El invierno había llegado como un susurro frío que envolvía todo. Las mañanas eran grises, las calles estaban cubiertas de un manto de escarcha que crujía bajo mis botas, y el aire tenía ese aroma especial de la temporada: madera quemándose en chimeneas lejanas y algo dulce, como el inicio de la Navidad.
Habían pasado semanas desde que todo se sentía... extraño. Kei y yo seguíamos hablando, pero nuestra relación había cambiado de una manera que no lograba entender. Había días en los que parecía que todo estaba bien, en los que intercambiábamos palabras que me hacían sentir cálida incluso en los días más fríos. Pero luego estaban los otros días, en los que apenas me miraba o parecía tan distante que dolía más que si simplemente no estuviera.
No sé por qué, pero prefería ese vaivén a la idea de que se alejara por completo. Así que me aferraba a los momentos buenos, aunque duraran poco, porque sabía que los malos vendrían después.
—Oye, ¿estás escuchando o no? —La voz de Mei me sacó de mis pensamientos.
Habíamos ido juntas al centro a comprar cosas para Navidad. Estábamos en una de esas tiendas decoradas con luces cálidas y villancicos que sonaban de fondo, rodeadas de adornos, guirnaldas y pequeños detalles que parecían gritar "espíritu navideño".
—Sí, sí te escuché... —mentí, mirando rápidamente lo que sostenía en sus manos. Era un pequeño adorno en forma de estrella.
—¿Entonces qué crees? ¿Este o el de copo de nieve? —insistió, sosteniendo ambos para que los viera mejor.
—El de estrella, definitivamente. El otro parece que va a romperse con solo mirarlo. —Me reí un poco, aunque mi mente estaba en otra parte.
La verdad era que apenas podía concentrarme. Mi mente volvía a Kei una y otra vez, como si estuviera atrapada en una especie de bucle del que no podía salir. A pesar de todo, todavía quería hacer algo por él, algo que pudiera recordarle que me importaba, incluso si él seguía siendo tan difícil de entender.
—Voy a buscar algo. Ahora vuelvo, ¿ok? —le dije a Mei antes de dirigirme a la sección de regalos.
No sabía exactamente qué estaba buscando, pero tenía claro que quería que fuera algo especial. Caminé entre los pasillos hasta que lo vi: un libro de tapas duras, de esos que tenían páginas gruesas y detalles en relieve. No era cualquier libro; era sobre astronomía, lleno de ilustraciones de estrellas, galaxias y planetas. Recordé cómo, cuando éramos más pequeños, Tsukishima había mencionado lo mucho que le fascinaba el cielo nocturno, aunque siempre lo decía como si no le importara tanto.
Lo sostuve en mis manos por un momento, imaginando su expresión al recibirlo. ¿Le gustaría? ¿Pensaría que era un regalo tonto? A pesar de mis dudas, lo compré.
Más tarde, Mei y yo decidimos invitar a Tsukishima y Yamaguchi a una cafetería que estaba cerca. Era un lugar pequeño y acogedor, con luces cálidas y un aroma a chocolate caliente que se mezclaba con el de los pasteles recién horneados.
Cuando llegamos, ellos ya estaban allí. Yamaguchi me saludó con una sonrisa enorme, mientras que él simplemente asintió con la cabeza, como siempre. No esperaba más de su persona, pero incluso ese gesto hizo que mi pecho se sintiera un poco más ligero.
Nos sentamos en una mesa junto a la ventana, desde donde podíamos ver las calles decoradas con luces navideñas. Mei estaba emocionada, hablando sobre todo lo que había comprado y los planes que tenía para las fiestas. Yamaguchi le seguía el ritmo, riendo y haciendo comentarios que siempre la hacían sonreír más.
Yo, por mi parte, trataba de involucrarme en la conversación, aunque mis ojos a veces se desviaban hacia Kei. Él estaba sentado frente a mí, jugando con una cucharilla mientras escuchaba a los demás hablar. De vez en cuando, nuestros ojos se encontraban, y aunque no decía nada, sentía que había algo en su mirada que decía más de lo que las palabras podían expresar.
—Oye, _____, ¿vas a pedir algo más? —preguntó Mei, sacándome de mis pensamientos.
—Ah, no... creo que estoy bien con esto. —Señalé mi taza de chocolate caliente, que aún estaba casi llena.
Pasamos un buen rato allí, riendo y hablando de cosas que parecían tontas pero que en ese momento se sentían importantes. Era una de esas tardes que parecían durar para siempre, pero que al mismo tiempo pasaban demasiado rápido.
Cuando salimos de la cafetería, la noche ya había caído. El aire estaba aún más frío, y las luces navideñas brillaban con más intensidad contra la oscuridad.
—Te acompaño a tu casa —dijo Kei de repente, rompiendo el silencio mientras los demás se despedían.
—¿De verdad? —pregunté, sorprendida.
—¿Por qué suenas tan sorprendida? —respondió, ajustándose la bufanda.
No discutí. Caminamos juntos por las calles vacías, con el sonido de nuestras pisadas resonando en el frío de la noche. No hablábamos mucho, pero no sentía que fuera necesario. A veces, su presencia era suficiente para llenar el silencio.
Cuando llegamos a mi casa, me detuve frente a la puerta, sin saber exactamente qué decir.
—Gracias por acompañarme —murmuré, mirando mis botas.
Él asintió, como siempre, pero antes de que pudiera entrar, sacó algo de su bolsillo. Era una pequeña figura de un pingüino, hecha de madera.
—¿Qué es esto? —pregunté, sorprendida.
—Lo vi en una tienda. Pensé que te gustaría —respondió, evitando mirarme a los ojos.
Lo tomé entre mis manos, sintiendo una calidez que no tenía nada que ver con el clima.
—Gracias, Kei... es perfecto.
Por un momento, pensé que iba a decir algo más, pero simplemente asintió otra vez antes de darse la vuelta para irse. Lo vi alejarse, con su figura alta y delgada perdiéndose en la oscuridad de la calle.
Entré a mi casa, sosteniendo la figura de dos gatitos abrazados con fuerza. Qué cursi. Pensé.
Podía sentir mi corazón latiendo rápido, aunque no sabía exactamente por qué. Lo único que sabía era que, a pesar de todo, había algo entre nosotros que no podía ignorar. Algo que, aunque no entendiera del todo, me hacía sentir viva.
ESTÁS LEYENDO
H e r . | Tsukishima Kei
Teen FictionAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
