El aire de la mañana estaba cargado de emoción. Las vacaciones de invierno estaban a solo unas horas de distancia, y parecía que la escuela entera había decidido celebrarlo con el mayor entusiasmo posible. La entrada estaba adornada con guirnaldas de colores, luces titilantes y copos de nieve de papel que colgaban desde el techo. Todo gritaba "festival", y por una vez, el ambiente pesado de las clases diarias había desaparecido por completo.
Entré al campus con Mei caminando a mi lado, hablando emocionada sobre las actividades que había escuchado que habrían ese día.
—Dicen que habrá un concurso de villancicos, juegos en el gimnasio y hasta puestos de comida. ¡Ah, y un concurso de disfraces! —su voz era tan entusiasta que parecía que no había dormido nada de lo emocionada que estaba.
—¿Un concurso de disfraces? —pregunté, arqueando una ceja.
—Sí, algo relacionado con temas invernales. ¿No es genial?
Me reí un poco mientras ajustaba mi bufanda. Aunque no compartía el mismo entusiasmo por los disfraces, la idea de un día relajado era algo que realmente necesitaba. Las semanas recientes habían sido... complicadas, y una parte de mí esperaba que el festival pudiera distraerme de todo, aunque fuera por un rato.
Cuando llegamos al patio principal, estaba lleno de vida. Había carpas montadas por los alumnos de cada clase, con juegos y actividades que iban desde pescar pequeños regalos en cubetas llenas de agua hasta lanzar aros para ganar premios. El aroma de dulces, galletas y chocolate caliente llenaba el aire, y el ruido de risas y música creaba una atmósfera mágica.
—¿Qué deberíamos hacer primero? —preguntó Mei, girándose hacia mí con los ojos brillando.
—¿Tal vez buscar chocolate caliente? Hace frío.
—¡Buena idea! Pero después tienes que prometer que jugaremos a lanzar aros. ¡Vi que tienen peluches como premios! —dijo, tomando mi mano y arrastrándome hacia uno de los puestos.
Después de conseguir nuestras tazas de chocolate caliente, comenzamos a explorar los demás puestos. Mientras caminábamos, vi a Yamaguchi de pie junto a una mesa de pintura facial, con un par de niños pequeños riéndose mientras él les dibujaba algo en las mejillas.
—¡Aizawa, Mei! —nos saludó, levantando la mano con una sonrisa amplia.
Nos acercamos, y Mei no perdió el tiempo en comenzar a bromear con él sobre sus habilidades artísticas.
—No está mal, Yamaguchi. Aunque creo que tu pingüino parece más un oso con problemas —dijo, señalando uno de los dibujos.
Yamaguchi se rió, rascándose la nuca. —Bueno, no todos pueden ser artistas como tú, Mei.
Mientras ellos hablaban, mi mirada vagó entre la multitud, buscando a alguien sin darme cuenta. Finalmente, lo vi. Kei estaba en uno de los puestos, ayudando a colocar adornos en un árbol navideño improvisado. Su expresión era la misma de siempre: neutral, como si no le importara nada de lo que estaba pasando a su alrededor. Pero había algo en la forma en que ajustaba las luces, asegurándose de que estuvieran perfectamente alineadas, que me hizo sonreír un poco.
—¿Quieres ir a saludarlo? —preguntó Yamaguchi de repente, sacándome de mis pensamientos.
—¿Eh? No, no es... no es necesario. —Me sonrojé ligeramente, apartando la mirada.
Yamaguchi se encogió de hombros, pero no dijo nada más.
Más tarde, mientras Mei y yo estábamos jugando a lanzar aros, sentí una presencia detrás de mí. Me giré y lo vi: Tsukishima, con las manos en los bolsillos y una expresión que, aunque seguía siendo seria, tenía algo de suavidad.
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H e r . | Tsukishima Kei
Fiksi RemajaAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
