El Sol apenas asomaba entre las montañas cuando abrí los ojos. La tienda de campaña estaba en silencio, con Mei y las demás chicas todavía profundamente dormidas. Afuera, podía oír el suave canto de los pájaros y el sonido lejano de las ramas agitándose al viento. El último día de la excursión había comenzado, y un sentimiento de nostalgia ya empezaba a invadirme.
Me levanté con cuidado, tratando de no despertar a nadie. Sabía que hoy sería un día lleno de actividades, pero también era el último día en que podría compartir estos momentos con todos. Me vestí rápidamente y salí de la tienda, respirando el aire fresco de la mañana.
El campamento estaba empezando a despertar lentamente. Al caminar hacia el comedor improvisado donde servían el desayuno, noté a varios grupos de estudiantes estirándose y preparándose para lo que sería un día lleno de actividades. No tardé en encontrarme con Hinata y Kageyama, quienes ya estaban discutiendo sobre quién había jugado mejor el día anterior. Sus voces resonaban en el aire, y no pude evitar sonreír ante su competitividad.
— ¡Aizawaaaa-san! —gritó Hinata al verme— ¡Vamos a tener una revancha hoy! No puedes perderte nuestro último partido.
—Si Kageyama no la echa a perder otra vez —añadió Yamaguchi, lanzando una sonrisa cómplice.
Kageyama, como de costumbre, bufó molesto, pero no hizo ningún esfuerzo por ocultar su orgullo.
— A ver si puedes mantenerte al nivel, Hinata —respondí con una sonrisa, intentando ocultar la emoción que me generaba el hecho de estar rodeada de ellos.
El desayuno transcurrió de manera relajada. Entre las risas y las bromas de mis compañeros, la atmósfera era ligera y despreocupada. Todos parecían conscientes de que este era el último día, y nadie quería que el tiempo se les escapara.
Después del desayuno, se organizó una pequeña caminata hacia el bosque cercano. El sendero, cubierto de hojas caídas, crujía bajo nuestros pies mientras avanzábamos en grupo. Los árboles se alzaban altos a nuestro alrededor, creando una especie de cúpula natural que permitía solo pequeñas pinceladas de luz atravesar sus ramas.
Mei caminaba a mi lado, hablando emocionada sobre lo mucho que le había gustado la excursión y las amistades que había fortalecido en esos días. La escuchaba con atención, aunque mis pensamientos divagaban de vez en cuando hacia la presencia distante de Tsukishima. Lo había visto desde lejos durante el desayuno, hablando con Yamaguchi como siempre, pero por alguna razón, parecía más callado de lo habitual.
Mientras avanzábamos por el sendero, el grupo comenzó a dispersarse un poco, cada uno tomando su propio ritmo. Fue en ese momento cuando, sin darme cuenta, quedé caminando al lado de Tsukishima. El silencio entre nosotros no era incómodo, pero tampoco sabía muy bien cómo romperlo.
— Este lugar... es más bonito de lo que pensé —dijo de repente, con su mirada fija en los árboles.
— Sí, lo es —respondí, sorprendida de que él hubiera comenzado la conversación.
El sonido de las hojas bajo nuestros pies fue lo único que se escuchó durante un rato más, hasta que Tsukishima volvió a hablar.
— Cuando éramos niños... —comenzó, su voz más suave—. Solíamos ir a un lugar como este, ¿recuerdas? Nuestras familias siempre organizaban esas caminatas interminables.
Me reí suavemente, recordando las veces en que nuestras familias se reunían y nos obligaban a caminar por senderos similares.
— Recuerdo que siempre te quejabas de lo aburrido que era —le dije, girándome hacia él con una sonrisa— Y Yamaguchi siempre trataba de hacer que te animaras, pero tú lo ignorabas.
— No era tan aburrido... —dijo, aunque su tono sarcástico delataba lo contrario.
Compartimos una pequeña risa, y en ese momento, algo en el ambiente se sintió más ligero. Era como si los recuerdos compartidos nos hubieran acercado de alguna manera. Aunque Tsukishima seguía siendo tan reservado como siempre, pude sentir una conexión diferente, algo más allá de la simple convivencia.
Mientras seguíamos caminando, no pude evitar pensar en lo que había ocurrido la noche anterior. ¿De verdad había sido Tsukishima quien me había llevado de vuelta a la tienda? ¿Había sido real ese beso en la frente, o mi mente lo había imaginado todo? Tenía tantas preguntas, pero no sabía cómo abordarlas sin sonar desesperada.
— ¿Estás bien? —preguntó Tsukishima de repente, sacándome de mis pensamientos.
— ¿Eh? Sí, estoy bien. Solo... pensando en todo lo que ha pasado durante esta excursión.
Él asintió, aunque no parecía completamente convencido. Antes de que pudiera decir algo más, el guía del grupo anunció que habíamos llegado al final del sendero. Frente a nosotros, un claro se abrió, revelando una cascada pequeña pero impresionante que caía en un arroyo cristalino. Los demás estudiantes comenzaron a dispersarse por el área, algunos tomando fotos, otros sentándose cerca del agua para descansar.
Me acerqué al borde del arroyo, dejando que mis pensamientos se calmaran por un momento mientras el agua corría suavemente frente a mí. Tsukishima se quedó a una distancia prudente, observando en silencio como siempre.
— A veces desearía poder entenderte mejor —murmuré para mí misma, aunque sabía que él no me había oído.
El resto del día transcurrió con la misma sensación agridulce. Después de la caminata, nos dirigimos de vuelta al campamento para comenzar a recoger nuestras cosas. Las tiendas de campaña comenzaron a desarmarse, y las mochilas se llenaron rápidamente. Mei, siempre tan organizada, ya tenía todo listo cuando volví a la tienda.
— Este viaje ha sido increíble, ¿no crees? —dijo con una sonrisa mientras ajustaba su mochila.
Asentí, aunque mis pensamientos estaban en otro lugar. No podía dejar de pensar en la conversación con Tsukishima, en lo fácil que había sido hablar con él esa mañana. Quizás, solo quizás, había una pequeña esperanza de que las cosas entre nosotros cambiaran.
Pero cuando levanté la vista, lo vi nuevamente hablando con Yamaguchi, su expresión ya más reservada, como si la cercanía que habíamos compartido en el bosque hubiera sido solo temporal.
Finalmente, cuando el sol comenzaba a descender en el horizonte, era hora de regresar a casa. Los autobuses nos esperaban al borde del campamento, listos para llevarnos de vuelta a nuestra rutina habitual. Mientras subía al autobús, no pude evitar una última mirada hacia el campamento, sintiendo que algo importante había quedado atrás.
Me senté junto a Mei, quien no tardó en quedarse dormida, agotada por todas las actividades del día. Afuera, el paisaje comenzaba a oscurecerse, y mis pensamientos volvieron a girar alrededor de Tsukishima. Había algo en él, algo que me atraía más allá de su actitud distante.
El autobús comenzó a moverse, y mientras nos alejábamos del campamento, me di cuenta de que, a pesar de todo, este viaje había sido solo el comienzo de algo más grande. Una historia que, aunque no sabía cómo terminaría, estaba destinada a ser escrita sin un final que podría ser cambiado en cualquier momento y a veces me aterraba esa parte...
¿Podré ser feliz con él?
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H e r . | Tsukishima Kei
Fiksi RemajaAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
