Los días de vacaciones estaban contados, y mientras los últimos resquicios de las festividades se desvanecían, me encontraba en una burbuja de felicidad. El tiempo que había compartido con Tsukishima durante estas semanas se sentía como un sueño del que no quería despertar. Aunque no habíamos hablado abiertamente sobre lo que éramos, había una especie de entendimiento tácito entre nosotros. No éramos oficialmente pareja, pero nuestras acciones lo insinuaban: los pequeños gestos, las sonrisas cómplices, esos besos torpes, los roces aparentemente casuales. Todo parecía indicar que estábamos construyendo algo especial.
Sin embargo, algo había cambiado en el aire. Yo no lo notaba completamente, pero quienes observaran desde afuera probablemente sí. Tsukishima seguía siendo el mismo de siempre: reservado, serio y un poco sarcástico, pero había algo en su mirada, en la forma en que me hablaba a veces, que parecía distinto. Era como si estuviera esforzándose demasiado por mantener una fachada.
Yo, por mi parte, estaba completamente ciega a cualquier señal. Me encontraba en un estado de ensueño, disfrutando de cada segundo que podía pasar a su lado antes de que las clases volvieran a irrumpir en nuestras vidas. Pasábamos las tardes juntos, ya sea viendo películas, escuchando música o simplemente hablando. En esos momentos, todo parecía estar bien, pero había instantes, pequeños detalles, que se me escapaban: su mirada perdida cuando pensaba que no lo veía, o cómo evitaba hablar sobre el futuro.
—¿Estás bien? —le pregunté una tarde mientras estábamos en su cuarto. Él estaba apoyado contra la cabecera de su cama, leyendo un libro, y yo estaba acostada junto a él, jugando con los hilos de la sábana.
—Claro. ¿Por qué lo preguntas? —respondió sin apartar la vista de las páginas.
—No lo sé, pareces distraído últimamente.
—Es tu imaginación, Aizawa. Estoy bien.
Su respuesta fue rápida, casi automática, y aunque quise insistir, decidí no hacerlo. No quería arruinar el momento.
Esa noche, mientras regresaba a mi casa, repasé nuestras conversaciones y momentos recientes, intentando encontrar alguna pista de por qué sentía que algo estaba mal. Pero todo se sentía perfecto, ¿no? Estaba siendo paranoica, me dije.
· · ─ · ⋆。˚ ☁︎ ˚。⋆。˚☽˚。⋆ · ─ · ·
Estaba atrapado. Esa era la única forma de describir cómo me sentía. Aizawa me miraba como si yo fuera todo lo que necesitaba en su mundo, una intensidad en la cual no podía sobrellevar y eso me hacía sentir como el peor ser humano. Había prometido no llegar a este punto, mantenerme a distancia para protegerme a mí mismo y, de paso, protegerla a ella. Pero había fallado.
Todo comenzó esa noche en la cabaña, cuando nuestras barreras se derrumbaron y nos dejamos llevar por lo que sentíamos. Desde entonces, había intentado convencerme de que esto estaba bien, de que no había nada de malo en ceder a mis emociones. Pero la verdad era que me aterraba. Me aterraba lo mucho que me importaba Aizawa, lo vulnerable que me hacía sentir.
Había pasado años construyendo una coraza, un muro que mantenía a los demás a raya, pero con ella... con ella todo eso se desmoronaba. Y lo peor de todo era que no sabía si estaba listo para eso.
Aiko fue la única persona con la que pude hablar al respecto. Nos encontramos en un café esa tarde, y aunque al principio intenté evitar el tema, ella lo notó de inmediato.
—Te ves peor que de costumbre, Tsukishima. ¿Qué pasa ahora? —dijo mientras removía su té con una cucharilla.
—Nada.
—No me mientas. ¿Es por Aizawa?
Su pregunta directa me hizo fruncir el ceño, pero no respondí. Eso fue suficiente para que ella entendiera.
ESTÁS LEYENDO
H e r . | Tsukishima Kei
Подростковая литератураAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
