Habían pasado algunos días desde la fiesta navideña, y mientras el invierno seguía envolviendo todo en un manto blanco y frío, Tsukishima me había invitado a salir. No fue nada extravagante ni planeado de forma romántica, más bien un "oye, ¿quieres acompañarme a dar una vuelta?". Así que, claro, no pude negarme.
Aunque a decir verdad, sentía una mezcla de emoción y nerviosismo. Nos conocíamos desde hace tiempo, pero algo en el aire había cambiado. Era como si todo lo que habíamos vivido hasta ese momento se estuviera transformando poco a poco en algo más complicado, más real. Pero no estaba lista para hacerle muchas preguntas a la vez, así que me dejé llevar.
Tsukishima me esperaba fuera de la casa de Mei, con su típica expresión indiferente, pero algo en su postura decía que estaba esperando algo más. O tal vez era solo mi imaginación. El aire estaba frío, y yo me envolví en mi bufanda, aún sin saber muy bien qué esperar. La calle estaba tranquila, casi vacía, con las luces navideñas parpadeando aquí y allá, pero sin la multitud de antes. Era el tipo de día que invitaba a salir, pero al mismo tiempo te hacía preguntar por qué habías decidido salir a la calle.
—¿Vamos? —preguntó Tsukishima, mirando al frente, sin mirarme directamente.
Asentí, nerviosa, pero no podía dejar de sonreír. Era raro que estuviéramos saliendo como si fuéramos una pareja normal, pero de alguna forma, lo era, ¿no? Quiero decir, ¿quién más iba a pasar el día conmigo de manera tan extraña?
Nos encaminamos hacia el centro de la ciudad, donde las tiendas comenzaban a desmontar la decoración navideña. Había algo melancólico en eso, como si la magia de las fiestas se desvaneciera en el mismo instante en que las luces se apagaban. Mientras caminábamos, me percaté de que la conversación no fluía de manera natural. Tsukishima siempre había sido reservado, pero en esos momentos, sentía como si el silencio entre nosotros tuviera un peso un poco más denso de lo habitual.
—¿Qué hacemos? —pregunté, rompiendo el silencio incómodo.
Él se encogió de hombros, como siempre hacía cuando no quería dar detalles.
—Solo caminar —respondió, mirando el paisaje nevado.
—¿Y después? —insistí.
Él me miró, frunciendo el ceño como si mi curiosidad le molestara un poco, pero al mismo tiempo, no dejó de caminar.
—Ya veremos —dijo con su voz habitual, pero de alguna manera me pareció que había un toque de suavidad en sus palabras.
Llegamos a un pequeño parque donde un par de personas patinaban en el hielo. Vi cómo Tsukishima miraba la pista, y aunque no dijo nada, su mirada se suavizó. De alguna forma, sentí que él también se sentía un poco fuera de lugar, como si no supiera muy bien qué hacer con todo esto.
—No sabes patinar, ¿verdad? —pregunté, intentando romper el hielo (literalmente).
—¿Y tú sí? —respondió con una sonrisa torcida, una que de inmediato supe que estaba disfrutando al verme un poco incómoda.
—No. Solo se caerme con gracia —reí, recordando mis fracasos previos en el hielo.
De repente, sin que lo esperara, Tsukishima caminó hacia la pista de hielo. Yo lo miré, incrédula.
—¿Qué haces? —le grité desde donde estaba parada, al borde de la pista.
Él no respondió, pero ya estaba poniéndose unos patines que alguien le había prestado. No podía dejar de reír, y me sentía un poco avergonzada por no poder seguirle el ritmo. ¿En serio iba a patinar?
Tsukishima estaba en la pista, patinando de una manera... peculiar. Parecía un robot tratando de imitar los movimientos humanos. Daba pequeños pasos, pero no parecía tener idea de cómo detenerse. A medida que avanzaba, empezó a perder el equilibrio y, en un momento, ¡se cayó! No fue una caída elegante ni nada por el estilo. Se desplomó hacia un lado, y lo peor de todo es que cayó directamente sobre un pequeño charco de agua congelada.
—¡Tsuki! —grité entre risas, corriendo hacia él, aunque no sabía si debería preocuparme o solo disfrutar del espectáculo.
Él se levantó con una expresión de molestia, pero no pude evitar reírme aún más. Estaba todo cubierto de nieve y agua, con una cara de frustración que solo él podría tener.
—Eso fue ridículo —dijo, con voz amarga, mientras se sacudía la nieve de sus pantalones.
—¿Quieres que te ayude? —pregunté entre risas, estirando una mano hacia él.
Él me miró de reojo, claramente no queriendo admitir que realmente necesitaba ayuda.
—No —gruñó, pero de todos modos aceptó mi mano, y cuando me ayudó a levantarlo, no pude evitar sonreírle.
—Eres un desastre —dije, sonriendo ampliamente.
—Tú eres peor —respondió, sonriendo ligeramente, a pesar de su actitud habitual.
Pasamos el resto de la tarde caminando por el parque, pero la escena en la pista de patinaje quedó grabada en mi mente. Tsukishima era un desastre, pero era un desastre adorable. Aunque no lo admitiera, había algo encantador en él cuando no podía esconder su frustración. Finalmente, después de más tiempo del que esperaba, nos sentamos en un banco, mirando la puesta de Sol. El cielo estaba pintado de tonos naranjas y rosas, y el aire frío me hacía abrazarme más a mi bufanda.
—¿Sabes? —dijo Tsukishima de repente, rompiendo el silencio—. Pensé que este día sería horrible, pero... no está tan mal.
Lo miré sorprendida, y por un segundo, lo vi de una manera diferente. Era como si estuviera dejando caer un poco su fachada dura, permitiéndome ver una versión más honesta de él.
—A veces las mejores cosas pasan cuando no las planeas —respondí, con una sonrisa, mirando al frente.
—Sí, supongo que tienes razón. —Se encogió de hombros, pero su tono era más relajado, casi... cariñoso.
En ese momento, sin decir más, me dio un pequeño empujón, como si intentara devolverme el momento incómodo anterior. Me reí, y me di cuenta de que, aunque nuestra relación fuera un poco extraña y torpe, era justamente eso lo que la hacía especial. No necesitábamos ser perfectos el uno para el otro; lo que importaba era que estábamos juntos, compartiendo pequeños momentos de locura y tranquilidad al mismo tiempo.
Cuando terminó la cita, Tsukishima me acompañó hasta mi casa. No hubo grandes palabras ni gestos dramáticos. Simplemente caminamos en silencio, pero el tipo de silencio cómodo que compartían las personas que se entienden sin necesidad de decir mucho.
Al llegar a la puerta, se detuvo por un momento, como si fuera a decir algo más, pero no lo hizo. Solo sonrió ligeramente, esa sonrisa suya que rara vez veía, pero que sabía que era real.
—Nos vemos —dijo, dándome un breve beso en la mejilla antes de dar media vuelta y marcharse.
Y, de alguna manera, esa despedida sencilla, sin grandes declaraciones ni gestos, me hizo sentir más cerca de él que nunca. Aunque no dijimos mucho, supe que las cosas entre nosotros iban en la dirección correcta. A veces las citas no necesitan ser perfectas, y las mejores historias empiezan con momentos como estos, torpes, divertidos y, sobre todo, reales.
₊˚ʚ 🏐 ₊˚✧゚ ⋆。‧˚ʚ♡ɞ˚‧。⋆. ₊˚ʚ 🏐 ₊˚✧゚.
¡Hola! Espero que se la hayan pasado súper bien en esta navidad, yo la verdad es que bien. Es momento de regresar al trabajo y seguir con la historia, ¿No creen? Ya casi es año nuevo y tengo preparado otro especial antes de seguir con uno de los capítulos que le dan sentido a la historia, también para mencionarles que ya estamos casi en la recta final de esta historia la cual esperé 8 años para hacerla realidad, muchas gracias por todo el apoyo que ha tenido a lo largo de estos meses. Sin más que decir, esperen por el siguiente. Les amo. ✨💞
ESTÁS LEYENDO
H e r . | Tsukishima Kei
Teen FictionAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
