28.

901 51 86
                                        

· · ─ · ⋆。˚ ☁︎ ˚。⋆。˚☽˚。⋆ · ─ · ·

El inicio de clases siempre trae consigo un aire de novedad y emoción, pero ese día, para mí, no había más que incertidumbre. Tsukishima seguía sin responder a mis mensajes, y mi cabeza no dejaba de girar en torno a todas las posibilidades. Quizá había estado ocupado. Quizá estaba nervioso por algo. Quizá... no quería hablar conmigo.

Entré al aula con una sonrisa forzada, saludando a Mei y Yamaguchi como siempre, pero no pude evitar mirar de reojo hacia el lugar donde Tsukishima solía sentarse. Vacío.

—¿Sabes dónde está Tsuki? —le pregunté a Yamaguchi, tratando de que mi voz no sonara tan ansiosa.

—Lo vi temprano, pero no sé dónde está ahora. Tal vez está en la biblioteca —respondió, encogiéndose de hombros.

Algo dentro de mí me decía que no era así, que él estaba evitando verme. Traté de concentrarme en las clases, pero el nudo en mi estómago no hacía más que apretarse con cada minuto que pasaba sin verlo.

Finalmente, durante el receso, decidí buscarlo. Fui a todos los lugares donde solíamos encontrarnos: la cafetería, los pasillos del tercer piso, incluso el gimnasio, pero no estaba en ninguno. Estaba a punto de rendirme cuando, al pasar por el patio trasero de la escuela, lo vi.

Estaba junto a Aiko, parcialmente oculto entre los árboles. Mi corazón dio un vuelco al verlo allí con ella. Algo en la forma en que hablaban, en cómo él parecía molesto y ella tenía una expresión seria, me hizo detenerme. No debía estar allí, pero mi curiosidad pudo más. Me acerqué, escondiéndome detrás de uno de los árboles cercanos, tratando de escuchar lo que decían.

—No puedo seguir con esto, Aiko —dijo Tsukishima, su voz baja pero firme.

—¿Por qué no? —preguntó ella, dando un paso hacia él. Su tono era desafiante, casi burlón.

—Porque no está bien. Lo que hice con Aizawa... no debí haberme acercado a ella.

Mi pecho se apretó al escuchar mi nombre. ¿De qué estaba hablando?

—¿Y ahora qué? —replicó Aiko, cruzándose de brazos —¿Vas a dejarla porque te da miedo? ¿O porque realmente te importa?

Hubo un silencio incómodo. Desde mi lugar, pude ver cómo Tsukishima apartaba la mirada, su mandíbula tensa. No respondía, y ese silencio era más doloroso que cualquier palabra que pudiera haber dicho. Entonces, ocurrió lo que jamás hubiera esperado. Aiko, con una sonrisa ladeada, se inclinó hacia él y lo besó.

Mi mundo se detuvo.

El aire pareció escaparse de mis pulmones mientras mi mente trataba de procesar lo que veía. Ella lo estaba besando, y él... él no hacía nada. No la apartaba, no decía nada. Simplemente la dejaba hacer.

Sentí cómo el calor subía por mi cuerpo, no de vergüenza, sino de ira. Antes de que pudiera pensarlo dos veces, salí de mi escondite y caminé directamente hacia ellos.

—¿Qué mierda es esto? —mi voz salió más fuerte de lo que esperaba, temblorosa pero cargada de furia.

Aiko se separó de él de inmediato, y ambos se giraron para verme. Su expresión fue de pura sorpresa, pero no dijo nada. Yo, en cambio, no podía detenerme.

—¿Qué carajos significa esto, Tsukishima? —exclamé, mi voz quebrándose —¿Todo lo que pasó entre nosotros no significó nada para ti?

Él no respondió. Su silencio solo hizo que la rabia dentro de mí creciera.

—¡Respóndeme! ¿Fue todo un maldito juego para ti?

Finalmente, Tsukishima levantó la mirada, pero lo que dijo me rompió en mil pedazos.

H e r . | Tsukishima KeiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora