El tiempo tiene una manera peculiar de curar y, al mismo tiempo, de abrir nuevas heridas. Los días se transformaron en semanas, las semanas en meses, y finalmente, dos años habían pasado desde aquel devastador incidente que marcó un antes y un después en la vida de Aizawa y Kei Tsukishima.
Karasuno había cambiado mucho desde aquellos días en los que sus jugadores más icónicos luchaban por llevar el nombre del cuervo lo más alto posible. Los entrenamientos seguían siendo intensos, las risas en los vestuarios aún resonaban, pero las dinámicas eran diferentes. Yachi había asumido por completo el papel de manager, guiando con delicadeza y determinación a las nuevas generaciones. A veces, los antiguos miembros del equipo regresaban, ya como universitarios, para dar consejos o simplemente animar desde las gradas.
En su último año de preparatoria, Tsukishima, Yamaguchi, Kageyama y Hinata lucharon con todo en los torneos, enfrentándose a nuevos y viejos rivales. Aunque su esfuerzo fue monumental, no lograron llegar a las nacionales como lo habían hecho en el pasado. Fue un cierre melancólico, pero lleno de orgullo. Después del último partido, los vestuarios estaban en silencio, solo rotos por los sollozos de Hinata y las palabras de aliento de Yamaguchi.
—A pesar de todo, dimos nuestro mejor esfuerzo —dijo Tsukishima, su voz baja pero firme, aunque dentro de él había un vacío que no podía ignorar.
Los días en Karasuno siguieron adelante. Las vacaciones de invierno marcaron el fin de su etapa como estudiantes de preparatoria. En pocos meses, entrarían a la universidad, cada uno tomando caminos distintos.
Tsukishima y Aiko seguían juntos, al menos en apariencia. Para todos, su relación parecía estable, casi perfecta. Aiko seguía siendo la chica extrovertida y animada que siempre encontraba maneras de involucrar a Tsukishima en actividades sociales, aunque él seguía siendo tan reservado como siempre.
Pero dentro de él, las cosas eran diferentes. No había un solo día en que no recordara a Aizawa. Aunque lo ocultaba bien, las noches eran su peor momento. El eco de las palabras de ella, su rostro lleno de lágrimas y el golpe de su mano en su rostro eran imágenes que lo perseguían constantemente.
Había elegido quedarse con Aiko porque era lo más seguro, lo más fácil. Pero incluso después de dos años, el peso de lo que había hecho lo carcomía. Y no importaba cuánto intentara fingir que estaba bien, sabía que nunca podría borrar del todo a Aizawa de su mente.
Mei y Yamaguchi, en cambio, encontraron en su relación un refugio. A medida que pasaron los años, su vínculo se hizo más fuerte. Aunque enfrentaron desafíos, siempre encontraron maneras de apoyarse mutuamente. Mei solía recordar a Aizawa en sus conversaciones con Yamaguchi, preocupándose por cómo estaba después de todo lo que había sucedido.
Yamaguchi, aunque aún mantenía su amistad con Tsukishima, no podía evitar sentir cierto rencor hacia él por cómo había tratado a Aizawa. Sin embargo, nunca lo expresó directamente, optando por concentrarse en su relación con Mei y en construir un futuro juntos.
Por su parte, Aizawa _____ había atravesado un infierno personal. Durante los meses posteriores al incidente con Tsukishima, su salud física y emocional se deterioró. Perdió peso, su piel estaba pálida, y sus ojos, que solían brillar con entusiasmo, estaban apagados. Faltaba con frecuencia a clases debido a las enfermedades que su cuerpo debilitado no podía combatir.
Sin embargo, poco a poco, con el apoyo de su familia, comenzó a levantarse. Su madre y su hermana mayor estuvieron siempre a su lado, recordándole que ella valía mucho más de lo que cualquier chico pudiera hacerle sentir. Decidió entonces que necesitaba un cambio radical en su vida, algo que la ayudara a dejar atrás a Tsukishima y todo lo que había representado.
—¿Y Tsuki? —preguntó Mei en una llamada.
—No me importa —respondió Aizawa, aunque sabía que no era del todo cierto. No podía evitar que su mente volviera a él de vez en cuando, pero ya no lo hacía con la misma intensidad de antes. Ahora, esos pensamientos eran solo un murmullo, no el grito desgarrador que habían sido.
Era el último día de clases antes de las vacaciones de primavera. El ambiente en Karasuno era melancólico pero animado. Los pasillos estaban llenos de risas y promesas de mantener el contacto, aunque todos sabían que la universidad sería un nuevo comienzo que marcaría sus vidas.
Tsukishima caminaba lentamente por los pasillos vacíos después de que las clases terminaron. Miraba de reojo el gimnasio donde tantas veces entrenó con sus compañeros. Habían pasado dos años desde que dejó de jugar de manera competitiva, y aunque a veces sentía nostalgia, no podía evitar relacionar el voleibol con Aizawa. Había dejado una huella en cada rincón de su vida. Su relación con Aiko seguía en la misma rutina. Salían, conversaban, pero había una distancia palpable entre ellos. Aiko notaba cómo Kei se sumía en sus pensamientos, pero nunca decía nada. Tal vez porque sabía que la respuesta no le gustaría.
Después de pensarlo mucho, Aizawa decidió estudiar en Tokio, en la carrera de Artes visuales y gráficas. Quería construir algo nuevo, algo que fuera completamente suyo, lejos de los recuerdos que la ataban al pasado. Los primeros meses en la universidad fueron difíciles. Estar sola en una ciudad tan grande la llenaba de incertidumbre, pero también le dio la oportunidad de redescubrirse. Se hizo de nuevos amigos y, aunque al principio evitaba hablar de su pasado, eventualmente se sintió lo suficientemente cómoda para abrirse con algunas personas.
Mei y Aizawa seguían en contacto, aunque con menos frecuencia. A veces, Aizawa le contaba cómo le iba en la universidad, mencionando proyectos, nuevos amigos e incluso algunos chicos que le habían llamado la atención, aunque siempre lo hacía de manera superficial.
Pero dos años habían pasado, pero las cicatrices seguían presentes, tanto en Aizawa como en Tsukishima. Ambos habían tomado caminos distintos, pero el pasado aún los unía de maneras que ninguno quería admitir.
Aizawa, desde donde estaba, miraba hacia adelante con determinación. Había aprendido a vivir con el dolor, pero también había encontrado razones para sonreír de nuevo. Tsukishima, en cambio, seguía atrapado en sus propios remordimientos, incapaz de encontrar una verdadera paz.
El tiempo había pasado, pero el destino, caprichoso como siempre, aún tenía más que decir.
Había encontrado su lugar en el mundo, rodeada de nuevos amigos y proyectos emocionantes. Había trabajado arduamente para sobresalir en su carrera y había logrado construir una vida llena de propósitos. Aunque aún llevaba consigo las cicatrices de su relación con Tsukishima, ya no le pesaban como antes.
Sin embargo, algo en su interior le decía que tenía que regresar a Miyagi antes de que cerrara este capítulo de su vida. Había evitado volver durante dos años, temerosa de enfrentarse a los fantasmas del pasado, pero sabía que para seguir adelante necesitaba enfrentarlos.
Aizawa llegó a la estación de tren de Miyagi al atardecer. El aire fresco le trajo una ola de recuerdos. Mientras caminaba hacia el centro del pueblo hizo varias paradas por donde solía visitar, quería reconectar con lo que había sido suyo por todos esos años de recuerdos. Fue a visitar a su familia para retomar todo lo que había faltado en esos dos años, no pensaba quedarse mucho tiempo pues necesitaba regresar a la universidad; ni siquiera había pasado a visitar a Mei, su mejor amiga, tenía miedo de afrontar de nuevo lo que tanto estaba tratando de olvidar.
De regreso en Tokio, Aizawa sintió que una carga había sido levantada de sus hombros. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que podía respirar con libertad. Había enfrentado su pasado y, aunque dolía, era mejor solo recordar lo bueno que tenía en su vida y eso era su familia.
El destino había trazado caminos diferentes para ambos, pero en sus corazones, siempre llevarían un pedazo del otro.
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H e r . | Tsukishima Kei
Fiksi RemajaAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
