillo vacío, con mis pensamientos.
Días después de la excursión, las cosas parecían volver a la normalidad. Tsukishima y Aiko seguían actuando como si nada hubiera cambiado, y yo intentaba mantenerme ocupada con los entrenamientos y las clases. Pero la distancia entre nosotros parecía crecer de nuevo, y cada vez me costaba más entender lo que había sucedido.
Una tarde, después de la práctica de voleibol, decidí quedarme un poco más en el gimnasio. Todos ya se habían ido, excepto Tsukishima, que estaba recogiendo sus cosas. No pude evitar acercarme a él, sintiendo la urgencia de decir algo, cualquier cosa, que pudiera romper la barrera que nuevamente se estaba formando entre nosotros.
—Tsukishima... —comencé, pero mi voz se desvaneció antes de poder continuar.
Él se giró lentamente, su mirada fija en la mía. Por un momento, pensé que iba a decir algo, pero en lugar de eso, simplemente se ajustó las gafas y volvió a guardar su equipamiento.
El silencio entre nosotros era ensordecedor.
Finalmente, se levantó, listo para marcharse, pero antes de salir por la puerta, se detuvo.
—Aizawa-san... —su voz era baja, casi imperceptible— Hay cosas que no siempre se pueden entender. No ahora.
Y con esas palabras, se fue, dejándome sola en el gimnasio vacío, con mi mente llena de preguntas y sin ninguna respuesta clara.
Esa noche, mientras me acostaba en mi cama, no pude evitar pensar en sus palabras. "No ahora". ¿Qué era lo que no podía entender? ¿Por qué todo parecía tan confuso, tan fuera de lugar? Sabía que había algo entre nosotros, algo que iba más allá de las palabras y las interacciones superficiales. Pero también sabía que, mientras Aiko estuviera allí, esa conexión que tanto anhelaba se mantendría fuera de mi alcance.
Suspiré, mirando el techo de mi habitación, preguntándome cuánto más podría soportar esta incertidumbre antes de romperme completamente.
ESTÁS LEYENDO
H e r . | Tsukishima Kei
Novela JuvenilAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
