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Aizawa nunca imaginó que su vida universitaria sería tan caótica, pero también tan llena de momentos inolvidables. Desde que comenzó a estudiar Artes Visuales, se encontró en un mundo completamente diferente al que conocía en la secundaria. Había algo liberador en experimentar con colores, texturas y formas. También estaban sus compañeros, un grupo peculiar de creativos que lograban convertir cualquier situación en una comedia.

Una de sus primeras anécdotas ocurrió durante su clase de escultura. El profesor había pedido que todos trajeran un modelo de arcilla para practicar proporciones humanas. Aizawa, sin pensarlo mucho, eligió modelar un busto de su compañera de cuarto, Akari, quien, además de ser extremadamente extrovertida, tenía una risa contagiosa.

El problema fue que, en el momento de presentar su trabajo, Akari irrumpió en la clase y comenzó a señalar los errores en el busto, mientras todos reían a carcajadas.

—¡¿Por qué me hiciste con la nariz torcida?! —gritó Akari, fingiendo indignación.

—¡No está torcida! Es artística... —protestó Aizawa, completamente roja por la vergüenza.

Ese día, el busto de Akari terminó decorado con bigotes pintados con marcador, cortesía de los demás alumnos.

Otra vez, durante un proyecto fotográfico, uno de sus compañeros, Riku, insistió en que necesitaban una foto "artística" de todos colgados boca abajo de un árbol para representar "el caos del alma humana". El resultado fue que todos terminaron en el suelo cuando una rama se rompió, y el único caos que capturaron fue el de sus risas desenfrenadas.

A pesar de las locuras, Aizawa comenzó a destacar en su carrera. Sus profesores la elogiaban por su capacidad de transmitir emociones en sus obras, y sus compañeros la admiraban por su dedicación. Sin embargo, había días en los que la nostalgia la invadía, especialmente cuando miraba el cielo nocturno y pensaba en Miyagi, en Mei, Yamaguchi... y, aunque no quería admitirlo, en Tsukishima.

Un día, mientras terminaba una ilustración para una exposición, su teléfono vibró. Era un mensaje de Tsukishima, algo que no esperaba recibir. Durante el último año, él había comenzado a escribirle de vez en cuando, al principio para disculparse y luego, poco a poco, retomaron una comunicación casual.

El primer mensaje que recibió de él había sido simple, directo:

"Lamento todo lo que pasó. No espero que me perdones, pero quería que lo supieras."

Aizawa tardó días en responder, pero cuando lo hizo, la conversación fluyó de manera sorprendentemente natural. Era como si los años de distancia y dolor hubieran disipado la tensión, dejando solo los buenos recuerdos.

A medida que pasaban los meses, sus mensajes se hicieron más frecuentes. Tsukishima le contaba sobre sus días en Miyagi, sobre los partidos amistosos que aún jugaba con Hinata y Yamaguchi, y sobre cómo la vida era aburrida sin ella.

Una noche, después de un largo intercambio de mensajes, él escribió algo que hizo que el corazón de Aizawa se acelerara.

"Te extraño, Aizawa."

No sabía cómo responder. Por un lado, había pasado tanto tiempo tratando de superar lo que sentía por él. Por otro, las palabras de Tsukishima la llenaron de una calidez que no había sentido en mucho tiempo.

Un año después de ese primer mensaje, Aizawa sentía que algo había cambiado. Tsukishima ya no era el chico frío y distante que recordaba. Incluso en sus mensajes, se notaba que había madurado. Su sarcasmo seguía presente, pero ahora estaba acompañado de una sinceridad que antes nunca había mostrado. En todo ese año hacían videollamadas para mostrar lo que hacía el uno al otro con sus trabajos, se podía sentir que había más confianza en una relación tan rara.

H e r . | Tsukishima KeiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora