Residencia de la familia Hefesto, Oficina personal de Hefesto.
"No puedo creer que realmente acepté su petición... soy realmente estúpida," murmuró Hefesto, enterrando la cabeza en el escritorio con un aire deprimido. Desde la reunión con la familia Loki dos días atrás, no había podido librarse de una sensación de arrepentimiento que la carcomía.
"¡Todo es culpa de la sonrisa de ese idiota!" protestó, frunciendo el ceño, mientras su rostro se llenaba de resentimiento al recordar esa sonrisa confiada de su hijo. Con una mueca de frustración, se dejó caer aún más sobre el escritorio. Sabía que se había dejado llevar, pero eso no hacía que el remordimiento fuera más fácil de soportar.
Había jurado mantenerse al margen de los peligros directos de los aventureros, centrada únicamente en forjar las armas y herramientas que los apoyaban desde la retaguardia. Pero ahí estaba, accediendo a enviar a sus dos personas más importantes al campo de batalla. La idea de Pyrion y Tsubaki enfrentándose a una amenaza tan temible como Alfia y Zald era como una piedra en su pecho.
"Ughh, ¿qué se supone que haga ahora? Cuando llegue el momento, mi pequeño Pyr tendrá que enfrentarse a esas dos terribles catástrofes," murmuró, deprimida, enterrando su rostro aún más en el escritorio. Por primera vez en mucho tiempo, Hefesto sintió una extraña mezcla de frustración y angustia; incluso experimentó la tentación de dejarse llevar por el llanto, algo que no le sucedía desde hacía mucho.
"Si le llegara a pasar algo... yo..." Hefesto no terminó la frase, pues solo el pensamiento de que algo le ocurriera a alguno de ellos hacía que su pecho se sintiera terriblemente pesado. Sus palabras se ahogaron en el aire, mientras el temor la invadía de una forma que pocas veces había experimentado.
Por un instante, recordó a Pyrion desde niño, su determinación para aprender, esa chispa en sus ojos al hablar de sus sueños, el compromiso absoluto que ponía en cada arma que forjaba junto a ella.
Él había sido tan fuerte desde siempre, pero... para Hefesto, aún era su "pequeño Pyr", y la idea de que enfrentara a esos monstruos la hacía dudar de todas las decisiones que había tomado hasta ahora.
Con un suspiro largo y pesado, Hefesto se obligó a calmarse y retomar la compostura. "Soy su diosa... él cree en mí, y no puedo permitirme caer en este tipo de dudas." Aunque el peso de la preocupación aún oprimía su pecho, se incorporó lentamente, decidida. Sabía que Pyrion y Tsubaki eran fuertes, capaces, y que no caerían fácilmente.
"Por ahora, solo puedo ayudarlos a mi manera," murmuró, levantando su rostro del escritorio. Su mirada se dirigió hacia la puerta al otro lado de la habitación, donde residía su taller personal. Sabía que si había alguna forma de respaldar a Pyrion y a Tsubaki, era haciendo lo que mejor sabía hacer: forjar.
"Tal vez no pueda estar con ustedes personalmente," murmuró con voz decidida, "pero al menos les construiré la mejor arma que pueda."
Con una renovada determinación, Hefesto se levantó sin dudar y caminó hacia su taller, cada paso más firme que el anterior. Estaba lista para crear un arma que llevaría la fuerza de su propia convicción, una herramienta que, aunque no podía acompañarlos en cuerpo, sería su forma de protegerlos desde lejos.
...
Por otro lado, Pyrion, ajeno a los conflictos internos que había provocado en su diosa, se encontraba en la tienda principal de la familia Hefesto, disfrutando el momento.
"¡Tus trabajos son increíbles como siempre, Asfi-san! Este chaleco es extraordinario," dijo Pyrion, esbozando una gran sonrisa mientras elogiaba sin reservas a la hermosa joven de cabello azul y lentes.
ESTÁS LEYENDO
Fragua y Acero
Fanfiction"Después de morir en su mundo anterior, Pyrion renace en el fascinante mundo de Danmachi con una nueva identidad y una segunda oportunidad. Ahora como un talentoso herrero y orgulloso miembro de la familia Hephaistos, Pyrion se embarca en una aventu...
