La idea había surgido de Yamaguchi, como casi todas las cosas que lograban persuadir a Tsukishima. "Una fiesta navideña entre nosotros cuatro. Será divertida, lo prometo", había insistido con una mezcla de entusiasmo y timidez. Mei y yo, por supuesto, nos habíamos unido de inmediato al plan, dejando a Kei sin muchas opciones para negarse.
Cuando los padres escucharon nuestra propuesta, parecieron aún más emocionados que nosotros. "Pueden usar la cabaña en el terreno de atrás", sugirió la mamá de Mei. Era una pequeña construcción acogedora, perfecta para pasar la noche. Además, ellos estarían en la casa principal conviviendo, dejando que tuviéramos algo de independencia. Desde temprano esa mañana, nos reunimos para preparar todo. Cuando llegamos a la cabaña, estaba cubierta de polvo y algo desordenada, pero todos nos pusimos manos a la obra para arreglarla.
—Esto parece un almacén abandonado —comentó Tsukishima, mirando alrededor con desdén.
—Por eso estamos aquí, para convertirlo en un lugar bonito —respondí, levantando una caja con adornos.
—¿"Bonito"? —repitió con sarcasmo, aunque tomó un trapo y comenzó a limpiar una mesa sin que nadie se lo pidiera.
Mei y Yamaguchi se encargaron de barrer y colocar las luces navideñas, mientras Tsukishima y yo desempolvábamos los muebles y organizábamos los adornos que habíamos traído. En un momento, mientras intentaba colocar una estrella en lo alto de un estante, perdí el equilibrio. Kei, que estaba cerca, reaccionó rápido y me sostuvo del brazo antes de que cayera.
—¿Siempre eres así de torpe o es algo especial para hoy? —me preguntó, con una ligera sonrisa.
—Quizá lo hago para llamar tu atención —respondí, con un tono juguetón.
Por un momento, me pareció ver cómo su sonrisa se ensanchaba, pero no dijo nada más y siguió limpiando.
Después de varias horas, la cabaña ya lucía transformada. Las luces parpadeaban suavemente, el árbol estaba decorado con esferas y guirnaldas, y una mesa sencilla pero bonita estaba lista en el centro del lugar. Nos dividimos las tareas para cocinar. Mei y yo nos encargamos de preparar los postres, mientras que Kei y Yamaguchi hicieron lo posible por seguir una receta sencilla para un guisado.
—No puedo creer que estés cocinando, Tsukki —bromeó Yamaguchi mientras removía la olla.
—No lo estoy haciendo porque quiero, sino porque no confío en ti para no arruinarlo —respondió, aunque su tono era más ligero de lo habitual.
Desde mi puesto en la cocina, los observé. Había algo diferente en Tsukishima ese día, algo menos rígido. Quizás era el ambiente festivo o la compañía, pero parecía estar disfrutando, aunque lo disimulaba detrás de su actitud usual.
Cuando terminamos de cocinar, colocamos todo en la mesa: galletas de jengibre, pastelillos, guisado, y una jarra de chocolate caliente.
—Esto se ve increíble —dijo Mei, emocionada.
—A ver si también sabe increíble —añadió Tsukishima, probando una de las galletas.
Después de la cena, nos sentamos en el suelo alrededor del árbol para hacer el intercambio de regalos. Mei había traído una caja decorada donde todos habíamos colocado los nombres en papelitos para sortear.
—¡Primero yo! —exclamó Mei, sacando un papelito y abriendo su regalo. Era un collar con un pequeño colgante en forma de copo de nieve.
—¡Gracias, Yamaguchi! —dijo, dándole un abrazo entusiasta.
Poco a poco, todos fuimos abriendo nuestros regalos. Cuando llegó mi turno, saqué un paquete cuidadosamente envuelto. Era un conjunto de bufanda y guantes tejidos que Yamaguchi me había regalado.
ESTÁS LEYENDO
H e r . | Tsukishima Kei
Ficțiune adolescențiAizawa _____ siempre ha sentido algo especial por Tsukishima, el chico distante y reservado que parece inalcanzable. A pesar de esos pequeños momentos que han compartido a lo largo de los años, sus sentimientos siempre se han mantenido ocultos, atra...
