Perspectiva de Tsukishima en el campamento
En este punto del recorrido, todo esto era innecesario, pero había algo tranquilizador en observar el paisaje desde la ventana del autobús. Escuchaba a Yamaguchi hablar a mi lado, como siempre, pero su voz se desvanecía detrás de la música que reproducían mis auriculares. Fingir interés no era una prioridad para mí, especialmente cuando sabía que el entusiasmo de los demás era suficiente para llenar el ambiente.
Mientras el autobús serpenteaba por el camino, no pude evitar notar una mirada fugaz en mi dirección. No era difícil adivinar de quién provenía. Aizawa. Otra vez. No sabía qué pensar de ella la mayor parte del tiempo. Era... persistente, como si siempre intentara desentrañar algo de mí que ni siquiera yo entendía del todo. Giré un poco la cabeza hacia la ventana, dejando que el reflejo ocultara cualquier expresión que pudiera traicionarme.
Cuando llegamos al campamento, me alejé del caos. Hinata y Kageyama eran una molestia constante, incluso al intentar algo tan sencillo como armar una tienda de campaña. Aún así, su ineptitud era entretenida de una manera exasperante. Sostenía las instrucciones, fingiendo que realmente las necesitaba, mientras observaba cómo el resto del equipo luchaba con las estacas y el toldo.
— ¿No vas a ayudarlos, Tsukishima? — La voz de Aizawa rompió mi concentración. No necesitaba mirarla para saber que estaba sonriendo. Siempre lo hacía cuando intentaba entablar conversación conmigo.
Levanté la vista por encima de mis gafas, dejando escapar un suspiro ligero.
— No quiero que se caiga la tienda de campaña por culpa de Hinata. Ya es bastante molesto tener que escucharlo discutir con Kageyama.
Ella rió, un sonido que resonó más de lo que esperaba. No sabía si era porque realmente encontraba gracioso mi sarcasmo o porque disfrutaba desafiándome.
— Tienes razón, pero al menos están intentando. Aunque, si dependiéramos de ellos, dormiríamos al aire libre esta noche.
Sonreí, más para mí mismo que para ella.
— Supongo que es verdad.
Era curioso cómo pequeñas interacciones como esta parecían significar tanto para ella. Por mi parte, intentaba no pensar demasiado en ello, pero había algo en su determinación, en su capacidad para acercarse a mí, que me descolocaba.
Cuando la noche cayó y todos se reunieron alrededor de la fogata, me mantuve en mi lugar habitual: apartado, pero lo suficientemente cerca para escuchar. La conversación fluía, y aunque no participaba, podía sentirme parte de algo, aunque fuera de manera indirecta. Mis ojos vagaron por el grupo, deteniéndose en Aizawa mientras hablaba con Hinata. Era imposible no notar lo cómoda que parecía en cualquier entorno.
Y luego, inesperadamente, habló conmigo.
— ¿Recuerdas cuando éramos niños? — preguntó de repente, rompiendo el silencio que hasta entonces había sido bienvenido.
La miré, confundido por su pregunta. No esperaba que trajera a colación algo tan... remoto.
— ¿Qué quieres decir? — respondí, tratando de mantener mi tono neutral.
Ella sonrió, perdida en sus propios recuerdos.
— Aquella vez que nos encontramos en el festival de verano... — comenzó, su mirada fija en el fuego. — Ambos éramos niños, y tú estabas tan molesto porque tu hermano se había llevado la última manzana caramelizada.
No pude evitar resoplar. Era típico de ella recordar algo tan trivial y convertirlo en un tema de conversación.
— No fue la última manzana caramelizada... Fue que no me dejó ganar en el juego de los globos — corregí, mi tono más suave de lo habitual.
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H e r . | Tsukishima Kei
Teen FictionAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
