Flashback
Las vacaciones siempre eran mi época favorita del año. No importaba si íbamos lejos o cerca, lo mejor siempre era la compañía. Esa vez, nuestras familias habían planeado un pequeño viaje al lago. No era muy lejos de casa, pero lo suficiente para que pareciera toda una aventura.
Éramos cuatro: Tsuki, Yama, Mei y yo. Mei solo nos acompañó durante el día porque su familia no se quedaría a dormir por un tema familiar o algo así. Aunque me gustaba tenerla cerca, sabía que la verdadera diversión venía cuando solo quedábamos los tres.
El lago estaba rodeado de árboles altísimos que parecían tocar el cielo. Pasamos el día corriendo por los senderos, recogiendo piedras lisas para lanzarlas al agua y tratando de que rebotaran en la superficie. Yamaguchi era el mejor en eso; lograba que las piedras saltaran hasta cinco veces antes de hundirse.
— ¡Mira esa! ¡Cinco saltos! — gritó, alzando los brazos como si hubiera ganado una medalla.
— No es tan impresionante — respondió Tsuki, lanzando su propia piedra. Pero solo rebotó dos veces antes de caer.
— ¡Eso fue pésimo, Tsuki! — me burlé, riéndome. — Creo que hasta yo puedo hacerlo mejor.
— Me gustaría verte intentarlo — replicó, cruzando los brazos.
Tomé una piedra pequeña y lisa, tal como me había enseñado Yama, e intenté lanzarla. Para mi sorpresa, rebotó tres veces.
— ¡Tres! ¡Le gané a Tsuki! — grité, saltando de emoción.
— No cuenta si fue pura suerte — murmuró él, pero noté que intentaba esconder una pequeña sonrisa.
Después de un rato, dejamos las piedras y decidimos construir un "fuerte" con ramas y hojas secas. Mei se encargó de decorarlo con flores, mientras Yama y yo recogíamos más materiales. Tsuki, como siempre, se quejaba.
— Esto no sirve para nada. El fuerte se va a caer con el primer viento fuerte.
— Eres un aguafiestas, Tsuki — le dije, inflando las mejillas.
— Es solo la verdad.
— ¡Eres muy malo con _____, Kei! — bufó Mei pero era un tono de burla.
Pero aunque protestaba, seguía ayudando. Al final, logramos construir algo que, al menos para nosotros, parecía el castillo más impresionante del mundo.
Cuando el sol empezó a bajar, la mamá de Mei vino a buscarla. La despedimos con abrazos y promesas de que le contaríamos todo lo que pasara esa noche. Después de eso, nos llevaron a la cabaña donde pasaríamos la noche.
Era pequeña pero acogedora, con dos habitaciones y un sofá cama en la sala. Los adultos tomaron una habitación, y a nosotros nos dejaron la otra. Pero había un problema: solo había una cama.
— _____ es la única niña, así que debe dormir en la cama — decidió mi mamá, y aunque intenté protestar, en el fondo estaba aliviada. La idea de dormir en el suelo no me hacía mucha gracia.
Yamaguchi no parecía molesto; siempre decía que podía dormir en cualquier lugar. Tsuki, por otro lado, frunció el ceño pero no dijo nada, aunque pude notar que no le gustaba la idea.
Pasamos un rato jugando cartas en el suelo hasta que los adultos nos dijeron que ya era hora de dormir. Yama se tumbó en un colchón improvisado con cobijas, y Tsuki hizo lo mismo un poco más lejos. Yo me metí en la cama, pero tan pronto como apagaron las luces, sentí ese conocido nudo de inquietud en el estómago.
No me gustaba la oscuridad. Había algo en ella que hacía que mi imaginación se disparara, llenando la habitación de sombras y figuras que no existían. Pero no quería admitirlo, así que me tapé hasta la cabeza con las cobijas e intenté cerrar los ojos.
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H e r . | Tsukishima Kei
Teen FictionAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
